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Las incubadoras del siglo XVI

Estos reyes usaron cadáveres de animales como incubadoras

Desde el siglo XVI al menos dos monarcas europeos sobrevivieron a un nacimiento prematuro gracias a ello.

Monarcas en incubadoras
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En la Europa medieval, la tasa de mortalidad infantil era muy alta: casi uno de cada tres niños morían antes de cumplir un año, sin importar si estos eran de la nobleza o de la plebe. Uno de los inventos que más contribuyeron a reducir estas cifras fue la incubadora y aunque se sabe de intentos para crear un ambiente óptimo en cuanto a higiene, temperatura y niveles de oxígeno para el recién nacido desde el siglo XVII, hubo que esperar hasta mediados del siglo XIX para que llegara la primera incubadora infantil. ¿Cómo se hacía antes? La mayoría de la población no disponía de los recursos necesarios para encontrar una alternativa. Pero los reyes y nobles, los que tenían dinero y acceso a los galenos más experimentados de la época, podían hacer algo. Y el primero de ellos fue Luis II de Hungría.

El 23 de marzo de 1502 Ana de Foix, nieta de Leonor I de Navarra, se casó con Vladislao II de Hungría y también rey de Bohemia. Cuatro años más tarde nació Luis pero el parto fue complicado y su madre, Ana de Foix, falleció ese mismo mes. El nacimiento prematuro del futuro heredero lo tuvo también al borde de la muerte y, para evitarlo, los médicos de la corte lo mantuvieron con vida matando animales y envolviéndolo en sus cadáveres calientes como si se tratase de una incubadora primitiva. Los cuerpos de animales, en interior y en las condiciones adecuadas pueden llegar a mantener la temperatura corporal hasta 5 horas. Teniendo en cuenta que estas condiciones debían mantenerse durante semanas y que alguien debía controlar la temperatura de forma permanente, es obvio que estas medidas solo estaban al alcance de reyes y poderosos. Afortunadamente para Luis, la medida tuvo éxito y logró sobrevivir… 20 años más. Sus días terminaron en la batalla de Mohács, intentando frenar el avance de los otomanos liderados por Solimán el Magnífico.

Otro monarca que se habría salvado de recién nacido gracias a esta técnica fue Leopoldo I, quien fuera Emperador del Sacro Imperio Romano Germánico desde 1658 hasta 1705. Cuentan algunos expertos que Leopoldo I nació prematuro en 1640 en Viena. Y su destino era muy similar al de Luis II. En este caso la solución también fue sacrificar cerdos, destriparlos y colocar dentro al pequeño. Según el relato esta medida se llevó a cabo durante semanas y a un ritmo de un cerdo cada 15 minutos, lo que significa que se habrían sacrificado más de 1300 cerdos en dos semanas. Pero Leopoldo I sobrevivió y, en agradecimiento, otorgó a los ganaderos de la zona el derecho de llevar sus productos a Viena sin pagar un peaje en el puente.

Lo interesante de ambos casos es que los dos monarcas fueron reyes de Hungría, sus madres tenían sangre española, vivieron en la misma región, ambos se enfrentaron al ejército otomano y, extraña coincidencia, Leopoldo I recuperó los territorios que perdió Luis II tras su derrota en la batalla de Mohács. Todo esto despierta preguntas que aún no se han resuelto: ¿era una práctica habitual de la zona? ¿Había alguna influencia española? ¿Por qué se usó esta técnica con Leopoldo I si su madre seguía viva?

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