El Motín del té, una chispa en los muelles de Boston

Este acto de desobediencia que buscaba protestar contra los abusivos impuestos a las importaciones se convirtió en el comienzo de una revolución si precedentes

Aquel 16 de diciembre de 1773, el crujir de la madera y el sonido de las cajas impactando contra la superficie del agua arrebató el sueño a los bostonianos que vivían junto a los muelles. Amparados por la oscuridad de la noche, un grupo formado por unos sesenta hombres abordó tres barcos de la Compañía de las Indias Orientales y arrojó su cargamento (342 cofres llenos de té) al mar. Este mítico acto de desobediencia civil, conocido popularmente como el Motín del té de Boston, desencadenaría una serie de cambios sociales y políticos que llevarían a las Trece Colonias a convertirse en los Estados Unidos de América, una nueva nación.

 

Impuestos y monopolios

Para comprender realmente el alcance y la importancia de este pequeño sabotaje hay que remontarse unos años atrás y profundizar en la política económica impuesta por Gran Bretaña a sus territorios de ultramar.

Durante la segunda mitad del siglo XVIII, las islas no pasaban por su mejor momento económico y necesitaban recaudar fondos con los que sufragar su deuda y gastos derivados de los distintos frentes que tenía abiertos. En 1765 se aprobó la Ley del Sello, que sumaba nuevos impuestos a cualquier pieza de papel utilizada en las colonias, desde periódicos hasta documentos legales, y en 1767 se planteó por primera vez una serie de medidas que limitaban la capacidad de decisión y actuación de las colonias e imponía nuevos impuestos a los productos importados. Conocidas como las Leyes Townshend (en honor al ministro que las propuso), estas medidas tan impopulares provocaron el rechazo de los comerciantes y las clases medias de las colonias y obligaron a Gran Bretaña a reforzar su presencia militar para asegurarse de su cumplimiento. Esta decisión, a su vez, desembocó en un estallido de violencia y represalias desmedidas en 1770, conocido como la Masacre de Boston.

La tensión entre las colonias y la corona británica crecía exponencialmente. Mientras que las primeras exigían mayor libertad y poder para gobernar según su propio criterio, la segunda se enrocaba en su derecho a manejar y explotar a las colonias a su antojo. Aunque muchas de las nuevas tasas acabaron por desaparecer, en 1773 se promulgó la Ley del Té que mantenía los impuestos sobre este preciado bien de consumo y otorgaba grandes ventajas a la Compañía de las Indias Orientales, rozando una situación de monopolio.

En esa época, las colonias consumían alrededor de un millón y medio de libras de té al año, por lo que suponía un buen pellizco para Gran Bretaña y la Compañía de las Indias Orientales y un gasto más que considerable para los colonos. Durante un tiempo, los comerciantes de las Trece Colonias plantearon un boicot a los productos de la Compañía de Indias Orientales y se valieron del contrabando que obtenían de barcos holandeses para cubrir sus necesidades, pero los costes de este sistema acabaron por superar a las propias tasas que deberían haber pagado por el  y las autoridades fueron endureciendo las medidas hasta asegurarse de que solo se pudiese comprar el producto que ellos querían.

Motín del té
Imagen: Getty Images

 

El Motín y sus consecuencias

En ciudades como Nueva York o Filadelfia los mercaderes locales cancelaron pedidos, dejaron la mercancía sin descargar e incluso se negaron a pagar las tasas establecidas. Sin embargo, en Boston, el gobernador Thomas Hutchinson dio orden de que se cumpliese lo establecido en la ley y permitió que los barcos Darmouth, Eleanor y Beaver atracaran en su puerto. Los 342 cofres cargados de té nunca llegarían a salir del puerto ya que, la noche del 16 de diciembre, un grupo de unos 60 hombres liderados por Samuel Adams y John Hancock abordaron los barcos vestidos como nativos de la tribu mohawk y destruyeron el cargamento valorado en 18 000 libras de la época (alrededor del millón de dólares en la actualidad).

Las respuestas al Motín del Té no se hicieron esperar y, aun cuando todo transcurrió sin violencia, fueron muy dispares. Los mismísimos George Washington y Benjamin Franklin, que no mucho tiempo después encabezarían la causa independentista, se mostraron disconformes con esta acción de protesta ya que, para ellos, la defensa de la propiedad privada estaba por encima de todo. Por su parte, el rey Jorge III y el Parlamento británico se sintieron ultrajados con este ataque directo contra su autoridad y promovieron las llamadas Leyes Intolerables, una serie de medidas revanchistas que imponía la ley marcial en el estado de Massachusetts, cerraba el puerto de Boston, obligaba a los colonos a acoger y proporcionar suministros a las tropas británicas y recortaba considerablemente la capacidad de decisión y las libertades de los colonos.

El plan de los británicos era que esta serie de leyes tan duras desanimaran cualquier futuro intento de las colonias de oponerse a su control pero el resultado fue exactamente el contrario. No hubo duda entre los dirigentes y las élites de las Trece Colonias de que Gran Bretaña había excedido sus funciones y había caído en un modelo tiránico y despótico contra el que debían luchar todas juntas. En septiembre de 1774, representantes de todas las colonias (salvo Georgia) se reunieron en Filadelfia para debatir sobre el camino a seguir en su búsqueda de la independencia en el Congreso Continental.

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