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El médico que gobernó un imperio

Usurpó el trono, fue amante de la reina y durante un año se creó decenas de enemigos

Médico de la corte
Rosenborg Castle, Copenhagen

En enero de 1749 nació Cristián VII, futuro rey de Dinamarca y Noruega. Ascendió al trono con 17 años, la edad a la que también se casó con Carolina Matilde (hermana menor del rey de Inglaterra, Jorge III). Pero muy pronto Cristián demostró que no estaba preparado para ocupar el trono. No solo mantenía una conducta disoluta visitando burdeles noche sí y noche también de la mano de una prostituta llamada Bootee-Katrine, también hay que agregarle que probablemente sufría de esquizofrenia y tenía intensos cambios de humor.

En aquellos tiempos, su reino abarcaba extensos territorios ubicados no solo en el norte de Europa, sino también en América del Norte y colonias en África, el Caribe e India. En su apogeo, el imperio tenía un tamaño similar al que hoy tiene Argentina, séptimo país más grande del mundo. Y contaba con cientos de millones de súbditos.

Es en ese contexto, un rey incapacitado, una reina infeliz y millones de súbditos y kilómetros cuadrados que gobernar, aparece un médico alemán, Johann Friedrich Struensee. Nieto de un médico de la corte danesa, se hizo íntimo del rey durante un viaje de este por Europa y muy pronto se ganó toda su confianza, a tal nivel que fue nombrado consejero de Estado por el rey. Inicialmente la reina Carolina Matilde no confiaba en él, pero cuando vacunó al príncipe Federico, evitando que fuese víctima de la epidemia de viruela que azotó Copenhague en el otoño de 1768, sus barreras se derrumbaron. Se había casado con 15 años, estaba lejos de su país y su marido la ignoraba: Johann Friedrich Struensee se convirtió en su amante. La relación duró tanto que el 7 de julio de 1771, Carolina Matilde tuvo una hija, Luisa Augusta, y aunque el rey reconoció la paternidad, la opinión generalizada fue que en realidad era hija de Struensee. Un mes antes del nacimiento de la princesa, Cristián VII nombró a Struensee Ministro del Gabinete Secreto y le otorgó el poder general, convirtiéndolo de facto en el gobernante absoluto del reino danés, ya que podía promulgar leyes sin necesidad de que contaran con el sello real.

En aquellos tiempos gran parte del poder estaba bajo el cargo de aristócratas daneses que le pasaban al rey proyectos de leyes para que firmara. Pero a medida que la mente del monarca se alejaba cada vez más, el poder de Struensee aumentaba. Pronto fue él mismo quien le presentó a Cristián VII numerosas leyes y legislaciones que cambiaron el rostro de Dinamarca y el rey las firmó todas. Struensee, muy influido por las ideas de la Ilustración (en particular por Voltaire y Rousseau), redactó edictos para abolir la esclavitud y el comercio de esclavos, la servidumbre (Dinamarca fue el primer país que la abolió), la censura de la prensa, la tortura, los privilegios nobiliarios… Creó un impuesto al juego y al lujo para financiar el cuidado de niños abandonados, reformó la universidad y los hospitales del Estado, reasignó las tierras a los campesinos y castigó el soborno de autoridades. El Rey firmó todos ellos. Y con esa firma también le creó enemigos muy poderosos en la aristocracia.

Los nobles daneses aprovecharon el carácter foráneo del médico, el estado del rey y que Carolina Matilde era inglesa para empapelar la capital con pancartas muy críticas y sembrar la duda y el descontento. Los daneses estaban muy orgullosos de su monarquía y ver que la Casa Real se convertía en el hazmerreír de Europa, con susurros de amantes, hijas ilegítimas y reyes incapacitados, fue la mecha que hacía falta. En enero de 1772 se emitió una orden de arresto contra Struensee y también contra la reina, por traición. Fue ejecutado en abril de ese mismo año y Carolina Matilde se divorció del rey y fue expulsada de Dinamarca.

Después de su muerte, la mayoría de los cambios que Struensee había hecho a la legislacióndanesa se anularon y todo volvió a la “normalidad”: Cristián VII siguió ostentando la corona hasta su muerte, en 1808, cuando fue sucedido por su primogénito, Federico VI. La aventura del médico que gobernó un imperio duró poco más de un año.

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