William Adams, el primer inglés en Japón

El marino y mercader inglés William Adams vio cómo su vida cambiaba al llegar a las costas japonesas y ganarse la confianza del shogun.

Desde la leyenda de Eric el Rojo y su hijo Leif Ericsson hasta la expedición que dio la vuelta al mundo de Magallanes y Elcano, el mar ha sido escenario de grandes hazañas llevadas a cabo por valientes aventureros. Y es que ser el primero en hacer algo o en llegar a determinado lugar no solo propiciaba fama y fortuna en ese momento, sino que en muchos casos grababa el nombre de dicha persona para la posteridad. De los muchos casos que podríamos mencionar, hoy queremos sumergirnos en la historia de William Adams, el primer inglés que llegó a Japón.

 

Una vida dedicada al mar                                                     

William Adams nació en el año 1564 en Gilligham, una localidad portuaria a medio camino entre Londres y Canterbury. Con 12 años entró como aprendiz en un astillero de la marina mercante, donde aprendió todos los secretos de la construcción de barcos y grandes navíos occidentales. Para 1588, habiendo demostrado su valía, fue nombrado responsable de un barco de suministros que debía asistir a la Marina Británica durante el proyecto de invasión de la Armada Invencible del español Felipe II.

La destrucción de la flota española afianzó el dominio inglés sobre los mares y Adams pronto se vio capitaneando su propia flota y trabajando para compañías de mercaderes berberiscos. En junio de 1598 se le ofreció comandar una expedición en la que cinco naves holandesas viajarían desde las costas europeas hasta las Indias Orientales (lo que hoy conocemos como Indonesia) por la ruta del oeste, cruzando el estrecho de Magallanes. Adams aceptó sin saber que este viaje cambiaría su vida para siempre.

 

En la corte del shogun

La expedición se vio fuertemente afectada por las condiciones climatológicas, ya que las tormentas que encontraron a su paso diezmaron la flota y llevaron a varios de los barcos al fondo del océano. En abril del año 1600, casi dos años después de salir del puerto, el barco que dirigía Adams (el Liefde) llegó a las costas de Kyushu, isla al sur de Japón, con una tripulación enferma y moribunda. Algunos historiadores afirman que el Liefde fue el primer barco noreuropeo que llegó al país nipón.

Adams y los hombres que le quedaban fueron trasladados a Osaka, una de las grandes ciudades del momento, en la que el poderoso daimyo Tokugawa Ieyasu interrogó a los recién llegados, mostrando gran interés por los aspectos tecnológicos que Adams parecía conocer. Japón llevaba muchos años encadenando periodos de cruentas guerras civiles pero el destino quiso que fuese el mismo Tokugawa Ieyasu quien se impusiera al resto de facciones y se convirtiera en shogun en octubre de ese mismo año, tras la batalla de Sekigahara. Siendo banderizo y confidente del todopoderoso shogun, Adams construyó barcos de estilo occidental y fomentó las relaciones comerciales entre ingleses, holandeses y japoneses. El mejor ejemplo de su labor lo encontramos en la constitución en 1643 de un puesto comercial inglés de la Compañía de las Indias Orientales en Hirado (Kyushu).

Adams llegó a ser una persona realmente influyente en el Japón feudal y en la corte del shogun hasta el punto de que se le negó en varias ocasiones la petición de volver a Inglaterra, donde tenía esposa e hijos. A su elevado estatus social le acompañó una imponente mansión en Miura, al sur de Edo (actual Tokio), y se empezó a conocerle como Miura Anjin (que significa ‘piloto’ en japonés). William Adams pasó el resto de su vida en Japón, pero sus últimos años supusieron una caída en desgracia ya que Tokugawa Ieyasu murió en 1616 y su sucesor, Tokugawa Hidetada, promovió una serie de políticas aislacionistas que acabarían con las relaciones entre Japón y las potencias europeas. Adams murió en 1620 a causa de una enfermedad que le debilitó y fue enterrado en Hirado, en la isla de Kyushu a la que llegó años atrás.

Cementerio de Hirado
Cementerio de Hirado. Imagen: iStock Photos.

 

La leyenda continúa

A pesar de haber perdido la importancia de antaño al final de su vida, la figura de William Adams causó un auténtico impacto tanto en el mundo europeo como en el japonés.

En las islas niponas, son muchos los lugares que rinden homenaje a ese constructor de barcos extranjero que tan querido fue por Tokugawa Ieyasu. La ciudad de Hirado le dedica una festividad en mayo y en agosto, en Itō (prefectura de Shizuoka), conmemora el lugar donde los primeros barcos occidentales de Japón fueron construidos y botados en el mes de agosto. Además, en Tokio hay un barrio del distrito Nihonbashi que sigue siendo conocido como Anjin-chō en honor a Adams, quien poseía una casa allí.

Lo trepidante e interesante de su vida hace que William Adams sea un personaje perfecto para la ficción y escritores tanto ingleses como japoneses han sabido aprovecharlo. La historia de este marinero es revisionada como la de ese personaje romántico que encarna a un extranjero luchando contra un mundo ajeno a él, imaginándolo como un samurái de rasgos occidentales y pelo rubio o pelirrojo de la misma forma que hizo la películaEl último samurái (2003) con el personaje de Tom Cruise. El escritor James Clavell basó su popular novela Shogun (1975) en la historia de William Adams y lo mismo haría la serie de televisión que se estrenó en 1980. En 2017, el videojuego Nioh trasladaba al jugador al Japón del final del periodo Sengoku y lo pone en la piel de un rudo y letal William Adams que maneja la katana tan bien como el timón.

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