Las mujeres toman el laboratorio

Marie Curie fue solo una de tantas mujeres que consiguieron importantes logros científicos en una época en la que la ciencia parecía ser cosa de hombres.

Marie Curie

En el Siglo de las Luces, cuando en París y Versalles todo era boato, galanteo y brillo, una mujer destacaba especialmente. Amiga y amante de Voltaire, la marquesa de Châtelet (1706-1749) escribió sus propias obras científicas y tradujo los Principia mathematica de Newton. Y más: Elena Cornaro Piscopia (1646-1684) enseñó matemáticas en la Universidad de Padua, Caroline Herschel (1750-1848) descubrió el planeta Urano y Maria Sibylla Merian (1647-1717) probó que los insectos nacen de huevos.

 

No puede pasarse por alto a Sophie Germain (1776-1831), que trabajó en el último teorema de Fermat, el cual proporcionó a los futuros matemáticos una amplia base para abordar la conjetura que tardó en resolverse más de cien años tras su muerte. Y tampoco a Marie-Anne Pierrette Paulze (1758-1836), “la madre de la química moderna”, con frecuencia solo recordada por ser la esposa del científico Antoine Lavoisier.

 

Algunas científicas contaron con el apoyo familiar y con estudios importantes, pero otras hubieron de ser por fuerza autodidactas, como Mary Somerville (1780-1872), que escribió Geografía física, libro de referencia hasta el siglo XX. Gracias a él fue nombrada miembro de la Sociedad Estadística y Geográfica Americana y de la Sociedad Geográfica Italiana, y le concedieron la Medalla de Oro de la Real Sociedad Geográfica.

Somerville fue amiga y modelo científico de una pionera de la informática: Ada Lovelace (1815-1852), la primera programadora de la historia. Lovelace creó el primer algoritmo que debía ser procesado por una máquina, la “máquina analítica” desarrollada por el matemático Charles Babbage. Pese a su talento, Ada hubo de firmar sus trabajos con las iniciales A.A.L. para que no la censurasen por ser mujer. Su género debería haber quedado en segundo plano, detrás de sus logros, como no debería influir que fuera la hija del poeta Lord Byron. Otra gran ingeniera de la computación fue Grace Murray Hooper (1906-1992), que desarrolló el COBOL, uno de los primeros lenguajes de programación modernos. Mientras investigaba en Harvard, encontró el primer bug (bicho) o error de código documentado.


Reconocimientos y olvidos


Autodidacta fue también la matemática Sofia Kovalévskaya (1850-1891), primera en lograr una plaza de profesora universitaria en Europa. Pero la matemática más relevante de todos los tiempos fue probablemente Emmy Noether (1882-1935), que avanzó en las teorías de anillos, grupos y campos. Y antes que ella, destaca una española, María Andrea Casamayor y de la Coma (1700-1780), cuyo trabajo ayudó a desarrollar las matemáticas aplicadas. Entre sus libros importantes está Tirocinio aritmético. Instrucción de cuatro reglas llanas que saca a la luz Casandro Mamés de la Marca y Araioa (1738), donde enseña a sumar, restar, multiplicar y dividir de forma fácil, e intenta aplicarlo a distintos oficios. Casandro era el seudónimo de la autora, obligada a firmar con nombre de varón.

En astronomía, Henrietta Swan Leavitt (1868-1921) descubrió la relación periodo-luminosidad y más de 800 estrellas en solo un año. Su labor abrió el camino para conocer la escala del universo y en 1925 hubo un intento de nominarla para el Premio Nobel. Era tarde, pues no se recibe a título póstumo.

Ida Tacke (1896-1978) fue la primera en plantear la fisión nuclear y Lise Meitner (1878-1968) descubrió la fisión del átomo. Unos años después se daría el Nobel de Física por este descubrimiento, pero no a Lise, sino a su colaborador Otto Hahn, que negó la participación de ella. La que sí ganó el Nobel (en realidad, dos) fue Marie Curie (1867-1934). El primero, de Física, lo compartió con su marido en 1903, y el segundo, de Química, lo recibió en solitario en 1911. Marie fue una excepción, pues ya era famosa de joven por su descubrimiento del radio y tuvo reconocimientos notables. Su hija, Irène Joliot-Curie, heredó su pasión por la ciencia y en 1935 fue galardonada con el Nobel de Química.

 

 

Más información sobre el tema en el artículo Mujeres en el laboratorio de Laura Manzanera.Aparece en el especial MUY HISTORIA, dedicado a Pioneras. Ellas abrieron el camino.

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