Historia del kilt, el sello de identidad de los escoceses

El kilt apareció en las Tierras Altas de Escocia en el siglo XVII y ha acabado por convertirse en un símbolo de su herencia nacional inconfundible.

Kilts
Imagen: iStock Photos

Hay un dicho en Escocia: “si llevas algo debajo no es un kilt, es una falda”. Con este peculiar refrán, el pueblo de las Tierras Altas bromea y ensalza el que es uno de sus símbolos más distintivos y reconocibles, hasta el punto de que las tiendas de souvenirs y los dibujos animados están plagados de ellos. Pero alejémonos de los estereotipos y clichés nacionales (que todo país tiene) para conocer la verdadera historia de esta prenda de vestir utilizada por rebeldes y poetas.

 

Origen y primeros usos

Antes de ser considerado el ‘Traje Nacional de Escocia’, el kilt pasó por muchos cambios y momentos interesantes que lo elevaron desde prenda de vestir a sinónimo de patriotismo y honor entre los escoceses de pura cepa. ‘Kilt’ es un término del gaélico escocés que se utilizaba para referirse a la acción de envolver el cuerpo con ropa y que acabó empleándose para la propia prenda en sí. Fuentes como la Encyclopedia Britannica defienden que esta palabra deriva del nórdico antiguo kjilt, que poseía un significado similar al dado por los escoceses.

Películas como Braveheart nos mostraron a un gibsoniano William Wallace luchando con kilt a finales del siglo XIII, pero esto no es más que una fantasiosa licencia y un anacronismo tan escandaloso como una gaita mal tocada. El kilt, entendido de forma similar a lo que conocemos hoy en día, aparece a principios del siglo XVII y era una especie de gran capa de lana con la que los hombres del norte de las Highlands se envolvían todo el cuerpo de forma que pudieran moverse con libertad por el escarpado terreno al tiempo que quedaban protegidos del frío y la lluvia. Lo que si existía antes de ese momento eran prendas similares, grandes túnicas que eran utilizadas por los pueblos celtas y pictos desde los tiempos de Roma.

Esta primera versión que se popularizó en el siglo XVII era conocido como kilt largo (feileadh mòr en gaélico). Se trataba de una única pieza de lana de unos cinco metros de largo que se disponía de forma que cubriese tanto el cuerpo como las piernas, sujetándolo con un cinturón y echándose la parte sobrante sobre el hombro y fijándola con un broche. Esta prenda resultaba ser muy versátil ya que según la situación se podía colocar de una forma u otra para que permitiera distintos rangos de movimiento o una mayor cobertura contra la lluvia y, llegado el momento, podía desenrollarse y utilizarse como una manta. En la década de 1720, las tropas escocesas del Ejército Británico comenzaron a emplear esta prenda como parte de su uniforme y esto ayudó enormemente a su popularización.

Ya en el siglo XVIII apareció el kilt corto o kilt de paseo (feileadh-beag). Se trataba de una pieza mucho menos extensa que básicamente se reducía a la parte para las piernas y el cinturón, siendo opcional añadirle un segundo rectángulo de tela para echarse sobre el hombro. El kilt se convirtió en una prenda muy común no solo en las frías Tierras Altas sino en toda Escocia y los hombres lo llevaban en su día a día o incluso en el trabajo, por lo que la necesidad de una versión más ligera y cómoda se vería cubierta por este nuevo kilt de paseo.

Kilt
Imagen: Wikimedia Commons

 

Es también en esta época, entre mediados del XVII y mediados del XVIII, cuando se empiezan a documentar los característicos tartanes. Se trata de un patrón de líneas y bandas que forma una secuencia intercalando unos con otros. Su normalización vino acompañada de una mejor tecnología que simplificaba el proceso por el que se fabricaban vestimentas con estos patrones tan complejos y rápidamente se convirtieron en una especie de seña de identidad. Los clanes escoceses crearon sus propios patrones únicos (en Escocia, actualmente, existen más de 3500 tartanes diferentes) que acabaron por asumir como un elemento más de su heráldica y un motivo de orgullo y de respeto hacia su pasado.

 

Símbolo de rebeldía y prohibición

Cuando en 1745 Carlos Eduardo Estuardo (Bonnie Prince Charlie) desembarcó en Escocia y se puso a la cabeza de un ejército para expulsar del trono a Jorge II, muchos escoceses se unieron a él confiando en que así recuperarían la independencia y las tradiciones que el rey Hannover les había arrebatado paulatinamente. Como luchaban para restaurar el sistema de clanes, fue costumbre que los highlanders adheridos al levantamiento jacobita vistieran el tradicional kilt para marchar a la batalla. Tras la derrota sufrida en Culloden en 1746, las aspiraciones de Carlos Estuardo se desvanecieron y los rebeldes escoceses tuvieron que hacer frente a la dura represión que tenía preparada para ellos el rey Jorge.

Ese mismo año, a través del Dress Act, la corona británica prohibía el uso del kilt y de las prendas con patrones de tartán. Al año siguiente, el Act of Proscription acababa con el sistema de clanes y sumaba a las prohibiciones cosas como hablar y escribir en gaélico, tocar la gaita o llevar espada. Los jefes de los clanes que se sublevaron fueron despojados de sus tierras y muchos de ellos, encarcelados o ejecutados.

Con todas estas medidas, Jorge II pretendía destruir cualquier elemento diferenciador de la cultura escocesa que pudiese usarse como símbolo en una futura sublevación, pero no lo consiguió. La prohibición solo sirvió para fortalecer la identidad escocesa, difundiéndose una imagen romantizada de los highlanders y haciendo que perdurara a través de la literatura. De hecho, era bastante habitual ver a escoceses vistiendo kilt y telas de tartán en ocasiones especiales como bodas o grandes banquetes, como si de un acto de protesta pacífica se tratase.

Para cuando la prohibición fue levantada en 1782, las palabras ‘kilt’ y ‘tartán’ eran sinónimos de Escocia.

Daniel Delgado

Daniel Delgado

Periodista en construcción. Soy de los que puede mantener una conversación solo con frases de ‘Los Simpson’ y de los que recuerda sus viajes por lo que comió en ellos. Es raro no pillarme con un libro o un cómic en la mano. Valhalla or bust.

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