¿Cómo se convirtió el té en la bebida nacional británica?

El té pasó de ser una infusión medicinal a una bebida de moda gracias a una reina extranjera. ¿Sabes quién fue?

Junto con la reina Isabel II y las pintas de cerveza, quizás no exista nada más británico que una buena taza de té. Y, sin embargo, esta bebida estimulante (que, curiosamente, no se produce en las islas que la han hecho famosa en el occidente europeo) comenzó a consumirse con cierta timidez hace poco más de tres siglos y medio. ¿Cómo se transformó el té, entonces, en la bebida inglesa por excelencia?

El té comenzó a llegar a Occidente a través del comercio con las Indias Orientales. Y, por tanto, su popularidad en Europa surge en cuanto bebida ligada a las empresas coloniales de ultramar. Procedía de China, donde las compañías de las Indias establecieron un floreciente negocio.

La aceptación de la bebida como parte tanto de la dieta como de los rituales de socialización, sin embargo, precisó de varias décadas para asentarse entre las clases florecientes de Gran Bretaña. Un primer paso en ese proceso se produjo en la segunda mitad del siglo XVII gracias no a un súbdito inglés, como sería de esperar, sino a través de una mujer extranjera: la portuguesa Catalina de Braganza, hija del rey João IV y esposa del inglés Carlos II.

Catalina de Braganza, ¿una influencer en la corte?

Catalina Braganza
Retrato de Catalina de Braganza pintado por Peter Lely. Imagen: Wikicommons

Convertida en reina de Inglaterra, Escocia e Irlanda en 1662, Catalina aportó a las menguadas arcas británicas un lujoso ajuar, gran cantidad de dinero y los puertos comerciales de Tánger y Bombay como parte de su dote. Pero, además, trajo consigo una práctica hasta entonces rara en la sociedad británica: el consumo de té.

La nobleza portuguesa de la época ya bebía té, que obtenía de China gracias a la colonia establecida en Macao. Cuando Catalina se instaló en la corte inglesa, por tanto, prosiguió con su hábito de consumir la infusión cotidianamente, algunos dicen que propiciado por su deseo de mitigar la nostalgia del hogar. Fue la primera reina en beber té en un tiempo en el que las bebidas más habituales eran la cerveza y el vino y, en menor medida, el café o el chocolate.

Hasta entonces, el té en Gran Bretaña solo se había utilizado con fines médicos. El comerciante Thomas Garway fue el primero en venderlo a partir del año 1657 en su tienda londinense de Exchange Alley. Era una bebida muy cara, ya que, en el siglo XVII, se importaba únicamente de China, a la que los británicos no tenían acceso, y los aranceles que la tasaban eran muy altos. Se calcula que el precio de unos 400 gramos de hojas de té equivalía al salario anual de un trabajador.

Probablemente, fue el té verde el que se consumía en esa época temprana. El té negro se popularizó a partir de 1830, con la apertura del mercado de la India. Se consideraba un estimulante que proporcionaba energía y un brebaje útil para eliminar los cálculos de la vesícula. Samuel Pepys, el famoso diarista del siglo XVII, probó por primera vez el té en 1660 y, de nuevo, lo tomó siete años después como medicamento para los resfriados, lo que prueba que su consumo todavía estaba poco extendido.

Sin embargo, se cree que la lenta difusión del hábito de beber té comenzó con la llegada de Catalina de Braganza a la corte.  Fue una costumbre social exótica que se puso de moda al asociarse con la reina. Salvando las distancias, podría considerarse a la reina consorte una influencer entre la aristocracia. Como esposa del rey, Catalina fue tomada como modelo.

El lujo en una taza de porcelana

Juego té
Naturaleza muerta con juego de té por Jean-Étienne Liotard. Imagen: Wikicommons

Los vestidos, los muebles y las costumbres de la flamante reina fueron objeto de detenido examen e imitación evidente. Beber té se consideraba cosa de las elites, un símbolo de distinción y riqueza que manifestaba la pertenencia de quien lo consumía al círculo directo de la corte. El deseo de imitar a la realeza habría empujado a los aristócratas, por tanto, a consumir esta bebida. Pero la introducción del té en los hábitos alimenticios de la corte trajo otros cambios aparejados.

Catalina preparaba y servía el té en lujosas vajillas orientales. El procedimiento y el consumo estaban rodeados de una ritualidad que enfatizaba la riqueza, el lujo y la exclusividad. Junto con el té, y antes de que se empezasen a producir juegos de té en Europa, empezaron a llegar desde China a Gran Bretaña teteras, tazas y toda la parafernalia necesaria para su preparación. En este proceso de importación, Portugal ejerció de mediador comercial.

Frente a esta interpretación histórica que atribuye a Caterina la popularización del té en las islas, otras voces han expresado una opinión más matizada. Caterina de Braganza aportó su granito de arena y creó un hábito en lo que a la preparación del té se refiere, pero su aceptación como reina en la corte distó mucho de ser total. La recién llegada tuvo que moverse en un ambiente cortesano en el que ya operaban poderes bien establecidos y entre los que no acabó de integrarse del todo. Por otro lado, Catalina no pudo darle un heredero varón al rey, lo que seguramente tampoco le valió el favor de amplios sectores de la corte. Todo ello pudo contribuir a que su popularidad y su influencia fuesen considerablemente menores. Los historiadores más cautos sostienen que la popularización del té se produjo en un lapso amplio de unos 40 años.

Referencias

Ellis, M. et al. 2015. Empire of Tea: The Asian Leaf that Conquered the World. Chicago: The Chicago University Press.

Pettigrew, J. y Richardson, B. 2013. A Social History of Tea. Chicago: Benjamin Press.

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Erica Couto

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Historiadora y aprendiz de batería. Literatura y cine de terror las 24 horas. Las ruinas me hacen feliz

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