¿Cómo llegaron los humanos a Australia?

Los primeros humanos llegaron al continente australiano, entonces unido a Tasmania y Nueva Guinea, hace unos 65 000 años. ¿Cómo pudieron aquellas gentes de la Edad de Piedra navegar desde el sudeste asiático hasta allí? Su viaje es uno de los grandes enigmas de la paleoantropología, y según los últimos hallazgos no fue fruto del azar.

Alguna playa rodeada de manglares del sudeste de Asia debió de ser hace 65 000 años el punto de partida de un viaje épico. Allí, un grupo de humanos se embarcaron en una balsa de bambú con la esperanza de llegar más allá del horizonte. Finalmente arribaron a las costas de Sahul, un continente hoy desaparecido que incluía Australia, Nueva Guinea, Tasmania y una buena porción de tierras que hoy forman parte del lecho marino. Fue la última etapa de la dispersión conocida como Fuera de África que sirvió para poblar Eurasia. Pero no fue un paso más, ni otro simple hito en el camino. Sahul estaba lejos, al otro lado del océano.

Para llegar hasta allí hacía falta viajar durante muchos días a través de una cadena de islas separadas por largos tramos de mar abierto y profundo, en los que muchas veces no se divisaba tierra. Cómo pudieron aquellas gentes llevar a cabo semejante periplo sigue siendo un misterio. Navegar por las aguas circundantes a las islas era peligroso y se ha dado por hecho que los Homo primitivos no disponían ni de las herramientas ni de los conocimientos marítimos necesarios. «Era como mandar una nave espacial a la Luna. No hay nada comparable en la evolución humana de la época», afirma Michael Westaway, de la Universidad de Queensland (Australia). Hasta hace poco, los expertos pensaban que la travesía fue casual y azarosa, pero hoy creen más bien que había sido planeada y que tal vez participaron en ella miles de individuos con varias embarcaciones y suficientes conocimientos de navegación. Si fuera posible conocer la ruta exacta que siguieron, los arqueólogos dispondrían de pistas para buscar restos que explicaran cómo se llevó a cabo. Se podría resolver uno de los rompecabezas de la paleoantropología sobre la conquista del mundo por los seres humanos.

Aborígenes en Australia
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¿Naúfragos a la deriva?

En la época en que se colonizó Sahul, la geografía del sudeste asiático y Australasia era bastante diferente a la de nuestros tiempos. El planeta pasaba por una edad de hielo y había enormes cantidades de agua atrapadas en glaciares y casquetes helados, por lo cual el nivel del mar estaba unos 85 metros por debajo del actual. Lo que hoy es el fondo del golfo de Carpentaria, al norte de Australia, era tierra firme. Los bancos marinos de Sahul hoy sumergidos en el mar de Timor, al oeste de Australia Occidental, eran parte de la línea costera. Lógicamente, las distancias también han cambiado. En la actualidad, el trayecto más corto desde el punto más meridional de Asia hasta Australia es de 463 kilómetros, mientras que en el pasado quizá no pasara de 90 ó 100 km. Pero incluso así el viaje era considerablemente largo para unas gentes cuyo equipamiento era muy básico.

Hace 60 000 años es el momento aproximado en que nuestros ancestros empezaron a convertirse en humanos modernos desde el punto de vista del comportamiento. Por entonces empezaron a adquirir el lenguaje, el pensamiento abstracto y simbólico y a desarrollar la creatividad. Pero en cuanto a tecnología y socialización estaban aún sumidos en plena Edad de Piedra. Eran cazadores-recolectores nómadas con herramientas de sílex pero sin cerámica, metales, agricultura, hachas, ruedas o animales domésticos.

Todo esto ha llevado a pensar hasta hace bien poco que la travesía por mar entre Asia y Sahul suponía un enorme obstáculo para los pueblos de entonces. No cabía imaginar que fueran capaces de plantearse una migración intencionada y planificada. Se suponía que habrían llegado arrastrados por las corrientes después de haber sido arrojados al mar por un tsunami o una inundación, quizá aferrados a troncos, a plantas flotantes o a una balsa de pumita o piedra pómez. Esta forma de colonización accidental a veces ha servido para explicar el hecho de que algunos reptiles y mamíferos terrestres aparezcan y estén presentes en islas tropicales distantes y podría ser válida también para la llegada de seres humanos a Sahul. Los patrones prevalentes de las corrientes oceánicas favorecen esta idea. Lo más normal es que los náufragos a la deriva acabaran en las costas de Sahul, un continente demasiado extenso como para no toparse con él, según la arqueóloga Jane Balme, de la Universidad de Australia Occidental en Perth.

Sin embargo, este escenario cada vez parece menos probable, por varias razones. La primera es que los humanos arcaicos, sobre todo los Homo erectus, estuvieron presentes en el sudeste asiático desde un millón de años antes de que apareciera gente en Sahul, pero no hay ninguna prueba de que alcanzaran este continente en todo ese tiempo; y lo mismo puede decirse de los grandes mamíferos de la región. La segunda plantea un obstáculo demográfico: aun suponiendo que algunos hombres primitivos fueran arrastrados por el mar accidentalmente hasta Sahul, es muy improbable que llegaran en número suficiente como para fundar una colonia que pudiera prosperar.

Colonización intencionada

Por otra parte, hay que admitir que la teoría de la colonización intencionada tampoco parece plausible. «Hasta ahora nadie ha podido explicarla», dice Michael Bird, de la Universidad James Cook de Cairns (Australia). Uno de los problemas a los que se enfrentan los expertos para desentrañar la llegada del ser humano a Sahul es la cronología, que es demasiado difusa. Los registros arqueológicos son muy escasos, quizás porque las zonas costeras en las que se instalaron los primeros colonos están ahora sumergidas, según Bird. El sitio más antiguo conocido es un refugio rocoso llamado Madjedbebe, en el Territorio del Norte, datado por los arqueólogos en los años setenta en unos 50 000 años de antigüedad. Excavaciones más recientes han retrasado esa fecha a 65 000 años, con una posible variación de cinco milenios hacia adelante o hacia atrás, pero esta hipótesis no es aceptada por todos. La cronología más antigua universalmente admitida de presencia humana en Australia es 47 000 años.

No obstante, la posibilidad de que los seres humanos pudieran ya estar en Sahul hace unos 70 000 años cada vez cobra más fuerza. Un asentamiento recientemente descubierto en la isla indonesia de Sumatra, posible lugar de paso y parada en el camino a Sahul, tiene más o menos esa edad. Además, un estudio publicado en Nature en 2016 que analizó el ADN de los aborígenes australianos apunta en esa dirección. Por otra parte, el viaje sería más fácil, ya que hace 70 000 años el nivel del mar estaba unos 10 metros más bajo que hace 50 000, por lo que las distancias a cubrir serían más cortas. Ese factor no contaría mucho en las escarpadas costas de Wallacea —la región que abarca Indonesia y Timor Oriental, compuesta por varios archipiélagos y los fondos marinos que los rodean—, pero el poco profundo litoral de Sahul sin duda debió de estar más cerca del punto más oriental de las islas del sudeste de Asia. Este no es un argumento definitivo para probar que se tratara de una migración organizada, pero existen dos nuevas líneas de estudio que apoyan la idea.

La primera se basa en la ruta que pudieron seguir los colonizadores. Según los arqueó­logos, hay dos vías factibles: una más al norte, que parte de las Célebes y va de isla en isla hasta atracar en Sahul por la punta occidental de Nueva Guinea; y otra más meridional, desde la isla indonesia de Java, que entonces sería parte del continente asiático, para atravesar las islas menores de la Sonda hasta Timor, donde enfilaría al sur hasta la costa de Sahul o seguiría hacia el este hasta el borde de la llanura de Carpentaria, hoy sumergido en el golfo del mismo nombre.

Pero según Bird, incluso haciendo el viaje en los momentos en que el nivel de las aguas estuvo más bajo, por cualquiera de los dos trayectos habría sido necesario navegar al menos un tramo de casi 100 km de mar abierto y varios tramos más de entre 20 km y 30 km. Eso situaba el destino final mucho más allá del horizonte. Sin saber nada acerca de la curvatura de la Tierra, ¿cómo podrían haber siquiera imaginado que Sahul existía o que estaba donde estaba? Cabe que hubieran avistado tierras distantes desde la cima de alguna montaña o deducido su existencia por la presencia de nubes, humo, aves migratorias o el resplandor de incendios. Pero incluso así, tendrían que haber recorrido un largo trecho adentrándose en lo desconocido.

La elección de la ruta

Las dos opciones tenían sus pros y contras. Viajar por el norte resultaba más corto en total, había menos tramos de travesía marítima y se podía encontrar abundante bambú de tronco grueso, el ideal para construir balsas. Como contrapartida, en las islas por las que se pasaba había selvas muy densas, lo que hacía más difícil moverse y escalar hasta los puntos de avistamiento, y las corrientes predominantes de dirección norte-sur habrían complicado la navegación para mantener el rumbo correcto. Por su parte, los trayectos marítimos de la ruta del sur eran en general más cortos, aunque los trechos finales superaban en longitud a los del norte. En las islas a recorrer predominaban los ecosistemas de sabana, lo cual resultaba mejor a la hora de desplazarse y buscar puntos de orientación, pero peor para encontrar material para hacer las embarcaciones. Los marineros tendrían que haber fabricado las balsas con otra madera que no fueran troncos de bambú o haber viajado cargados con ellos, lo cual parece improbable en ambos casos.

La elección de la ruta más adecuada debió de basarse tal vez en el conocimiento y la comprensión de los patrones de las corrientes oceánicas y del clima de la época. Bird y su equipo llevaron a cabo en 2019 un estudio con modelos de computación sobre el destino de náufragos virtuales que «lanzaron al mar» por diecisiete travesías de las que eran posibles hace 65 000 años y los sometieron a las corrientes y vientos que podían operar entonces para ver qué ocurría. Así confirmaron que la posibilidad de que la ocupación de Sahul hubiera ocurrido por azar o accidente era muy pequeña, salvo que grandes contingentes de individuos adultos hubieran sido arrastrados por el mar con una frecuencia altamente improbable. También descubrieron que el uso de remos para impulsar las balsas y algo de planificación para hacerse a la mar cuando las condiciones meteorológicas eran mejores y las corrientes más favorables habrían aumentado drásticamente las posibilidades de éxito.

Bird también analizó las posibilidades de orientación por uno y otro lado y, contra lo que sugerían anteriores estudios, descubrió varias trayectorias que permitían navegar desde el sudeste de Asia hasta Sahul sin que se dejara de ver tierra firme en ningún momento. Todas están en la ruta del norte. Siguiendo esos rumbos, los marineros habrían tenido una visión ininterrumpida de las altas montañas de Nueva Guinea durante toda la travesía. Por el contrario, si hubieran ido por el sur, en los tramos finales habrían perdido de vista la tierra. Esto no es razón para descartar de manera definitiva la ruta meridional, sobre todo en los periodos en que el nivel del mar estuvo más bajo y había islas emergidas al sur de Timor, según Bird, pero indica que habría supuesto un salto mayor hacia lo desconocido, un viaje por un mundo a veces perdido en medio de las aguas.

La otra nueva línea de investigación que aporta pruebas que apoyan la teoría de la migración organizada ha sido lanzada por el profesor de Bioecología Corey Bradshaw y sus colegas de la Universidad Flinders, en Adelaida. Estos científicos australianos han usado modelos matemáticos para analizar la demografía de la colonización a partir de las tasas de fertilidad estándar entre los cazadores-recolectores y de las condiciones ecológicas y ambientales que se habrían encontrado después de tomar tierra en Sahul.

Según este estudio, la población de la primera fundación humana en Australia habría sido de al menos 1300 individuos, que llegaron al mismo tiempo o en grupos más pequeños a lo largo de los años. Ambas posibilidades descartan la hipótesis de una colonización por azar. Bradshaw cree que el poblamiento de Sahul fue «probablemente planificado», y Bird coincide con él: «No es factible que llegara gente hasta allí de forma accidental. Era un contingente numeroso y tuvieron que organizarse». En cuanto a la razón para migrar, tal vez lo hicieron empujados por necesidad ante la escasez de recursos o por la atracción de lo desconocido, según Bird.

Recreando el viaje

Sea como sea, la solución del caso sigue siendo un misterio, ya que estos nuevos estudios aportan luz pero solo la arqueología y la genética podrían completar el puzle. «Faltan genomas antiguos de Sahul», dice Bird. El ADN explicaría con más precisión no solo cuándo llegaron los primeros pobladores, sino su relación con los humanos que estaban presentes en el sudeste asiático por la misma época. El problema está en que la mayor parte del área que abarcaba la zona colonizada de Sahul y que corresponde al actual norte de Australia es un desierto. Según Westaway, «un entorno árido no es adecuado para la preservación de ADN humano del Pleistoceno. Sería más probable encontrar restos genéticos en las tierras altas de Nueva Guinea, pero eso requeriría emprender nuevas excavaciones».

Por el momento, arqueólogos de la Universidad James Cook han llevado a cabo exploraciones con cámaras de alta resolución en áreas de Sahul que hoy están sumergidas, en busca de posibles asentamientos de aquella primera ocupación humana de la región. Pero eso obligaría a excavar en el lecho marino, y «la arqueología submarina es muy cara», apunta Bird. Por ahora, la perspectiva de dar con nuevos descubrimientos arqueológicos parece remota. De momento, la explicación del hecho de que humanos primitivos pudieran navegar hasta un nuevo continente sigue estando dentro del campo de la especulación, en opinión de Westaway. Sí sabemos que habrían necesitado disponer de algún tipo de balsas, probablemente hechas con troncos de bambú ensamblados con fibras vegetales. Pero ¿habría sido una flota formada por embarcaciones tan rudimentarias capaz de transportar a cientos de personas desde Asia hasta Sahul y depositarlas sanas y salvas en su destino?

Una forma de averiguarlo es recrear el viaje, tal como se propuso en 1998 el proyecto arqueológico The First Mariners (Los primeros marineros), puesto en marcha en 1996 por Robert G. Bednarik, para explorar los orígenes de la navegación en la Edad de Hielo. A bordo de la Nale Tasih 2, una balsa de bambú de 18 metros de largo construida durante tres meses cerca de Kupang, en Timor, por un equipo de ocho hombres, una tripulación de cinco personas fue capaz de cruzar sin problemas desde el puerto de Kupang hasta la costa sur de la isla de Melville. El viaje duró 13 días, aunque la plataforma continental —el lugar donde se considera que se hallaba la línea de costa cuando tuvo lugar el primer desembarco de humanos en Australia— la cruzaron en tan solo seis. Durante el viaje se alimentaron de peces capturados con arpones de diseño del Paleolítico Medio, mijo nativo (pottok) , azúcar de palma y frutas, y encontraron una variedad de condiciones de navegación, desde aguas calmas a tormentas tropicales, que pusieron a prueba la integridad de la balsa.

La tripulación de la Nale Tasih 2 tuvo que ser evacuada poco antes de tocar tierra ya que las condiciones del mar desaconsejaban un intento de desembarco nocturno. La balsa, no obstante, quedó varada en la costa sin daños significativos.

Expedición frustrada

A finales de 2019, otro equipo de The First Mariners llegó a la isla de Rote con el objetivo de fabricar una nueva embarcación y emular, esta vez sí hasta el final, el viaje de los primeros pobladores de Australia. Para ello fabricaron una plataforma de 18 m de largo por 4 m de ancho con 250 troncos. Algunos estaban ensamblados transversalmente y la estructura se mantenía unida con 17 000 metros de cuerda hecha de fibras de la corteza del azúcar de palma (Arenga pinnata).Un remo en la popa hacía de timón y una rudimentaria vela fabricada con las enormes hojas de la palma de Palmira (Borassus flabellifer) impulsaría la embarcación con la fuerza del viento: «Es nuestra arma secreta. En realidad no se trata propiamente de una vela, pero nos dará asistencia eólica. Es muy básica, pero hará su trabajo», afirmó Hobman, líder del proyecto.

Pero el plan de The First Mariners no pudo llevarse a buen puerto ya que, a tan solo 24 horas del inicio de su periplo a bordo de la Sangga Ndolu, el gobierno indonesio declaró que el proyecto no contaba con los permisos de investigación necesarios y expulsó a sus miembros del país. Haber podido llegar a destino según sus planes no habría supuesto la prueba definitiva que los humanos prehistóricos navegaron hasta Sahul, pero nadie podría haber dicho que es imposible que lo hicieran. Desde que los humanos fuimos plenamente humanos, empezamos a descartar el sentido de la palabra imposible.

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