Zugarramurdi: la última quema de brujas

Una oleada de histeria colectiva hizo que se organizara una caza de brujas entre vecinos.

 

En noviembre de 1610 se celebró en Logroño un auto de fe que condenó a morir en la hoguera a un grupo de personas acusadas de brujería. Fue el famoso proceso contra las brujas de Zugarramurdi, un episodio en el que la histeria y el terror se desató en el norte de España y estalló en una caza de brujas entre vecinos. El asunto terminó bajo el control de la Inquisición. Seis personas fueron quemadas. Las últimas víctimas condenadas por brujería en España.

La caza de brujas en el tiempo de la razón y el conocimiento

En el imaginario colectivo ha quedado arraigada una visión errónea promovida por la Ilustración en el siglo XVIII. Esto es: que la Edad Media fue un tiempo de oscuridad y supersticiones. En cambio, la llegada del Renacimiento devolvió a Europa a un período de razón y conocimiento. Es por ello que en la cultura popular se suele tener la caza de brujas como un episodio medieval. Pero esto no es así en absoluto.

Fue a partir de finales del siglo XV cuando se empezaron a difundir los fundamentos ideológicos para identificar y denunciar a las brujas. En 1486, incluso se publicó un manual con este fin, el “Malleus Maleficarum” o “El martillo de los brujos”. Fue entre los siglos XVI y XVIII cuando, según algunos autores, en Europa se condenaron a 100 000 personas por brujería, 60 000 de ellas, mujeres quemadas en la hoguera, la mayoría entre Alemania, Polonia, Suiza y Francia.

Protagonismo relativo de la Inquisición

Otro de los elementos más relacionados con la caza de brujas es la Inquisición. Sin embargo, fueron los estados modernos y sus instituciones civiles quienes convirtieron la superstición en ley y la brujería un delito castigado con la pena de muerte. La autora Silvia Federici afirma que:

“Al revés de lo que sugiere el estereotipo, la caza de brujas no fue sólo un producto del fanatismo papal o de las maquinaciones de la Inquisición Romana. En su apogeo, las cortes seculares llevaron a cabo la mayor parte de los juicios, mientras que en las regiones en las que operaba la Inquisición (Italia y España) la cantidad de ejecuciones permaneció comparativamente más baja”.

De hecho, es curioso que, en el caso de Zugarramurdi, fuera un inquisidor el que defendiera a las brujas.

¿Qué es una bruja?

“El crimen de brujería consistía en una supuesta práctica de magia dañina y el uso de poderes sobrenaturales otorgados por el diablo para dañar a vecinos, hacer infértiles a hombres, o traer desgracias a toda la comunidad. Además, se creía que las brujas se reunían en asambleas, llamadas aquelarre o Sabbat, a las que solían ir volando en palos de escoba o lomos de animales, para adorar al diablo, bailar desnudas, sacrificar y comerse niños, y tener relaciones sexuales con otras brujas y los demonios.”.

De todo esto fueron acusadas 31 personas en el valle del Baztán.

Vecinos a la caza

A finales de la segunda década del siglo XVII, un grupo de vecinos de Zugarramurdi empezó a asaltar las casas de sospechosos de brujería en busca de pruebas que confirmaran sus malas artes. La agitación respondía a los rumores que se filtraban desde el otro lado de los Pirineos acerca de una gran actividad de brujos y brujas por aquellas regiones.

Las confesiones en público de María Ximildegui y María de Jureteguía acerca de los aquelarres a los que habían asistido, sirvieron para que una bomba de miedo explotara en la localidad y el ambiente se tornara tan opresivo como peligroso.

Hasta nueve personas confesaron haber practicado brujería. Esta ola de persecuciones alertó a algún que otro clérigo, y el asunto llegó a oídos de la Inquisición. Comisarios e inquisidores del Santo Oficio iniciaron una investigación en la que recogían testimonios y declaraciones a la par que llevaban a cabo interrogatorios:

“Las constantes incitaciones a denunciar a supuestos brujos y el hecho de que esas denuncias fueran secretas hicieron que se multiplicaran las delaciones entre los vecinos, en medio de un clima de psicosis y terror”.

El auto de fe de Logroño

La Inquisición procesó a 53 personas tras aquellas pesquisas, 31 de ellas por brujería. El tribunal llevó a cabo las sentencias a pesar de la negativa del inquisidor Alonso de Salazar y Frías, llamado “el abogado de las brujas” por defender que aquellas acusaciones eran falsas.

Pero la superstición se impuso y el 6 de noviembre de 1610 se celebró una gran procesión previa al auto de fe. La plaza del Ayuntamiento de Logroño se engalanó para el espectáculo público en el que se dictaban sentencias a los reos. La multitud se agolpó en la plaza. Once eran las personas condenadas a muerte. Cinco de ellas ya habían fallecido durante los interrogatorios. Aunque se atribuye a un brote de peste, los inquisidores tuvieron claro que era una enfermedad del demonio, para que los acusados no llegaran a contar sus prácticas. Los ataúdes con los restos de estos cinco condenados fueron transportados tras las efigies de cartón-piedra que representaban a los acusados. Los seis restantes fueron quemados en la hoguera. Dos días se alargó el auto de fe cuya crónica terminaba diciendo:

“Y tras haber oído tantas y tan grandes maldades en dos días enteros que duró el auto […] nos fuimos todos santiguándonos a nuestras casas”.

Referencias:

Bolinaga, I. 2012. El proceso contra las brujas de Zugarramurdi. Historia National Geographic 98, 18-21.

Phillips, A. 2021. Caza de brujas, la cara oscura del Renacimiento. lavanguardia.com.

Fran Navarro

Fran Navarro

Historiador y escritor (esto último solo lo digo yo). El destino me reservaba una carrera de ensueño en el mundo académico, pero yo soy más de divulgar, hacer vídeos y contenidos culturales para que mi madre se entere bien de lo que hablo. De entre las cosas menos importantes de la vida, los libros son lo más importante para mí. Y como no hay nada mejor que conocer bien un asunto para disfrutarlo al máximo, hice el máster de Documentos y Libros, Archivos y Bibliotecas. Para esto y todo lo demás tengo Twitter: @FNavarroBenitez.

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