Catalina, reina de Inglaterra: la gran afrenta a toda una infanta de Castilla y Aragón

Fue la primera de las seis esposas de Enrique VIII de Inglaterra. Su matrimonio con el monarca inglés respondió a una calculada política de expansión de sus padres los Reyes Católicos.

Los Reyes Católicos, Isabel, propietaria de la Corona de Castilla y Fernando, dueño de la de Aragón, cimentaron las bases de lo que sería el Imperio Español, la gran Monarquía Hispánica y, entre otras cosas, se valieron de una minuciosa política matrimonial que establecieron con todos sus hijos. Sin embargo, los planes no salieron como esperaban. Aun así, dos de sus hijas, Catalina de Aragón y Juana de Castilla, protagonizaron con sus vidas y matrimonios acontecimientos que cambiaron el curso de la historia para siempre.

Los Reyes Católicos tuvieron cinco hijos: Isabel, Juan, Juana, María y Catalina. Todos ellos fueron casados por sus padres bajo una minuciosa estrategia política que tenía como objetivo, entre otros, aislar al gran enemigo, que en aquella época era Francia. Los planes no salieron como habían sido diseñados pero, aun así, de los 5 matrimonios que se dieron, dos trajeron consigo cambios de profundo calado histórico. El de Catalina, la ruptura de Inglaterra con Roma y el nacimiento del anglicanismo y el de Juana, el alumbramiento de una monarquía que fue imperio al haberse casado esta con Felipe de Habsburgo y ser padres ambos del futuro emperador Carlos I.

Catalina, el intercambio con Inglaterra

Catalina fue prometida a la edad de 15 años con Arturo, heredero de la corona inglesa y, por tanto, príncipe de Gales. La débil salud del heredero truncó los planes y a los 5 meses de la boda este falleció dejando a Catalina en una delicadísima situación. En un principio su suegro pensó en tomarla como esposa, pero finalmente se decidió que se la casaría con el nuevo heredero, el príncipe Enrique.

Se presentó entonces un primer obstáculo y es que el derecho canónico prohibía desposar a la viuda de un hermano, un pequeño detalle que terminó solucionándose cuando Catalina convenció a la corte y al Papa de que jamás había consumado el matrimonio, lo que lo invalidaba como tal. Así fue como se convirtió en la esposa del futuro Enrique VIII y, por tanto, en reina consorte de Inglaterra. El matrimonio no fue bendecido con la fecundidad y tras varios abortos finalmente solo tuvieron una hija que llegó a la edad adulta; la futura María Tudor. Sin embargo esto planteó un grave problema para el monarca que deseaba a toda costa un varón.

Los tejemanejes de Enrique VIII

Este hecho, unido al encaprichamiento del monarca por una dama de la corte, Ana Bolena, hizo que se planteara la anulación del matrimonio. El rey quería casarse con su nuevo amor y su esposa era un obstáculo, así que dieron comienzo todo tipo de intrigas políticas que terminaron con uno de los mayores cismas de la historia de a Iglesia Católica: la ruptura de Inglaterra con Roma y su obediencia al Papa y el nacimiento del anglicanismo en el que el rey es, además, la cabeza de la iglesia, siendo su mayor representante eclesiástico el arzobispo de Canterbury.

 

Ruptura con Roma

Enrique VIII se agarró al hecho de no tener heredero varón tras veinte años de matrimonio para solicitar al papa Clemente VII la nulidad matrimonial (no existía el divorcio). Pero el papa, probablemente temeroso de las posibles reacciones del poderosísimo emperador Carlos I (sobrino de Catalina) o, según otras teorías, para evitar un desprestigio de la iglesia, se negó.

Las negociaciones con Roma se llevaron a cabo bajo la batuta del cardenal Wolsey, lord Canciller, esto es, el alter ego del rey, es decir, un hombre con una grandísima importancia que, gracias a que fracasó, cayó en desgracia, siendo enviado al exilio donde murió poco después.

Enrique VIII hizo caso omiso a Roma, repudió a Catalina enviándola fuera de la corte, desheredó a la hija de ambos, María Tudor, y se casó con Ana Bolena, rompiendo así, de manera definitiva, con el papado.

El papel de Tomás Moro

Una figura de especial relevancia en este proceso fue la de Tomás Moro quien sustituyó en el cargo a Wolsey que, como católico que era, se negó a cumplir con los deseos de su rey que él interpretó como un capricho. Se negó a rubricar el Acta de Supremacía que reconocía a Enrique VIII como cabeza de la iglesia, un gesto que hizo que el monarca lo condenara a muerte por considerar alta traición su postura.

Un final triste

Catalina, toda una infanta de Castilla y Aragón fue humillada y alejada de su única hija a la que vio ser desposeída de su título de princesa y por tanto de heredera. Sin embargo la historia no deja de sorprendernos y Ana Bolena, la mujer por la que Enrique VIII puso todo patas arriba, terminó siendo acusada de adulterio y ejecutada una vez el rey se cansó de ella. Al final los derechos de María fueron restituidos y llegó a ser la reina María Tudor, más conocida como la sanguinaria. Pero esa ya es otra historia.

 

 

 

 

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