Charles Dickens: la muerte de Boz

El autor de libros de la talla de ‘Oliver Twist’ falleció el 9 de junio de 1870 por un accidente cerebrovascular.

 

Charles Dickens es otro ejemplo más de escritor de renombre dentro de los muchos que ha dado la literatura anglosajona. Su carrera literaria se extendió por algo más de treinta años y fue un cúmulo de éxitos que le convirtieron en uno de los autores más prestigiosos y vendidos del siglo XIX. A su afilado sentido del humor había que sumar una prosa envolvente y un empeño en plasmar el mundo tal cual es que le valdría un sitio de referencia dentro del movimiento realista.

Nacido en una familia de clase media, su padre podía mantenerlos con un trabajo bien pagado pero su personalidad impulsiva, extravagancia e ineptitud solían causarle problemas. Cuando tenía doce años, su padre es llevado a prisión por sus deudas y Charles Dickens se ve obligado a dejar los estudios y comenzar a trabajar. De esta infancia agridulce y el contacto directo con las clases bajas tomaría elementos para sus futuras obras. Los oficios que desempeñaría desde entonces serían muy variados, pasando de la oficina de un abogado a cubrir sesiones parlamentarias para los periódicos o intentando convertirse en actor profesional.

De periodista a escritor

Sería en la palabra impresa donde podría desplegar todo su potencial. Primero lo hizo como periodista, utilizando un ojo crítico admirable y escribiendo artículos de denuncia social bajo el seudónimo de 'Boz'. Con el tiempo, acabaría por aplicar su experiencia como periodista al movimiento literario del Realismo, que iba tomando fuerza en toda Europa. En 1836 publicó la que es considerada su primera novela, Los papeles póstumos del Club Pickwick, que marcaría el comienzo de una carrera de éxitos.

Dickens, como haría Balzac en Francia o Pérez Galdós en España, primó la realidad a la fantasía e hizo de sus textos un altavoz contra las injusticias sociales del momento. Comprometido con la situación de las clases bajas londinenses, que había conocido muy de cerca en su infancia y juventud, Dickens reflejó desde su modo de vida hasta su forma de hablar. De esta idea nacieron clásicos de la literatura como Oliver Twist, David Copperfield o Historia de dos ciudades.

Aun con la buena acogida de todas sus obras, que le permitían disfrutar de una vida cómoda y relajada, Dickens sufrió numerosos varapalos que acabarían por minar su salud. En el año 1851 perdió a su hija recién nacida, a su padre y a su hermana y en 1858 se separó de su esposa, con la que tenía una tensa relación desde hacía años. A sus circunstancias personales hay que sumar el nivel de trabajo que llevaba y la presión que sus admiradores ejercían sobre él para que publicase nuevos libros.

En 1870, Dickens falleció por un derrame cerebral. Tenía 58 años, dejaba una novela inacabada y, llevándole la contraria a su deseo explícito, fue enterrado en el Rincón de los poetas de la Abadía de Westminster y no en la catedral de Rochester.

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