Coria del Río, el pueblo sevillano con ascendencia samurái

Una misión diplomática nipona que viajó a España en el siglo XVII dio lugar a una peculiar situación de mestizaje entre dos culturas muy distintas.

¿Qué relación puede existir entre un pueblo sevillano, con sus casas de paredes blancas y techos de teja, y la nobleza nipona del siglo XVII? De vez en cuando, llevada por el azar, la historia nos deja anécdotas tan curiosas como esta protagonizada por Coria del Río, localidad del sur de España en la que más de 600 de sus habitantes son descendientes de samuráis.

Para conocer el origen de esta particular situación hay que remontarse al siglo XVII, concretamente al 1611. Ese año Sebastián Vizcaíno, explorador y comerciante de Nueva España, cruzó el océano y se convirtió en el primer español que pisaba las islas niponas (y por lo tanto en el primer embajador del reino de España). Allí fue recibido en la corte del shogun Tokugawa Ieyasu, que había subido al poder una década antes tras vencer en la batalla de Sekigahara, pero parece que las diferencias culturales fueron insalvables y ambas partes no lograron llegar a ningún acuerdo mutuamente beneficioso. El barco de Vizcaíno naufragó durante una tormenta y el shogun le prometió construirle otro con una condición: que la nave viajara a España con una misión diplomática y emisarios del shogun.

La expedición partió de Sendai, al norte de Japón, el 27 de octubre de 1613 en dirección este, cruzando el océano Pacífico y desembarcando en Nueva España antes de seguir camino. Cuando la comitiva japonesa llegó a Coria del Río el samurái Hasekura Tsunenaga (representante del shogun y líder de la misión) continuaron su viaje hacia la corte real mientras el resto de los nipones les esperaban en la localidad sevillana. Tsunenaga debía reunirse con Felipe III para establecer acuerdos comerciales entre España y Japón y luego viajar a Roma para solicitar al papa que enviara a más misioneros que pudieran transmitir la fe cristiana a los japoneses.

La misión terminó en 1616 siendo un fracaso. Entre medias, el shogun había decidido dar la espalda a la fe católica y empezar a perseguir a aquellos que la profesaran en las islas por lo que los acuerdos con la Santa Sede y con el rey de España no llegaron a cerrarse. Algunos de los integrantes de la expedición decidieron quedarse en Coria del Río, bien fuese porque querían conservar sus creencias católicas en libertad o bien porque encontraron en España su lugar en el mundo. Allí se casaron con las mujeres locales y tuvieron descendencia en un curioso caso de mestizaje que ha dado a que, en la actualidad, parte de los habitantes de Coria del Río sean descendientes de estos nobles que cruzaron el océano tantos siglos atrás.

Con el paso del tiempo estas familias adoptaron el apellido Japón ya que, según se dice, fue la forma que tuvieron de evitar pronunciar o escribir los complicados apellidos de origen nipón de los padres.

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