Juan de Padilla, orgulloso comunero

El hidalgo Juan de Padilla se enfrentó a Carlos V siendo el alma del movimiento comunero, que defendía los principios e intereses de las comunidades castellanas.

Juan de Padilla y los comuneros
Imagen: Wikimedia Commons.

La Guerra de los comuneros o Guerra de las Comunidades fue un levantamiento armado del siglo XVI en el que las principales ciudades de Castilla se opusieron a la autoridad real e intentaron implantar una nueva forma de gobierno que resultara más favorable para los intereses castellanos. En ella se materializaba el rechazo de las autoridades, especialmente los procuradores, y la burguesía urbana hacia las medidas pro-flamencas del recién llegado Carlos I y el descontento social por los cada vez mayores impuestos que buscaban sufragar las campañas en Europa del futuro emperador.

Carlos de Habsburgo, hijo de Juana la Loca y Felipe el Hermoso, asumió el trono de Castilla y Aragón tras la muerte de su abuelo Fernando el Católico en 1516. El joven rey había sido educado en la corte flamenca y cuando llegó a España al año siguiente lo hizo sin hablar el idioma ni conocer las costumbres del país que iba a gobernar y acompañado por un amplio grupo de consejeros extranjeros que no dudaron en colocarse en los mejores cargos y aprovechar la permisibilidad del rey para sacar el oro de las arcas españolas. Las quejas y protestas de Castilla cayeron en saco roto.

Esta situación se acentuó todavía más en 1519, cuando Carlos I fue nombrado emperador y dejó al cargo a Adrián de Utrecht mientras él era investido en Alemania. Con el rey lejos y temiendo que los flamencos pudieran hacer y deshacer a sus anchas, ciudades como Toledo, Segovia, Ávila, Salamanca y Valladolid se alzaron en armas y crearon las comunidades con un sistema de autogobierno que velaba por los intereses de Castilla a través de la Junta Santa de Ávila. Campesinos y trabajadores del pueblo llano, cansados de los abusivos impuestos, aprovecharon la situación para rebelarse ya no solo contra las autoridades reales sino contra el propio sistema señorial. Esto hizo que la alta nobleza, que hasta entonces se había mantenido al margen del asunto, tomara partido en el bando realista y terminara por decantar la balanza.

 

Entra Juan de Padilla

Capitán general en la Guerra de las Comunidades de Castilla, este hidalgo toledano se enfrentó al emperador Carlos I, que había recaudado en Castilla una fortuna para financiar su política en Europa y había dejado como regente a Adriano de Utrecht, un extranjero. La confrontación culminó con la derrota de los comuneros en Villalar y la decapitación de sus líderes, entre ellos Padilla (1490-1521), un acto que aún se conmemora el 24 de abril en Castilla y León.

Muchos historiadores creen que se unió a la rebelión apremiado por las presiones de su esposa y a causa del enfado que le produjo no recibir de Carlos I un título que creía que le correspondía. Su mujer, María Pacheco, pertenecía a una familia noble, la de los Mondéjar, mientras que su rango de caballero era inferior al de ella. De hecho, en los documentos de la época sólo aparece como “Juan de Padilla”, mientras ella recibe el titulo de “Doña”.

En Tordesillas, donde entró triunfalmente, se entrevistó junto con otros jefes comuneros con la reina Juana, recluida en la localidad. No consiguió su apoyo explícito a la rebelión, aunque parece que sí la aprobaba.

 

Un líder natural

Los líderes del movimiento, Padilla, Bravo y Maldonado, fueron ajusticiados el 24 de abril de 1521, al día siguiente de su derrota en la batalla de Villalar. Fue tanta la admiración que otro de los líderes de la revuelta, Juan Bravo, sentía por Juan de Padilla que, poco antes de ser decapitados, este pidió ser ajusticiado primero para no verle morir.

Él mismo pronunció unas palabras históricas: “Ayer era día de pelear como castellanos, hoy es día de morir como cristianos”.

Y la figura histórica de Padilla ha sido tan admirada, que en 1821 inspiró el nacimiento de los Caballeros Comuneros, una sociedad secreta que quería hacer triunfar los principios de las comunidades castellanas.

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