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Historias de piratas

La mujer a la que temían todos los piratas

Llegó a contar con una flota de 1800 naves y más de 80 000 hombres y mujeres a su mando

Durante los años dorados de la piratería, uno de los nombres y hombres más poderosos fue Barbanegra. Pese a su fama posterior, las huestes de este pirata que vivió entre 1680 y 1718, no sobrepasaron los 600 hombres y las 4 naves. Y aún así su fama en Occidente al menos, es muy conocida. Pero si vamos a hablar de piratas quizás sea hora de mencionar a Ching Shih: comandó más de 1800 barcos piratas y tenía a sus órdenes más de 80 000 hombres y mujeres, según el relato de Richard Glasspole, empleado de la Compañía de las Indias Orientales que fue capturado por esta pirata a finales de 1809 a lo largo de 3 meses.

La “carrera” de Ching Shih, también conocida como Zheng Yi Sao, comenzó cuando se casó con Cheng I, comandante de la Flota Bandera Roja de barcos piratas. Este líder había logrado unir muchas organizaciones piratas chinas rivales y se casó con Ching Shih cuando esta tenía 26 años en 1801. A partir de ese momento ella "participó plenamente en las actividades de piratería", escribe la experta en historia Dian H. Murray en Pirates of the South China Coast, 1790-1810.

La historia cuenta que Cheng buscó a su novia debido a su reputación de astuta empresaria: Ching Shih aparentemente usó los secretos que aprendió como prostituta para ejercer poder sobre sus clientes ricos y políticamente conectados. Apenas comenzó el matrimonio, Ching Shih exigió un control equitativo de la flota pirata. Su deseo le fue concedido pero a los 6 años Cheng I murió (no se sabe si por un tsunami o en plena batalla) pero su muerte dejó a Ching Shih en una posición precaria. El puesto de líder debía ser ocupado por el hijo adoptivo de su marido, Cheung Po Tsai, pero Ching Shih logró mantener el poder. “Los barcos piratas a menudo tenían algunas mujeres a bordo, pero no está claro hasta qué punto eran piratas – explica Murray en su libro –. A diferencia de Occidente, en el sur de China no existía el estigma asociado a que las mujeres estuvieran a bordo de un barco o que trajeran mala suerte con el barco. Sin embargo, no habría sido fácil para nadie, y mucho menos para la viuda de un pirata, controlar a tantos forajidos”.

 

Código de Piratas

Ching Shih unificó la enorme flota de piratas, descripta por Glasspoole, usando un código de leyes. El código era estricto y establecía, por ejemplo, que cualquier pirata que desobedeciera las órdenes un superior debía ser decapitado en el acto. El código era particularmente inusual en sus leyes con respecto a las mujeres cautivas. Si un pirata violaba a una mujer cautiva, sería ejecutado. Si el sexo entre los dos era consensuado, ambos serían ejecutados. A las mujeres cautivas se les daba cuartos separados, se registraba su lugar de procedencia. Si un pirata tomaba a una cautiva como esposa, debía serle fiel. “Independientemente de lo que pensaran de ella – añade Murray –, parece claro que los piratas respetaron y obedecieron su autoridad. De hecho fue la única en la que puedo pensar que pudo asegurar pensiones para su tripulación”.

Su poder en la región era tal que nunca perdió una batalla, pese a enfrentarse a los buques de la dinastía Qing, a la armada portuguesa y a la Compañía de las Indias Orientales que hasta planearon alianzas para vencerla. Pero su racha no podía durar para siempre y lo sabía. Por eso se retiró en la cresta de la ola: Ching Shih finalmente se retiró en 1810 al aceptar una oferta de amnistía del gobierno chino, que pagó para que deje de piratear. Al hacerlo contaba con 17 318 piratas, 226 barcos, 1315 cañones y 2798 armas variadas.

Murió en 1844, a la edad de 69 años. El legado que dejó fue tal que hasta inspiró a un personaje de Piratas del Caribe: la poderosa Mistress Ching lleva su recuerdo.

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