Biografía de Diego de Velázquez, el sevillano más barroco

Diego Rodríguez de Silva y Velázquez, autor de ‘Las meninas’, fue uno de los artistas más destacados del Barroco español y un maestro de la pintura universal.

Cuando uno va al Museo del Prado, una de las pinacotecas más importantes de Europa e incluso del mundo, lo hace esperando ver algunas de esas obras de arte que uno estudia en el colegio y que se quedan grabadas en la mente y el imaginario popular. Resulta abrumador y una experiencia cercana al éxtasis pasear por entre las obras de Durero, Fra Angélico, Rembrandt, Rubens, Murillo, El Bosco, El Greco o Goya. Pero si hay un auténtico protagonista en el Prado, una estrella de rock a la que admirar, ese sin duda es Diego Rodríguez de Silva y Velázquez. El Van Halen de la pintura del siglo XVII.

Sevillano de nacimiento, se desconoce la fecha exacta en la que llegó al mundo pero se sabe que fue bautizado el 6 de junio de 1599. Su padre, de origen portugués, era notario eclesiástico del Cabildo de Sevilla y esto no solo garantizaba cierta comodidad económica a la familia, sino que propició que Velázquez tuviera acceso al mundo cultural desde muy joven. En 1609 empezó a formarse en el taller de Francisco de Herrera pero en 1611 lo cambió por el de Francisco Pacheco, mucho más reconocido y por lo visto de carácter más calmado. Velázquez vivió en casa de Pacheco durante seis años y allí entró en contacto con la élite intelectual de Sevilla, que solía reunirse en casa de su maestro para charlar sobre literatura, arte y política. También supuso la semilla de una de las grandes obsesiones del joven Velázquez: el ascenso social.

En mayo de 1617 aprobó el examen del gremio de pintores y se le autorizó a establecerse como pintor independiente, abrir su propio taller en el que recibir aprendices y tener una tienda pública. Al año siguiente se casó con Juana Pacheco, hija de su maestro, con la que tuvo dos hijas de las que solo sobrevivió una. Los primeros pasos de Velázquez como pintor profesional los da en su Sevilla, realizando bodegones y escenas populares de inspiración flamenca así como encargos de conventos. En esta etapa emplea una técnica de claroscuro que podría tener su inspiración en las obras de Caravaggio. Se destaca el cuadro Vieja friendo huevos.

Diego Velázquez
Imagen: iStock Photo.

 

De Sevilla a la Corte

En esos años Velázquez se encontró con una oportunidad que le abriría muchas puertas y cambiaría su vida. En 1621 falleció el rey Felipe III y su hijo, Felipe IV, subió al trono. El nuevo monarca tenía como valido a Gaspar de Guzmán, conde duque de Olivares, que pertenecía era de familia noble sevillana y quiso llenar la Corte Real de paisanos suyos. Aconsejado por su maestro y suegro, Velázquez se marchó a Madrid en 1622 y logró introducirse en el círculo del conde duque. Ese mismo año retrató al escritor Luis de Góngora y al año siguiente, gracias a la intervención de Juan de Fonseca, Velázquez fue llamado por Olivares para que retratase al rey. Felipe IV quedó tan satisfecho con el resultado que lo nombró pintor del Rey en octubre de 1623.

Desde ese momento, el ascenso de Velázquez fue meteórico. La protección del monarca y de su hombre fuerte le proporcionó una seguridad económica y una libertad artística de la que pocos compañeros de profesión gozaban. Velázquez se deshizo así de la necesidad de trabajar cumpliendo encargos eclesiásticos, que eran los que daban el pan al resto de pintores. Esto, por supuesto, provocó las envidias y habladurías de otros artistas contra Velázquez, al que criticaban y acusaban de solo saber pintar “cabezas” (retratos).En esta época pinta El triunfo de Baco y La expulsión de los moriscos, que fue el resultado de una competición informal entre Velázquez y los otros pintores del Rey (Carducho, Caxés y Nardi). En 1629 viajó a Italia en un viaje de estudios que le permitió visitar las colecciones y palacios más distinguidos del país.

A su regreso de Italia (1631) es llamado por el conde duque para trabajar en el Palacio del Buen Retiro y muestra gran interés en pintar a los personajes que habitan la Corte: el rey y sus familiares en trajes de cazador, bufones, enanos… También es en esta época cuando pinta Las lanzas o La rendición de Breda. En 1643, mismo año en el que Olivares cae en desgracia, es nombrado Ayuda de Cámara, cargo de responsabilidad al que se suma la superintendencia de las Obras del Palacio. Velázquez haría un segundo viaje a Italia y a su regreso (1651) sería nombrado Aposentador mayor de Palacio, obligándole el puesto y sus responsabilidades a reducir su actividad pictórica.

Diego Rodríguez de Silva y Velázquez moriría el 6 de agosto de 1660 tras una rápida enfermedad, pero no sin antes haber pintado dos de sus obras más conocidas: La familia de Felipe IV o Las meninas (1656) y Las hilanderas o La fábula de Aracne (1657).

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