La carrera por los descubrimientos

Portugal parecía ganar la carrera, pero el descubrimiento de América lo cambió todo.

Vasco de Gama

Los descubrimientos colombinos que aventuraban la posibilidad de llegar a Oriente a través del Atlántico incentivaron a los lusos en su ruta africana hacia Asia, pues el Tratado de Tordesillas les impedía viajar hacia poniente. Por ello, y ante la posibilidad de que los españoles pudiesen llegar por la nueva ruta a Oriente antes que los portugueses, su nuevo rey Manuel I dio el empujón definitivo a la vía africana a Asia. Así, aprovechando el descubrimiento de Díaz, el rey luso ordenó a Vasco de Gama insistir en la ruta, zarpando de Lisboa en 1497. En 1498, al mando de cuatro naves y tras recorrer más de seis mil kilómetros de mar abierto para aprovechar los vientos (la ruta marítima más larga efectuada hasta la fecha sin escalas), logró doblar de nuevo el cabo. Seguidamente ascendió por el Índico hasta alcanzar Mozambique, en donde ya se encontró con comerciantes indios. De ahí prosiguió hasta Kenia y, tras entablar contacto con las autoridades musulmanas locales, no siempre pacíficas, llegó a la costa malabar, cerca de Calicut, en mayo de ese año, estableciendo los primeros contactos comerciales. Se había abierto el camino a la India y Portugal había ganado la carrera de las especies, a pesar de que la distancia recorrida había sido enorme.

En los años siguientes, los lusos extendieron sus bases comerciales hasta Goa, en la misma costa india, Ceilán, Timor Oriental en Indonesia y Cantón y Macao en China, estableciendo una tupida red de enclaves comerciales. Sin embargo, a pesar de sus vastos descubrimientos y salvo en ciertas zonas de África, no pudo conquistar y colonizar amplios territorios como sí hizo Castilla en América. India y Oriente, en general, tenían estructuras sociales y políticas consolidadas a las que era muy difícil someter política y militarmente. Sus gobernantes tenían ejércitos y dominaban las tecnologías de la metalurgia y de la navegación. Además, en el plano comercial debían competir con mercaderes chinos y, sobre todo, árabes que, por otra parte, tenían gran experiencia marinera y con los que incluso se enfrentó violentamente en choques armados para lograr instalar sus factorías comerciales.

Castilla se encontró, en cambio, en América un terreno virgen comercialmente hablando, sin competencia alguna y con débiles sociedades nativas, tecnológicamente muy atrasadas, que fueron relativamente fáciles de dominar. Ello le permitió levantar un imperio mucho más extenso y, en pocos años, lograr mayores beneficios económicos que Portugal.

Al poco tiempo de los hallazgos de Colón ya era bastante evidente, aunque no para él (murió en 1506 convencido de haber llegado al extremo oriental asiático), que las tierras encontradas no eran el ansiado Oriente, y que Cuba y el resto de las Antillas descubiertas no eran parte de Asia. Tras poner pie en el continente en 1498, en menos de tres décadas los españoles se desparramaron por toda América central y entraron en contacto con los aztecas, al tiempo que siguieron buscando una ruta que les llevase al lejano Cipango, a Catay, a las islas de las Especias (las Molucas) y a las Indias orientales. Aunque en las nuevas tierras se habían descubierto nuevos productos, alimentos y oro, seguían sin encontrarse las preciadas especias asiáticas, por lo que era preciso tratar de insistir en llegar a Asia por una ruta distinta a la de los portugueses. En estos periplos, el extremeño Vasco Núñez de Balboa descubrió el océano Pacífico en septiembre de1513, tras atravesar el actual Panamá, al que bautizó como “Mar del Sur”, tomando posesión de él en nombre del rey Fernando (Isabel ya había muerto). Este acontecimiento fue decisivo y enseguida se tomó conciencia de la enormidad del nuevo océano y que, con toda seguridad, el camino hacia las Indias Orientales pasaba por cruzar ese nuevo mar. El problema radicaba en cómo sortear la barrera de tierra que suponía el continente americano. Los marinos insistían en que era imposible que la franja continental se extendiese de polo a polo, y que debía haber algún paso o canal en algún punto de América que era preciso encontrar. Pero al no existir todavía ningún mapa del continente, la única opción era ir navegando por la costa y, mientras se cartografiaba, tratar de hallar la ruta que permitiese el acceso al nuevo mar.

 En busca del camino a Oriente

En esos años fueron decenas de navegantes, casi todos al servicio de la corona española, los que trataron de encontrar el legendario Estrecho de Anián que, según las leyendas acuñadas desde los tiempos de Marco Polo, era el acceso desde Occidente a las provincias más orientales de Catay (China). Primero fueron los hermanos Pinzón y Américo Vespucio los que en los inicios del siglo XVI fueron explorando las costas de toda Centroamérica y de las actuales Colombia, Venezuela y Guayanas. Poco después, fue Juan Díaz de Solís con instrucciones precisas de Fernando el Católico, quien siguió descendiendo por el continente tratando de encontrar el camino hacia el océano Pacífico y Oriente. A tal efecto fue nombrado almirante y piloto mayor de Castilla, sucediendo en el cargo a Vespucio. La expedición de Díaz de Solís estuvo envuelta en el más absoluto secreto para evitar ser detectada por los espías portugueses y que estos la sabotearan.

No querían perder el monopolio del comercio de las especias que les aseguraba la exclusividad de la ruta africana, por lo que estaban dispuestos a impedir que España encontrase un posible paso a Oriente más corto que su vía africana. De hecho, trataron de destruir los barcos que estaban en el puerto de Lepe, por lo que debieron trasladarse a Sevilla y luego a Sanlúcar de Barrameda.

 

Más información sobre el tema en el artículo Castilla vs. Portugal de Juan Carlos Losada. Aparece en el MUY HISTORIA, dedicado a Aventureros de lo imposible. Elcano, Magallanes y otros grandes exploradores.

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