Da Vinci y Miguel Ángel, duelo de titanes

El regreso de Leonardo da Vinci a Florencia suscitó los celos de Miguel Ángel e inició una competición entre dos de los mayores genios del Renacimiento.

El Renacimiento fue uno de esos momentos en el que, al menos culturalmente, la humanidad demostró todo su potencial y capacidades. En esa tormenta perfecta surgieron algunos de los mayores artistas y pensadores de la historia que seguimos estudiando en la actualidad y que todavía nos dejan boquiabiertos. Pero, en muchas ocasiones, esas grandes mentes chocaban y competían entre ellas. Uno de los casos más significativos fue el de dos gigantes: Leonardo da Vinci y Miguel Ángel.

Al primero se le recuerda como al hombre renacentista por excelencia, versado en todos los campos y con una mente brillante y capaz de ver más allá de su propio tiempo. Al segundo, como a uno de los mejores pintores y escultores de la historia por haber creado obras de la talla de las pinturas de la Capilla Sixtina o su estatua del David. Ambos habían nacido en la región de Florencia con unos veinte años de diferencia, por lo que cuando da Vinci ya contaba con fama y reconocimiento dentro y fuera de Italia, Miguel Ángel era un prometedor artista que todavía se estaba haciendo un nombre.

Según Le vite de' più eccellenti pittori, scultori e architettori, obra del arquitecto Giorgio Vasari, la rivalidad entre ambos genios era de sobra conocida. Tras una larga temporada en Milán, donde dejó como recuerdo su maravilloso Cenacolo Vinciano, da Vinci regresó a Florencia. Las facilidades que su renombre le concedían y la posibilidad de que eclipsara a Miguel Ángel son los dos motivos más probables de la rivalidad entre ambos. Miguel Ángel veía en da Vinci una amenaza que podría cortarle las alas y da Vinci tenía ante él a un artista que podría quitarle protagonismo.

Uno de los momentos más reconocidos de esta lucha de gigantes ocurrió en torno al poeta Dante Alighieri. Se estaba produciendo un debate sobre uno de sus pasajes y se le pidió a da Vinci y a Miguel Ángel, que pasaban por allí, que intervinieran. Cuando da Vinci dijo que Miguel Ángel podría resolver el asunto, este devolvió la pelota al tejado de da Vinci y le recriminó haber hecho una estatua de un caballo en arcilla y haber abandonado el proyecto antes de llevarla al bronce.

Este tipo de discusiones entre genios han sido algo común a lo largo de la historia, como también podrían confirmar Lope de Vega y Calderón de la Barca, pero acababan por convertirse en algo circunstancial. El paso del tiempo ha reconocido el inmenso talento de ambos artistas e incluso es probable que este “pique profesional” les hiciera mejorar en su trabajo.

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