¿Sabes por qué la dinastía Trastámara es tan importante en la historia de España?

Para la mayoría de la gente, cuando se habla de dinastías de reyes españoles, suele venir a la cabeza los Austrias y los Borbones pero lo cierto es que hubo una antes de extrema importancia y que, gracias a ella, se establecieron las bases para una monarquía hispana moderna

 

Hablamos de los Trastámara, una dinastía que inauguró Enrique II tras la guerra civil contra su hermano Pedro I el Cruel en el año 1369 y que se extinguió con la muerte de Juana I de Castilla ya que el único hijo varón de los Reyes Católicos, Juan, murió sin descendencia.

Con el nacimiento del hijo de Juana, Carlos I, se inaugura la dinastía de los Austrias en 1555 que terminaría con la muerte sin descendencia de Carlos II el Hechizado en 1700. También fue la dinastía de la Corona de 1412 a 1555 de Aragón y del reino de Navarra de 1512 a 1555. A partir de ahí comenzaría la de los Borbones con Felipe V, que es la que tenemos actualmente.

La historia de la Casa de Trastámara es tan poco conocida como apasionante ya que supone un punto de inflexión en nuestra historia trajo verdaderos cambios. Su nombre cuyo origen está en una rama menor de la Casa de Borgoña, proviene del latín: Tras Tamaris, es decir, más allá del río Tambre, en Galicia.

El primer Trastámara: Enrique II

Después de asesinar a su hermano Pedro I el Cruel, Enrique II inaugura la dinastía subiendo al trono. El nuevo rey era un auténtico animal político, ambicioso y dotado de una gran inteligencia que se encargó, tal y como sostiene Stanley Payne “se enfrentó a la tarea de construir una monarquía efectiva basada en un acto de usurpación realizado por un bastardo de la familia real. Sus objetivos principales eran fortalecer el poder de la Corona, establecer una oligarquía de nobles que sirviera de sostén al trono y consolidar la victoria alianza franco-castellana contra Inglaterra”.

Un nuevo ordenamiento en el poder

El joven monarca enseguida se dio cuenta de que el panorama con respecto a los nobles había cambiado radicalmente al haberse quedado estos arruinados tras la cruenta y larga guerra civil (tanto sus adversarios como sus seguidores).

Era el momento de rehacer todo, de empezar creando una nueva aristocracia a la que tener controlada ahora que la vieja estaba, literalmente, “fuera de combate”. Este fue el origen de la nobleza clásica castellana de finales de la Edad Media y comienzos de la Edad Moderna: los aristócratas conocidos como “grandes de España”. Tan solo seis títulos anteriores a 1369 poseen dicha categoría.

Enrique II quería tener controlados a los nobles y para ello usó tácticas llenas de astucia otorgándoles tierras y privilegios. No sólo eso, también los colocó a trabajar en cargos públicos que hizo hereditarios lo que les otorgaba mayores beneficios económicos.

El refuerzo de la autoridad monárquica

La dinastía Trastámara inició muchas cosas pero lo más destacable fue el refuerzo de la monarquía, algo que hasta entonces no existía ya que los nobles acumulaban muchísimo poder. Esto trajo consigo que Castilla, por ejemplo, se convirtiera en una gran potencia europea gracias, en buena parte, al florecimiento de la burguesía y el aumento de las exportaciones, por ejemplo de la lana.

La culminación de esta tarea se llevó a cabo con la obra de los Reyes Católicos que, además de unir las dos Coronas, la de Castilla y Aragón, anexionaron Navarra. Para ser exactos fue obra de Fernando el Católico, ya que dicha anexión tuvo lugar en 1512 mientras que la muerte de Isabel I de Castilla fue en 1504. Además Enrique obtuvo también el beneplácito de la jerarquía eclesiástica castellana ratificando todos sus derechos. Todas las líneas maestras de su reinado hicieron que la monarquía s convirtiera en algo fuerte.

Juan I de Castilla, (1406-1454).
Comenzó su reinado tomando el poder su madre a modo de regencia y por su tío Fernando I de Aragón. Su hijo y sucesor, Enrique IV de Casilla (1454-1474) “sufrió” un pequeño paso atrás en la autoridad monárquica frente al poder de los nobles y validos, como por ejemplo con Juan Pacheco y Beltrán de la Cueva. Enrique IV lo nombró marqués de Villena en 1445 por haber luchado junto a él en la batalla de Olmedo.  Se esforzó por limitar la tendencia de las prerrogativas de la alta aristocracia.

Enrique III el Doliente (1390-1406).
Estuvieron de nuevo marcados por una guerra civil entre la baja y la alta aristocracia que terminó favoreciendo a la primera.

Juan II de Castilla (1406 y 1454).
Es muy interesante señalar que fue hijo de Enrique III y de Catalina de Lancaster, una dinastía inglesa que protagonizaría la famosa guerra de las Dos Rosas (Lancaster contra York). Cuando Juan era pequeño su padre falleció por lo que la madre, Catalina de Lancaster, ejerció la regencia junto al tío paterno del niño, Fernando de Antequera. Durante su minoría de edad se reanudó la guerra contra el reino nazarí de Granada.

En 1412 tuvo lugar el Compromiso de Caspe (1412),de gran importancia ya que entró ahí, en la Corona de Aragón, la dinastía Trastámara.

Enrique IV (1454-1474).
Lo más reseñable de este monarca es que fue el hermano de la futura Isabel I de Castilla, nombrada reina tras la muerte de Enrique. Además, fue el padre de Juana la Beltraneja, apodada así porque se creía que la reina Juan de Portugal era la amante de Beltrán de la Cueva.

Isabel la Católica (1474-1504).
Con su matrimonio con Fernando II de Aragón se unificaron las coronas creándose lo que se llamó Monarquía Hispánica que no España. En 1512, además, Fernando anexionó Navarra. Con ellos, se sentaron las bases de la monarquía moderna.

Juana I de Castilla (1504-1555).
A pesar de que, tras la muerte de su esposo Felipe el Hermoso, Juana fue recluida en el castillo de Tordesillas para el resto de su vida, las cortes castellanas jamás la desposeyeron de su título de reina. Eso sí, el que reinó de facto fue Carlos I de España que ya fue el primer Austria.

Referencia:

Payne, S. Historia de España. La España Medieval. 1985. Editorial Playor.

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