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La mayor derrota de Napoleón fue ante un ejército…. de conejos

Ocurrió antes de la batalla de Waterloo, en 1807, en el momento más importante de su carrera

Batallas del pasado
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De acuerdo con la historia, la estrategia militar y los relatos de los supervivientes, la peor derrota de Napoleón se produjo en la batalla de Waterloo, en 1815. Sin embargo, hubo una que, sin ser la peor, sin duda fue su derrota más humillante. Ocurrió unos años antes, en 1807, cuando el poderoso Emperador de Francia no había cumplido los 40 años aún. En aquel momentosu imperio abarcaba gran parte de Europa: Francia, parte de España, Polonia, casi toda Italia, Países Bajos, Suiza…  Cinco años después los únicos territorios europeos que no pertenecerían a él serían básicamente Portugal, Suecia, Gran Bretaña y el Imperio Otomano.

Aquel año, en 1807, estaba en el apogeo de su poder, había vencido a los rusos y austríacos en la batalla de Austerlitz y humillado a los prusianos en las batallas de Jena-Auerstedt. Culminó su serie de victorias con los Tratados de Tilsit, que pusieron fin a la Guerra de la Cuarta Coalición en su contra. Puedo que no fuera respetado, pero sin duda era temido… tanto que los británicos se referían a él cuando querían asustar a los más pequeños.

Para celebrar su éxito, el pequeño emperador decidió celebrar una gran fiesta y ordenó a su jefe de personal, Alexander Berthier, que organizara una caza de conejos e invitara a los altos mandos militares. Berthier preparó un almuerzo al aire libre y recogió unos 3000 conejos. Los pequeños roedores estaban colocados en jaulas a lo largo de los márgenes de un campo de hierba, esperando a ser liberados… y cazados al instante por los favoritos de Napoleón y por el mismísimo emperador. Solo que nada salió como estaba planeado. Cuando los conejos fueron liberados, en lugar de huir aterrorizados lejos de los cazadores, fueron directamente a por el emperador.

Lógicamente, al principio, Napoleón y sus amigos no hicieron más que tomárselo a broma al ver a las pequeñas criaturitas dirigiéndose hacia ellos. Las risas duraron muy poco. Los conejos comenzaron a rodear a los franceses, a subirse por sus piernas y luego por su cuerpo. El historiador  británico David Geoffrey Chandler, especializado en la era napoleónica, el emperador trató de desprenderse de ellos con su fusta, mientras que los que lo rodeaban intentaron ahuyentarlos con palos. Sin embargo, eran demasiados y Napoleón huyó a su carruaje. “Con una mejor comprensión de la estrategia napoleónica que la mayoría de sus propios generales – explica Chandler –, la horda de conejos se dividió en dos frentes y rodeó los flancos del grupo y se dirigió hacia el carruaje imperial”.

Algunos llegaron a subir al carruaje, mientras Napoleón ordenaba a los cocheros que partieran rápidamente. Aparentemente todo el problema fue una cuestión de estrategia: Berthier, en lugar de capturar liebres salvajes, había comprado conejos domesticados, completamente acostumbrados a la gente. Cuando fueron liberados de sus jaulas, en lugar de huir, saltaron hacia ellos con la esperanza de recibir comida. Waterloo y la campaña a Rusia serían recordadas siempre por los historiadores como las grandes derrotas del francés, pero los conejos no solo le derrotaron, también le humillaron.

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