Stonehenge era un antiguo calendario solar

Un nuevo estudio revela que todo el lugar era la representación física de un mes con una duración de 30 días.

 Stonehenge, ubicado cerca de Amesbury, Inglaterra, es uno de los monumentos antiguos más famosos del planeta. Este conjunto megalítico construido entre el final del Neolítico y principios de la Edad de Bronce, ha sido protagonista de muchas teorías acerca de su propósito y origen, pero una de las más populares es que se trataba de una especie de gigantesco calendario de piedra.

 


¿Lo era? ¿Un calendario?

Parece que hemos resuelto el misterio de Stonehenge. Un estudio reciente desarrollado por investigadores de la Universidad de Bournemouth añade más peso a esta hipótesis al proporcionar una sugerencia sobre cuál era su función y cómo se habría utilizado en nuestro pasado remoto.

 


Mirando Stonehenge con nuevos ojos

Este hallazgo se basa en un análisis cuidadoso del número y la posición de las piedras que componen el sitio, así como en comparaciones con otros sistemas de calendarios antiguos que podrían haber influido en los constructores de Stonehenge.


"La clara alineación solsticial de Stonehenge ha llevado a los expertos a sugerir que el sitio incluía algún tipo de calendario desde el anticuario William Stukeley", comenta Timothy Darvill, líder de la investigación publicada en la revista Antiquity. "Ahora, los descubrimientos han enfocado más el problema e indican que el lugar era un calendario basado en un año solar tropical de 365,25 días".


El arqueólogo de la Universidad de Bournemouth analizó el número y la posición de las grandes losas o bloques de arenisca de Stonehenge, llamadas sarsens. Estas piedras sarsens forman los 15 elementos de la herradura central de Stonehenge, los montantes y los dinteles del círculo exterior, así como las piedras periféricas como la piedra del talón, la piedra de la matanza y la piedra estación.

Y, según el experto, todo el sitio era la representación física de un mes (con una duración de 30 días) y las 30 piedras en el círculo sarsen representaban cada una un día dentro del mes. Se cree que los pobladores de Stonehenge simplemente marcaban los días del mes con una piedra pequeña o una estaca de madera.

 

Incluso los solsticios

Las piedras están orientadas hacia el amanecer del solsticio de verano, de ahí la conexión con el Sol. Allí, cada una de las piedras representaba un día del mes, que se dividía en “semanas” compuestas por 10 días y marcadas por piedras anómalas. Los últimos cinco días que faltarían para completar un año solar se marcaban utilizando las cinco estructuras de la Herradura de Trilitos, que se encuentran en un lugar destacado en el centro del monumento.

Ninguna parte parece coincidir con los 12 meses que componen un año, señala el nuevo estudio, pero es posible que se deba a que faltan algunas piedras o que se movieran. Pero está claro que la arquitectura de Stonehenge se dividió en dos mitades para hacerlas coincidir con los dos solsticios, el de verano y el de invierno.


La disposición de las piedras también actuaría como una especie de "control de sentido" para calibrar el calendario. Cualquier error al contar los días sería fácilmente detectable ya que el Sol estaría en el lugar equivocado en los solsticios.


“Tal calendario solar se desarrolló en el Mediterráneo oriental en los siglos posteriores al 3000 a. C. y fue adoptado en Egipto como el Calendario Civil alrededor del 2700 y fue ampliamente utilizado al comienzo del Antiguo Reino alrededor del 2600 a. C.”, aclara Darvill. Esto plantea la posibilidad de que el calendario seguido por Stonehenge pueda provenir de la influencia de alguna de estas otras culturas.


Como conclusión, Stonehenge habría servido como un calendario perpetuo simple pero elegante basado en un año solar tropical de 365,25 días, que ayudó a los antiguos habitantes de Wiltshire a llevar la cuenta de los días, las semanas y los meses. Un calendario bastante especial.

“Encontrar un calendario solar representado en la arquitectura de Stonehenge abre una forma completamente nueva de ver el monumento como un lugar para la vida, un lugar donde el momento de las ceremonias y festivales estaba conectado con el tejido mismo del universo y los movimientos celestiales en los cielos”, concluye el experto.

 

 

 

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Referencia: Timothy Darvill. Keeping time at Stonehenge. Antiquity, 2022; 1 DOI: 10.15184/aqy.2022.5

Sarah Romero

Sarah Romero

Periodista especializada en ciencia y nuevas tecnologías. Soy redactora de contenidos web en la revista Muy Interesante y Muy Historia. Puedes contactar conmigo a través del correo ladymoon@gmail.com

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