Prostitución y placer en el Japón Tokugawa

La era Tokugawa fue propicia para la creación de barrios de prostitución en las grandes ciudades japonesas.

Durante el shogunato Tokugawa, un dilatado período que se prolongó entre los años 1603 y 1868, Japón legalizó ciertas formas de prostitución y dio protección legal a las mujeres que la ejercían. En este período histórico, el concubinato y el trabajo sexual se percibían como un mal necesario, una fuente de placer lícita junto con el teatro kabuki y otras formas de recreo.

Cuando se legalizó la prostitución

Oiran concubina
Una oiran o prostituta de alto rango. Imagen: Wikicommons

Con la permisión de este tipo de actividades, el shogun buscaba contener y controlar aquellos comportamientos mal aceptados, como el consumo de alcohol o las apuestas, que se aparejaban a la vida nocturna, a los espectáculos teatrales y a la sensualidad. Bajo el dominio directo del estado, se pretendía tanto reducir la criminalidad como regular el creciente número de prostíbulos ilegales.

Para ello, se crearon barrios bien delimitados dentro de las ciudades donde las mujeres podían ofrecer sus servicios eróticos. Las áreas de Shinmachi en Osaka y Shimabara en Kyoto, por ejemplo, se convirtieron en distritos de placer.

El perímetro de Yoshiwara, en Edo (la actual Tokyo), estaba rodeado por una muralla y solo se podía acceder a su interior a través de una única puerta, lo que facilitaba el control de los accesos y la circulación entre la zona de tolerancia y el resto de la ciudad. El señor feudal Toyotomi Hideyoshi (1536-1598) fue el primero en concentrar la prostitución en zonas concretas de las ciudades. Los cambios en la gestión de la prostitución se produjeron tras el colapso del feudalismo y el posterior período de guerra civil que se prolongó entre 1467 y 1568.

Las prostitutas residían en los barrios de placer (yūkaku) por decreto. Una de las condiciones impuestas por el shogunato cuando, en el año 1617, permitió el desarrollo del barrio de Yoshiwara en Edo como distrito de placer fue que las concubinas residieran dentro de sus límites.

Edo era entonces una ciudad floreciente que atraía a un gran número de población masculina (guerreros, artesanos, comerciantes) ávidos de participar como compradores en el mercado del sexo. Esta concentración geográfica ayudó a presentar a las cortesanas como profesionales especializadas que trabajaban bajo contrato y disponían de amparo legal. Es, además, un momento en el que las mujeres, en general, se incorporaron al mercado laboral y empezaron a aceptar trabajos fuera de casa.

¿Cómo eran las cortesanas del Japón Tokugawa?

Hirosige puerto
Los puertos traficados y los lugares de peregrinación atraían a potenciales clientes del mercado sexual. Imagen: Wikicommons

En las zonas de prostitución existía una marcada jerarquía entre las trabajadoras del sexo, reflejo de la jerarquización general de la sociedad japonesa de la época que seguía el modelo del sistema clasista del clan Tokugawa. La belleza y las propias habilidades determinaban la pertenencia a un estrato determinado.

En su modelo de estratificación social, el shogunato dividió a las mujeres en dos grandes categorías: las esposas y las prostitutas. Las primeras debían obediencia a sus maridos; las segundas, al estado. Muchas mujeres se vieron abocadas a ejercer la prostitución para sostener a familias pobres o empobrecidas por reveses económicos.

El shogunato daba reconocimiento legal a las hijas que se prostituían temporalmente para ayudar a sus padres y las tutelaba. Este tipo de prostitución se denominaba kōshō y constituía la forma de prostitución legal y regulada.

El kōshō convivía con otras modalidades como la prostitución privada (shishō), las trabajadoras que ofrecían sus servicios en los baños públicos (yuna) y la prostitución oculta. Muchas otras prostitutas trabajaban en posadas a lo largo de las rutas comerciales, en los puertos o en las cercanías de lugares de peregrinación, es decir, en áreas traficadas con un gran número de clientes potenciales.

Las prostitutas de menor rango residían en la zona más externa de los barrios. Las cortesanas de alta categoría como las keisei, las yūjo y las oiran servían a hombres de una cierta riqueza y a menudo competían con las geishas en el sector de entretenimiento. Este auge del trabajo erótico tuvo un fuerte impacto en las publicaciones de la época. No solo se multiplicó la producción de libros y guías informativas sobre los barrios de placer, sino que también se publicaron textos destinados a mejorar la formación intelectual de las cortesanas.

Hacia el final de la era Tokugawa, sin embargo, la presión del crecimiento económico empujó a la desregularización del oficio de cortesana, lo que debilitó su posición profesional. Se prefirió incrementar los beneficios y acelerar el crecimiento económico en detrimento de dar protección a los derechos de las mujeres que se prostituían para auxiliar a sus familias. La prostitución se plegó a las leyes de mercado y, como toda actividad capaz de generar grandes beneficios, impulsó la creación de burdeles gestionados por la criminalidad organizada. En consecuencia, creció la estigmatización del trabajo de prostituta.

Referencias

Lindsey, W. R. 2007. Fertility and Pleasure: Ritual and Sexual Values in Tokugawa Japan. Honolulu: University of Hawai’i Press.

Seigle, C. S. 1993. Yoshiwara: The Glittering World of the Japanese Courtesan. Honolulu: University of Hawai’i Press.

Stanley, A. 2012. Selling Women: Prostitution, Markets, and the Household in Early Modern Japan. Berkeley: University of California Press.

Erica Couto

Erica Couto

Historiadora y aprendiz de batería. Literatura y cine de terror las 24 horas. Las ruinas me hacen feliz

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