Primer encuentro entre Hernán Cortés y Moctezuma

Hernán Cortés llegó a Tenochtitlán en noviembre de 1519 donde conoció a Moctezuma y quedó impresionado por la capital mexica

Hace medio milenio un grupo de castellanos llegó a una de las ciudades más grandes del momento. La humanidad estaba a punto de contemplar uno de los encuentros culturales que pasarán a la historia, de un lado el conquistador Hernán Cortés, enfrente el emperador de los mexicas, Moctezuma.

Pocas veces en la historia se ha vuelto a repetir un mayor choque cultural entre dos civilizaciones. En 1519, un grupo de españoles se adentraron desde la costa de Yucatán hasta Tenochtitlan, la capital del imperio mexica, en la actual Ciudad de México. Allí, quedaron maravillados ante la imponente ciudad mesoamericana.

Estos europeos entraron en la urbe más grande que habían pisado y que jamás pudieran imaginar. “Los que con nuestros propios ojos la vemos, no la podemos con el entendimiento comprender”, advertía de su fascinación un año después Cortés en su carta al recién nombrado emperador Carlos. El capitán imaginaba que en la plaza central entrarían dos Salamancas, una de las ciudades más importantes de España. El conquistador estimaba que era más grande que Sevilla y Córdoba juntas, y que el templo mayor superaba la alzada de la Giralda.

Dos elementos fascinaron a los castellanos, uno de ellos el mercado en el que Cortés sitúa a “70.000 ánimas comprando y vendiendo” cosas que jamás Europa ha visto, olido o probado y que en pocos años serán elementos cotidianos de la dieta. “por no saber sus nombres no las expreso” dirá en la misiva al rey Carlos. Y en segundo lugar el colosal tamaño de los templos.

Además se maravillan porque la ciudad está flotando, rodeada de canales de agua en la que hay un tráfico continuo de canoas. Bernal Díaz del Castillo, uno de los cronistas del viaje, también confiesa sus limitaciones para expresar todo cuanto allí vieron. Igual que los mexicas se quedan sin referencias reales para asimilar lo que están viendo, Bernal acude al Amadís de Gaula, el libro de caballerías más famoso en la España de la época, y más que probable al capítulo en el que se describe el palacio y la torre de la Ínsula Firme. “Esta torre estaba asentada en medio de una huerta, la más hermosa de árboles y otras yerbas de todas naturas, y fuentes de agua muy dulce que nunca se vio”. Nos quedamos admirados, y decíamos que parecía a las cosas de encantamiento que cuentan en el libro de Amadís.

Por parte de los mexicas, el impacto es también notable. Además de las barbas y el color claro de piel de los españoles, les fascinan y aterran los caballos, nunca antes vistos por esos lares. La primera impresión de los totonacas fue la de unas bestias altas con cuatro patas, dos cabezas, una animal y otra humana. También les atemorizan los grandes canes que acompañan a la expedición y que serán utilizados como arma de guerra durante la conquista.

El brillo del acero europeo también reluce con fuerza en los ojos de los mexicas. Empiezan a creer que pueden ser verdaderas las historias de que estos seres pálidos han salido de montes o torres que flotan sobre el agua. Incluso llegan a creer que puedan lanzar truenos a su antojo. No tardarán en ver que los truenos salen de la punta de esa especie de varas que llevan algunos de ellos.

La fascinación era compartida aquel 8 de noviembre de 1519 en el que los españoles llegaron a la capital mexica y se produjo el esperado encuentro entre los representantes de dos imperios, Cortés en nombre de Carlos V, y el propio tlatoani, Moctezuma.

Probablemente la reunión se produjera en la actual localización del Hospital de Jesús en la ciudad de México, a pocos metros de El Zócalo. Desde las filas castellanas, se ve cómo un grupo de hombres van barriendo el suelo, tras ellos otro porta un cayado, unos pasos más atrás una litera decorada con plumas verdes, un elemento muy apreciado por los mexicas, y bordados de hilos de plata y oro, intercalados con jade y algunas flores.

Antes de que el emperador baje al suelo, un grupo de reyes de Tacuba, Texcoco y Tlatelolco da la primera bienvenida, con el saludo habitual, besándose la mano después de haber tocado el suelo. A los españoles les impresionan los trajes de jaguar de algunos guerreros fabricados con la propia piel del animal y con la cabeza del mismo encima de la del soldado. Después, el emperador mexica desciende de su litera con una capa y un tocado de plumas verdes, sandalias decoradas con oro y piedras preciosas, un bezote de piedra pulida en el labio inferior con la forma de un colibrí azul, las decoraciones turquesa de la nariz y las grandes orejeras. Moctezuma avanza sin pisar el suelo ya que otros hombres se anticipan y le alfombran el recorrido con mantas. Ninguno de los hombres que le rodea se atreve a mirarle a la cara.

Cortés hace lo propio de su caballo, se acerca al emperador mexica y se cree que intentó darle un abrazo, pero unos criados le detuvieron, y acabaron dándose la mano. Según Cortés y varios testigos, el español, con la intermediación de los traductores dijo algo así como: “¿Es verdad que eres tú Moctezuma?”. “Sí, soy yo”, a lo que añadiría alguna fórmula habitual como “me inclino ante ti” o “beso tus pies”. Cortés se quitó un collar de perlas y se lo puso al emperador. Moctezuma respondió al gesto con una indicación a un criado que dio a Cortés dos collares de conchas de caracol rojo , de los que colgaban ocho camarones de oro, seguramente relacionado con Quetzalcóatl.

Los mexicas condujeron a sus invitados al palacio de Axayácatl, el hogar del padre de Moctezuma, donde los españoles dispararon los arcabuces y cañones para celebrar la entrada. Los castellanos comieron el pavo y las tortillas y esperaron hasta la noche cuando Moctezuma dijo que vendría y se produciría la primera gran charla entre los representantes de estos dos mundos que estaban a punto de colisionar y fundirse.

Referencia:

Díaz del Castillo, Bernal. Historia verdadera de la conquista de la Nueva España López de Gómara, Francisco. Historia de la conquista de México

Thomas, Hugh. La conquista de México

 

 

 

 

PIE FOTO

Entrada de Cortés en México. Library of Congress

 

 

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