Las oscuras golondrinas de Bécquer

El autor sevillano nació en febrero de 1836 y se convirtió, tras su muerte, en una de las figuras más importantes del Romanticismo español.

Una Sevilla llena de luz, colores y alegría; un mundo verde e íntimo en el que la línea que separa fantasía y realidad se difumina con la fría lluvia que llora desde las nubes del cielo. Así veía Gustavo Adolfo Bécquer su entorno y así lo plasmó en su obra. El escritor, poeta y periodista español nació el 17 de febrero de 1836 y es considerado figura clave en el Romanticismo español y uno de los autores más reconocidos y admirados de su tiempo.

Nacido en Sevilla e hijo de José María Domínguez Bécquer, un pintor de ascendencia flamenca, Gustavo Adolfo quedó huérfano a los cinco años y pasó una infancia económicamente inestable. El cariño del resto de su familia y, en especial, de su madrina Manuela Monehay Moreno permitió que el joven Bécquer creciera en contacto directo con la cultura en todas sus expresiones. Su tío le enseñó pintura junto a su hermano Valeriano y la impresionante biblioteca de Manuela Monehay abrió su mundo a los grandes autores españoles del siglo anterior y a las nuevas corrientes que llegaban del continente europeo.

En 1854 marcharía a Madrid junto a sus amigos Narciso Campillo y Julio Nombela en busca de nuevas oportunidades literarias y vientos distintos a los que soplaban en Sevilla. Su llegada a la capital supondría la iniciación de Bécquer en el mundo del periodismo, donde colaboraría con periódicos como ‘El Contemporáneo’ o ‘Blas Gil’ para ganarse la vida. Sus textos periodísticos se centrarían en artículos costumbristas y críticas literarias y serían un primer vistazo al estilo que tanto caracterizaría la obra del autor.

Aunque la faceta más conocida de Bécquer es la de escritor y poeta, el sevillano también demostró excelentes facultades y una gran sensibilidad para la música y la pintura por igual. Esta capacidad pictórica y la comprensión de los grandes géneros musicales clásicos, en especial la ópera, se vieron plasmadas en su trabajo literario sumándose al exquisito cuidado del lenguaje, su estilo crítico y su tendencia a unir realidad y fantasía buscando lo ideal.

La leyenda de Gustavo Adolfo Bécquer que nos llega es la de un hombre intrépido y mujeriego cuya visión retorcida del mundo que le había tocado vivir propició un carácter pesimista  y cuya delicada salud hizo que su llama se consumiera demasiado pronto. El artista sevillano murió a la edad de 34 años (1870) de tuberculosis. En vida, Bécquer solo publicó en prensa y el grueso de su obra fue recopilado y publicado de forma póstuma. Probablemente su título más conocida sea ‘Rimas y leyendas’, una recopilación del trabajo de toda su vida formada por cuentos cortos, y el ‘Libro de los gorriones’ con su trabajo como poeta.

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