Guerras de religión en la Europa renacentista

La Reforma protestante de Lutero precipitó guerras de religión en varias de las naciones más potentes de la Europa renacentista.

Juan Carlos Losada
Carlos V en la Batalla de Mühlberg

El siglo XVI fue también el de las guerras de religión. En 1492 España había expulsado a judíos y a musulmanes, consiguiendo oficialmente la homogeneización religiosa. La gran crisis vendría con la Reforma protestante de Lutero, que fue aprovechada como pretexto por numerosos príncipes alemanes y centroeuropeos para expropiar los bienes de la Iglesia y dejar de pagar los diezmos. Carlos V, que basaba su concepción del Imperio en la unidad religiosa y en la ortodoxia como base para frenar a los turcos, vio en ello un problema mucho más grave que la amenaza francesa u otomana.

En un primer momento intentó negociar con los protestantes, pero ante su negativa a someterse a las tesis de Roma se recurrió a una guerra que, durante décadas, asoló Alemania. El emperador y sus aliados vencieron militarmente –la batalla de Mühlberg (1547) fue el hito más destacado–, pero la división persistió, alimentada por Francia en sus ansias de debilitar a Carlos V, y al final éste no tuvo otra opción que aceptar la irremediable libertad de culto entre sus súbditos alemanes, en la Paz de Augsburgo de 1555. Este fracaso político y personal lo llevó a abdicar y dejar la corona de España y las posesiones europeas a su hijo Felipe y el trono imperial a su hermano Fernando.

Con Felipe II estalló la rebelión de las provincias de Flandes en 1568. Aunque los motivos de fondo eran políticos y económicos, la chispa que la encendió fue la extensión del protestantismo, sobre todo en las provincias del norte (actuales Países Bajos). Estuvo liderada por Guillermo de Orange, por lo que inmediatamente adquirió el carácter de una guerra de religión en toda regla. Felipe II trató a las provincias flamencas con enorme dureza y envió al duque de Alba para que ejerciera una desmesurada represión, que se volvió en contra de España. La causa de los rebeldes cobró prestigio y fueron apoyados por los príncipes alemanes, Francia y también Inglaterra, fuese por simpatía religiosa o por simple deseo de debilitar a España. Esto llevó a la corona a una guerra interminable, cruel y muy costosa, que no concluyó hasta 1648 con el reconocimiento oficial de la independencia de las regiones rebeldes.

San Bartolomé y otras matanzas

También Francia sufrió en sus carnes terribles guerras religiosas en el siglo XVI, lo que provocó una auténtica parálisis política y favoreció su debilidad crónica ante España. Se extendieron desde 1562 hasta 1598 enfrentando a la nobleza católica contra la protestante, mientras que los débiles reyes trataban de hacer equilibrios entre ambas facciones para conservar el trono, por lo que también fue una pugna por ver quién se hacía con la corona. España, Inglaterra y los distintos príncipes alemanes participaron apoyando a católicos o protestantes a cambio de concesiones territoriales o de apoyos a sus respectivas políticas. El episodio más famoso y brutal de esta contienda civil fue la llamada Matanza de San Bartolomé, acontecida en París en la noche del 23 al 24 de agosto de 1572. En esa jornada fueron asesinados cerca de 3.000 hugonotes (nombre que recibían los protestantes en Francia) por las turbas alentadas y dirigidas por la reina madre, Catalina de Médici. Días después, la masacre se extendió por el resto del país: se calcula el total de muertos en unos 15.000.

Más información sobre el tema en el artículo Europa, campo de batalla global, escrito por Juan Carlos Losada. Aparece en el último monográfico de MUY HISTORIA, dedicado a Poder y lujuria en el Renacimiento.

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Etiquetas: Guerras, Religión

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