Cádiz en 1755: el tsunami que mató a más de 2000 personas

Una de las catástrofes naturales más grandes de la historia de Europa.

 

Sábado 1 de noviembre de 1755, día de Todos los Santos, una festividad importante en la tradición católica. Tanto en Portugal como en España, gran parte de la población salió a la calle a encender velas y recordar a sus familiares muertos. Sobre las diez de la mañana la tierra tembló. El terremoto se sintió en muchos puntos de Europa y África, pero incidió con especial intensidad en Lisboa, que quedó destruida casi por completo. Una vez se detuvo el movimiento sísmico, parecía que la destrucción se detenía tras larguísimos minutos de angustia. Pero el terremoto generó un tsunami que impactó con violencia en las costas atlánticas de la península ibérica. Los marineros y viajeros llevaban y traían incontables noticias trágicas sobre los daños ocasionados. Medios y fuentes de toda la Cristiandad no tardaron en hacerse eco de una de las catástrofes naturales más grandes de la historia de Europa.

La peor catástrofe en el peor momento

Si el terremoto se cebó con la capital del imperio portugués, destruyendo más del 80% de Lisboa, el maremoto afectó sobre todo a la bahía de Cádiz, una costa baja y arenosa, que la hace muy vulnerable ante esta catástrofe natural.

En 1717 la Casa de la Contratación se trasladó a Cádiz. Era el organismo encargado de administrar el monopolio comercial con las indias orientales. Es decir, por entonces Cádiz era el puerto español que conectaba con América, con el trajín de mercancías y riquezas que ello conllevaba y, por tanto, la afluencia de interesados en busca de una parte del pastel. El tsunami tuvo el don de la oportunidad. Llegó a Cádiz cuando más población se concentraba en sus calles. Tenemos la suerte de contar con el Catastro de Ensenada como fuente para conocer el número de vecinos que convivían en Cádiz. Realizado entre 1751 y 1753, apenas unos años antes de la catástrofe, en Cádiz se registró una población de entre 40 000 y 45 000 habitantes.


Una tragedia descomunal

El terremoto se sintió durante una media de entre cinco y diez minutos por toda la provincia gaditana, con lugares más expuestos como la capital o Sanlúcar de Barrameda, donde el sismo pudo alargarse hasta los quince minutos. El temblor debió ser bastante fuerte, algunos investigadores se han aventurado a catalogarlo con una magnitud de entre 8.5 y 9.5 en la escala de Richter. Es decir, un cataclismo entre los peores que se pueden registrar, que acabó con entre 50 000 y 90 000 habitantes de los 250 000 que tenía Lisboa, con edificios que caían y se incendiaban por las velas dedicadas a los santos.

Una hora después del terremoto, y tras comprobar atónitos cómo el agua del mar se había retirado hasta distancias muy lejanas, los gaditanos vieron aterrorizados cómo una ola de entre 10 y 15 metros de altura se cernía a toda velocidad sobre sus casas y calles. Es difícil cuantificar con exactitud cuántas víctimas dejó a su paso el tsunami. El geofísico José Manual Martínez Solares apunta un número muy concreto de víctimas: 1 214. Sin embargo, otros conteos indican que la sucesión de olas ocasionadas por el maremoto acabó con más de 2 000 personas en la provincia de Cádiz. En la capital, la tragedia fue amortiguada gracias a las murallas que rodeaban la ciudad. El lienzo de la playa de La Caleta quedó totalmente destruido y no pudo impedir que muchas casas se anegaran hasta los tres metros de altura, con los restos de lodo y maleza como aliados para acabar con tabiques y vigas. Un marinero sueco contaba que el suceso fue:

“El acontecimiento más trágico que hayan contemplado ojos humanos […] Unas horas antes de que la tierra se abriera, comenzó el mar a crecer con rapidez increíble. La mayor parte de los barcos se desprendió de las anclas y quedó a la deriva. Finalmente, el mar subió de tal modo que muchos barcos fueron arrastrados hasta tierra”.

¿Desastre natural o castigo divino?

Las consecuencias no solo fueron físicas, sino también ideológicas. La Ilustración era el movimiento intelectual más destacado en un siglo XVIII todavía muy apegado a las creencias religiosas. Mientras que en los púlpitos se hablaba de un castigo divino, pensadores como Kant, Voltaire o Rousseau, negaban la naturaleza celestial del evento, calificado por su parte como desastre natural.

Es curioso cómo estas dos maneras distintas de entender la vida, la religiosa y la científica, aun barriendo cada una para su casa, señalaban un mismo problema: la fragilidad del ser humano ante Dios/la naturaleza.

Referencias:

Barbosa Sánchez, A. 2021. El terremoto y el tsunami de 1755 en las costas de la bahía de Cádiz y sus consecuencias. Matagorda: Revista de estudios puertorrealeños 3, 189-215. ISSN-e 2444-2437.

Mora, M. 2005. El maremoto de Lisboa y Cádiz. elpais.com.

Fran Navarro

Fran Navarro

Historiador y escritor (esto último solo lo digo yo). El destino me reservaba una carrera de ensueño en el mundo académico, pero yo soy más de divulgar, hacer vídeos y contenidos culturales para que mi madre se entere bien de lo que hablo. De entre las cosas menos importantes de la vida, los libros son lo más importante para mí. Y como no hay nada mejor que conocer bien un asunto para disfrutarlo al máximo, hice el máster de Documentos y Libros, Archivos y Bibliotecas. Para esto y todo lo demás tengo Twitter: @FNavarroBenitez.

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