El origen de la escritura

La escritura surgió de la necesidad que experimentaron las primeras sociedades por contabilizar y administrar sus propiedades.

Como animal social que es, el ser humano necesita comunicarse con sus semejantes. La escritura es necesaria para expresar gráficamente ideas completas en íntima relación con el sonido de la lengua hablada. Salvando las distancias, el arte rupestre podría considerarse un antecedente de los sistemas de escritura, ya que su función no era la de deleitar ni agradar sino dejar constancia del mundo, las costumbres y los conocimientos que los primitivos seres humanos de la época tenían a través de representaciones gráficas literales.

Con el tiempo, el ser humano fue confeccionando diferentes formas de representar las palabras –tanto la idea como su pronunciación– y comenzó con los pictogramas, imágenes de las cosas tal y como son, dibujando al astro solar para decir “Sol” o “calor”. Se trata de una escritura icónica en la que la imagen es equivalente a lo representado y a las ideas afines (casi como un campo semántico), con las dificultades añadidas para poder distinguir unas de otras. Sus ejemplos más antiguos se conocieron en el IV milenio antes de nuestra era, en Mesopotamia y Egipto, y en el milenio siguiente en China o en el Valle del Indo.

Los pictogramas e ideogramas tienen muchas limitaciones, entre otras su imposibilidad de representar ideas abstractas si no es a través de signos esquemáticos previamente asociados a un valor fonético. Por ejemplo, el dibujo del Sol en Egipto servía para representar a la estrella de nuestro sistema planetario, pero también al dios Ra y para escribir la primera parte del nombre del faraón Ramsés. Otras ideas o conceptos son más difíciles de identificar, ya que a veces se empleaban los mismos signos para varias ideas si estas se pronunciaban igual.

Comenzó así la evolución hacia formas de escritura donde se buscaba la identificación de un sonido con un signo concreto. De esta forma surgen los sistemas silábicos en los que cada palabra se descomponía en sílabas y cada una de ellas estaba claramente marcada por su signo correspondiente. Es el caso, por ejemplo, de las escrituras del mundo mesopotámico (el sumerio del II milenio, representado con los signos cuneiformes), la cultura minoica (el llamado “lineal A” de Creta, del 2000 al 1500 a.C.), del mundo micénico (el “lineal B”, una forma primitiva del griego antiguo propio del Bronce Final en el Egeo, alrededor del 1600 al 1100 a.C.) o el silabario chipriota de los primeros siglos de la Edad de Hierro en el Mediterráneo oriental.

 

El reino del alfabeto

De forma paralela, por estas fechas (hacia el 1500 a.C.) los habitantes de Canaán habían ideado el sistema perfecto para representar gráficamente el lenguaje: es el denominado “alfabeto”, que sigue siendo el sistema que aún hoy en día seguimos empleando en la mayor parte de las escrituras del mundo moderno compartiendo espacio con otras, como la pictográfica de China o Japón, por citar las más conocidas. En la actualidad, algunos de los alfabetos más utilizados en el mundo son el alfabeto latino, el cirílico (propio de las lenguas eslavas), el chino y el árabe.

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