¿Cuándo se celebró la primera misa negra?

Un proceso judicial revela cuándo tuvo lugar la primera misa negra real que se conoce.

La misa negra se define como un ritual de burla de la misa católica a través de la inversión de la simbología cristiana que se oficia en nombre de Satán y todo lo que representa. El satanismo como ideología y culto organizado surgió en el siglo XIX. La primera misa negra, sin embargo, se celebró algunos siglos antes.

¿Qué es una misa negra? Los antecedentes

Goya sabbat brujas
Francisco de Goya,

Pierre de Lancre (1553-1631), el famoso jurista que participó en los procesos de brujería de Labort (Francia), documenta en su libro Cuadro de la inconstancia de los ángeles malvados y los demonios (1612) la transición del aquelarre a la misa negra. Durante los interrogatorios a los que Lancre sometió a los campesinos, algunos ya describieron ritos con los que Satán buscaba tanto mofarse de la misa y la eucaristía como ganar acólitos entre las filas de los sacerdotes y los monjes.

Los interrogados, en sus declaraciones, hablaban de un espacio similar a una iglesia o capilla, con un altar y una figura sacerdotal oficiando el rito. Decían haber presenciado bendiciones mediante la aspersión con orina en lugar de agua bendita, y el uso de hostias negras y de forma triangular que se mofaban, en su aspecto y color, de aquellas usadas durante el rito católico.

Estos elementos de profanación y otros similares recurren en muchas imágenes contemporáneas de la misa negra, pero, cuando Lancre, los describe la misa negra todavía no es una realidad totalmente formada. Lo será en tan solo unas décadas.

En la historia de las religiones, se ha aceptado que la misa negra es una invención del siglo XVII. Se trató de una práctica urbana, burguesa y aristocrática, distinta del aquelarre, en la que la presunta reunión nocturna de brujas para adorar al diablo se celebraba en contextos boscosos y salvajes. En París, la capital en la que emergió la misa negra, la oscura ceremonia se presentó como un ritual perfeccionado y consciente. Se celebraba para conseguir objetivos concretos, materiales e individuales, al contrario que el aquelarre, que se entendía como un evento celebrativo comunitario.

Magia negra en el juicio La Voisin

Misa negra Guibourg
Recreación artística de una de las misas negras oficiadas por el sacerdote Étienne Guibourg. Imagen: Wikicommons

Los primeros testimonios y pruebas de la misa negra se aportaron durante un caso criminal investigado en la corte de Luis XIV. Se trata del juicio La Voisin, el primer caso documentado en el que se utiliza el término “misa negra”.

El caso, además, presentó otros rasgos originales. Lo investigaron las autoridades laicas en exclusiva, bajo el mando de Gabriel Nicolas de La Reynie, y formó parte de una investigación mucho más amplia sobre los intentos de regicidio mediante envenenamiento.

El caso La Voisin desveló un submundo en las calles parisinas conformado por adivinas, vendedoras de venenos y practicantes de abortos clandestinos como Marie Bosse y Catherine Deshayes, una de las más famosas. Fue Deshayes, una mercera y traficante de hechizos y venenos que prefería ser llamada La Voisin para dar a su persona un toque de nobleza, la que dio nombre al caso.

Las autoridades arrestaron a La Voisin el 12 de marzo de 1679. En los interrogatorios, se descubrió un lumpen del crimen y la magia en el que se realizaban rituales. En él, estaban implicados miembros de la iglesia y aristócratas, entre ellas, la marquesa Françoise Athenaïs de Montespan, una de las amantes del rey y madre de cinco de sus hijos, que habría envenenado a algunas rivales por el amor del monarca. Ante el riesgo de un escándalo, el rey cerró el caso, dejó que algunos acusados cumplieran cadena perpetua y prohibió la adivinación, la magia y la venta de filtros.

Entre la información recabada en el curso de investigación, salió a la luz algo más. Étienne Guibourg, cura cómplice de La Voisin, declaró lo siguiente. En el año 1666, La Voisin había comprado una casa en la calle parisina de Beauregard. Allí, en un pabellón del jardín, instaló una capilla de paredes negras en la que se oficiaban misas negras a petición del cliente que, para obtener deseos materiales concretos, pagaba por ellas.

El espacio se iluminaba con velas negras fabricadas con grasa humana que Martin Levasseur, verdugo al servicio del rey, le proporcionaba. Guibourg confesó que en aquel lugar se realizaban sacrificios de palomas, de fetos procedentes del negocio de La Voisin e incluso de niños mientras se invocaba a figuras demoníacas como Astaroth y Asmodeus.

En los ritos, además, se utilizaba sangre menstrual y líquido seminal, se empleaba el cuerpo desnudo de una mujer como altar y la hostia se colocaba en sus genitales. Los objetos de la misa negra se consideraban más poderosos y efectivos si habían sido bendecidos por un cura, por lo que la venta de ostias consagradas se convirtió en un negocio provechoso. Guibourg admitió haber oficiado tres misas negras en los años 1667, 1676 y 1679.

Aunque se ha cuestionado la veracidad del caso (probablemente las autoridades recurrieron a la tortura para obtener las confesiones), la comisión de investigación estimó verdaderas los testimonios. La sociedad del siglo XVII creía en el diablo, pero la comisión laica que investigó el caso La Voisin estaba formada por personas que ya no consideraba creíble la vieja imagen de la bruja que sobrevuela la noche montada en un palo de escoba. Por otro lado, la promesa de obtener dinero a cambio de la puesta en escena de estas misas sacrílegas seguramente alentó a adivinas y alcahuetas a realizarlas, tanto si creían en su efectividad como si no.

La primera misa negra, por tanto, se realizó con fines materialistas por parte de un grupo de personas que no pertenecían a una organización asentada. Aunque no contaba con un discurso esotérico de fondo, inspiró, sin embargo, la evolución posterior del satanismo.

Referencias

Introvigne, M. 2016. Satanism: A Social History. Leiden: Brill.

van Luijk, R. 2017. A Brief History of the Black Mass, en P. van Geest et al. (eds.), Sanctifying Texts, Transforming Rituals, pp. 275–288. Leiden: Brill. DOI: https://doi.org/10.1163/9789004347083_014

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Historiadora y aprendiz de batería. Literatura y cine de terror las 24 horas. Las ruinas me hacen feliz

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