Armadura

Armas y armaduras: ataque y defensa a lo largo de la historia

Si uno entra en cualquier museo de historia del mundo, y sin tener que ir a uno de esos recintos que son auténticos referentes culturales y que guardan tesoros de valor incalculable, encontrará una sucesión de objetos y piezas que plasman el camino recorrido. Entre algo de arte y muchos utensilios, raro será el museo en el que no se guarden armas o réplicas de armas y armaduras. Y es que estas herramientas ofensivas y defensivas respectivamente han sido una constante a lo largo de los siglos.

La historia del ser humano está plagada de batallas y luchas; es una historia de enfrentamiento. Igual que dos gorilas que se disputan el liderazgo, casi todos los conflictos que se han producido desde que apareciera el género homo hasta la actualidad (y hoy en día sigue siendo así) se han resuelto de forma violenta, unas veces más discreta y otras a porrazo limpio. Partiendo de esto, pocos se sorprenderán si, aquí y ahora, empezáramos a enumerar distintos tipos de armas y armaduras que han ido surgiendo y que ofrecen un amplísimo catálogo según el material con el que están hechos, la forma y la función. Ese elemento utilitarista que tiene el ser humano en su persona y sus ganas por “evolucionar” y desarrollar nuevas tecnologías hizo que las armas y armaduras fueran cambiando según el momento histórico que uno elija.

Nuestros primeros antepasados se protegían (más del entorno que de sus enemigos) con pieles curtidas o telas y utilizaban piedra, cuerno y hueso como material para fabricar armas rudimentarias y herramientas. Aprender a trabajar con metales como el bronce primero y el hierro en un segundo lugar supuso un auténtico punto de inflexión que definiría los siglos siguientes. Las lanzas, espadas cortas y puñales empiezan a prosperar y a resultar más eficaces y complejos. Las armerías se llenan de todo tipo de utensilios para el combate más ligeros o contundentes; se popularizan las armas a distancia y los escudos para protegerse y las armaduras empiezan a convertirse en parte fundamental del equipamiento propio de un ejército profesional.

Esta situación perdura, de una forma o de otra, hasta la Edad Moderna. Si el dominio de los metales supuso un gran cambio, el siguiente giro de 180 grados llegaría con la pólvora y las armas de fuego, que darían lugar a nuevas mecánicas de combate en las que el cuerpo a cuerpo conservaría hasta cierto punto su importancia. La ciencia moderna se incorporaría al mundo armamentístico y provocaría un acelerón como nunca antes se había visto. La Primera Guerra Mundial fue un conflicto en el que se testaron toda clase de nuevas invenciones bélicas que terminarían por asentarse en la Segunda Guerra Mundial. Las armas de fuego, la artillería pesada, o los transportes bélicos siguieron perfeccionándose con las nuevas tecnologías, cada vez más eficaces y sofisticados y cada vez más letales.

Daniel Delgado

Daniel Delgado

Periodista en construcción. Soy de los que puede mantener una conversación solo con frases de ‘Los Simpson’ y de los que recuerda sus viajes por lo que comió en ellos. Es raro no pillarme con un libro o un cómic en la mano. Valhalla or bust.

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