Historia del chocolate caliente, la bebida de los mayas y los días de invierno

Los mayas bebían chocolate frío y con especias, pero los conquistadores españoles lo trajeron al Viejo Continente y la receta fue cambiando con el tiempo

En bombones y tabletas, como cobertura en exquisitas tartas, en forma de helado o entre dos trozos de pan. El chocolate es uno de los dulces más versátiles que existen y su característico sabor lo ha convertido en una estrella del mundo culinario a nivel global. Y sí, hay muchas formas de trabajar y de consumir el chocolate pero aquí queremos destacar una en particular: el chocolate caliente, ese brebaje espeso y de aroma embriagador que reconforta nuestro cuerpo y caldea nuestro espíritu en esos fríos días de invierno. Porque, aunque pueda resultar algo sorprendente, el chocolate como bebida tiene su propia historia.

Se cree que los primeros consumidores de chocolate como una bebida fueron los pueblos autóctonos de lo que hoy en día es México, probablemente los mayas, desde el año 500 a.C. aproximadamente. Para estos pueblos, el cacao era un bien muy preciado y sus semillas secas se utilizaban como una especie de moneda en el intercambio de bienes. También guardaba cierta relación con el mundo espiritual ya que el fruto del cacao suele crecer a la sombra del árbol cacahuananche, que los mexicas relacionaban con el inframundo. Era habitual emplear semillas de cacao en ritos funerarios o beberlo frío y mezclado con otros ingredientes como chili en polvo.

Serían los conquistadores y exploradores españoles llegados al Nuevo Mundo los que descubrirían este particular alimento de los indígenas y decidirían llevarlo de vuelta al Viejo Continente. El propio Hernán Cortés diría del chocolate que “cuando uno lo sorbe, puede viajar toda una jornada sin cansarse y sin tener necesidad de alimentarse”. España recibió el chocolate con entusiasmo y pronto llegaría a otros países europeos que comenzarían a trabajarlo. Durante años, el chocolate fue considerado un producto caro y sofisticado, solo al alcance de las clases pudientes que lo tomaban de todas las formas posibles. Los europeos cambiaron la receta empleada por los mayas a la hora de consumirlo y, cuando lo hacían como un líquido, lo tomaban tibio y sin añadirle chili u otras especias picantes.

Chocolate caliente
Imagen: iStock Photo

 

La primera fábrica chocolatera de España data del 1780 y no pasó mucho tiempo hasta que otros países como Francia, Suiza, Italia o Alemania empezaron a trabajarlo. En el país galo fue la propia María Teresa de Austria, esposa de Luis XVI, quien comenzó a utilizar una máquina que calentaba el chocolate hasta que se fundía mientras lo removía para que obtuviese el punto perfecto de cremosidad, la llamada chocolatera. En Londres, para mediados del siglo XVIII, la bebida era tan popular que empezaron a proliferar locales especializados en la venta de bebidas a base de chocolate, antecedente de lo que luego serían las cafeterías.  Fue también en Londres donde el aristócrata y médico irlandés Hans Sloane, tras una larga estancia en Jamaica, patentó la mezcla con la que diluía el chocolate con leche en vez de con agua, suavizando su sabor y mejorando tanto su textura como sus propiedades nutritivas. Por supuesto, es difícil de creer que Sloane fuese el primero al que se le ocurriera esta idea pero sí que fue el que la difundió y se llevó el crédito.

Desde entonces, ya fuese con especias picantes o mezclado con leche, el chocolate caliente se ha convertido en la bebida predilecta para los meses de otoño e invierno y una de las tantas formas en que disfrutamos de este manjar de los antiguos dioses.

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