La boda de Juana la Loca y Felipe el Hermoso en Flandes

Se celebró el 21 de octubre de 1496 y de ella resultó la unión de los reinos de Castilla y Aragón con la Casa de Habsburgo, germen de los Austrias en España.

Juana la Loca y Felipe el Hermoso

Siguiendo la costumbre de la Europa de la época, Isabel I de Castilla y Fernando II de Aragón, los Reyes Católicos, negociaron los matrimonios de todos sus hijos con el fin de asegurar objetivos diplomáticos y estratégicos. De este modo, para reforzar los lazos con Maximiliano I de Habsburgo, archiduque de Austria y emperador electo del Sacro Imperio Romano Germánico, y debilitar a los monarcas franceses de la dinastía Valois, ofrecieron a su hija Juana en matrimonio al hijo de Maximiliano, Felipe. A cambio de este enlace, los Reyes Católicos pedían la mano de la hija del de Habsburgo, Margarita de Austria, como esposa para el príncipe Juan. Con anterioridad, Juana había sido considerada como posible esposa para el delfín Carlos, heredero del trono francés, y asimismo, en 1489, pedida en matrimonio por el rey Jacobo IV de Escocia, de la Casa Estuardo.

En agosto de 1496, Juana partió de Laredo (Cantabria) con rumbo hacia Flandes, donde residía su futuro esposo, al que nunca había visto hasta entonces. Viajó a bordo de una carraca genovesa al mando del capitán Juan Pérez; la flota incluía –para demostrar el esplendor de la corona castellano-aragonesa a las tierras del norte, así como su poderío al hostil rey francés– otros 19 buques, entre naos y carabelas, con una tripulación de 3.500 hombres. Se le unieron además unos 60 navíos mercantes que transportaban la lana que cada año exportaba Castilla a Flandes. De este modo, la expedición se convirtió en la mayor flota en misión de paz montada hasta entonces por los castellanos. La travesía tuvo algunos contratiempos y así, el 31 de agosto, tuvieron que refugiarse en Portland (Inglaterra). Un poco después, una carraca genovesa que transportaba a 700 hombres, las vestimentas de Juana y muchos de sus efectos personales encalló en un banco de piedras y arena y hubo de ser abandonada.

Al llegar a destino, Juana no fue recibida en persona por su prometido, al que llamaban el Hermoso (apelativo que le había puesto el rey Luis XII de Francia). La causa: la oposición de los consejeros francófilos de Felipe a las alianzas de matrimonio pactadas por su padre el emperador. Aún en aquella fecha, estos albergaban la esperanza de convencer a Maximiliano de la inconveniencia de una alianza con los Reyes Católicos y las virtudes de unirse a los Valois. No obstante, la boda se celebró finalmente el 21 de octubre de 1496. El ambiente de la Corte que encontró Juana era radicalmente opuesto al de la sobria y religiosa Corte de Fernando e Isabel: la borgoñona-flamenca era desinhibida, festiva y opulenta, gracias al comercio de tejidos que dominaban desde hacía siglo y medio.

Aunque los futuros esposos no se conocían, se enamoraron locamente al verse. No obstante, después de casados, Felipe pronto perdió el interés en Juana, lo que hizo nacer en ella unos celos que algunos historiadores han calificado de patológicos y aducido como la supuesta semilla de su posterior "locura", tras la temprana muerte de su marido (en 1506, con 28 años; en la imagen que ilustra este artículo Juana vela su féretro). Pero antes, el 24 de noviembre de 1498, en la ciudad de Lovaina (cercana a Bruselas), nació la primogénita de los cónyuges, Leonor, así llamada en honor de la abuela paterna de Felipe, Leonor de Portugal. Pese al avanzado estado de gestación de su segundo embarazo, del que nacería Carlos (el futuro primer rey de la Casa de Austria en España y emperador electo del Sacro Imperio Romano Germánico; es decir, Carlos I de España y V de Alemania), el 24 de febrero de 1500 Juana asistió a una fiesta en el Palacio de Gante. Aquel mismo día tuvo a su hijo, según se dice, en los lavabos del palacio. Y al año siguiente, el 18 de julio de 1501, en Bruselas, nació su tercera hija, llamada Isabel como su abuela materna, la reina de Castilla.

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