Así fue el terrible plan de extinción de la población gitana en 1749

Las autoridades planearon “la solución final” para eliminar a la “malvada raza”.

En la medianoche del 30 de julio de 1749 se oyeron gritos, disturbios y llantos en gran parte de las poblaciones españolas. Cuerpos militares fueron movilizados de manera coordinada aquella noche para actuar a la vez en todos los enclaves donde se habían localizado a familias gitanas. La llamada Gran Redada tenía el objetivo de apresar y encarcelar a todos los gitanos de España con la intención de separar a hombres y mujeres para lograr la “extinción de los gitanos”. 

Así lo planeó Zenón de Somodevilla y Bengoechea, el marqués de la Ensenada, primer ministro del rey Fernando VI. Unos 9000 gitanos y gitanas fueron apresados durante la operación y enviados a centros, en lo que varios historiadores, entre los que se cuentan Antonio Domínguez Ortiz, califican de un auténtico intento de genocidio planeado por Ensenada. Pero la envergadura inabarcable del plan y la resistencia de las víctimas hicieron que el procedimiento fracasara.

Una cultura perseguida durante siglos

Muchas veces se ha dicho que el pueblo gitano no tiene memoria colectiva de su pasado. Pero es falso. No es que no tengan historia, sino que, como ocurre con tantas minorías, nos hemos olvidado de ella. Los gitanos tienen historia, lo que no han tenido es atención historiográfica. Y, como suele ser habitual también, cuando aparecen entre los sucesos del pasado es porque entran en relación (o más bien en conflicto) con el hombre blanco occidental. Esto indica, desgraciadamente, que lo más estudiado han sido las persecuciones a gitanos y “soluciones” que las autoridades han intentado dar a la presencia del colectivo en los países occidentales a lo largo de los siglos. 

Los gitanos llegaron a España en el siglo XV. Concretamente, los especialistas datan en 1425 la llegada de peregrinos que tenían su origen en la India. Desde entonces, las autoridades han encadenado más de 250 normativas que, unidas a distintos mecanismos, han procurado controlar a la población gitana y excluirlos de la sociedad de manera sistemática.

Los Reyes Católicos iniciaron en 1499 una política antigitana que heredaron los sucesores del trono castellano. Estas normas han sufrido constantes contradicciones de las que poco más se puede desprender que el intento de eliminar lo que para las autoridades de la época era un problema. Igual obligaban a los gitanos a escoger una ubicación y trabajo fijos, que le negaban el acceso a una comunidad y a un oficio en el que se pudieran desenvolver bien. Antonio Gómez Alfaro lo define a la perfección: 

“Prohibida  la  aparición de gitanos en danzas y representaciones,  no  muchos  años  después  el  propio  monarca  asistiría  desde  los  balcones  del  Buen  Retiro  a  unos  festejos  populares  cuyo  programa  incluía  precisamente  bailes  de  gitanos;  prohibido el comercio de animales, los asentistas recurrirían a los chalanes gitanos  para  que  les  auxiliaran  en  la  remonta  de  caballerías  con  destino  al  ejército; prohibido cualquier trabajo que  no  fuera  de  agricultura,  los  pueblos  recurrirían  a  los  gitanos  expertos  en el arte de la fragua para que les elaborasen  cuantos  aperos  necesitaban,  por regla general a más bajo precio que los herreros no gitanos”.

Real orden prision gitanos

Documento contra los gitanos. Biblioteca Virtual de Madrid.

El plan del marqués de Ensenada

Uno de los episodios más duros en territorio español tuvo lugar a mediados del siglo XVIII, bajo el reinado de Fernando VI. El marqués de Ensenada, principal ministro del rey, intentó someter a trabajo forzado a vagos, presos y gitanos. Ante la resistencia de estos, su política cambió de rumbo y planeó un modo de deshacerse de ellos. En un primer momento, Ensenada logró que el Consejo de Castilla mandara un arresto masivo para: 

“Sacarlos de España y enviarlos divididos en corto número a las provincias de América, donde se les diese qué trabajar con utilidad en reales fábricas y minas”. 

Esta operación ya la había intentando poco antes Portugal, pero no tuvo éxito alguno. Así que Ensenada dispuso otra manera “extirpar tan mala y perjudicial semilla”. Uno de los problemas a solucionar por parte de las autoridades era el derecho de asilo en sagrado de los gitanos, que huían a las iglesias cuando intentaban arrestarlos. Ensenada habló con su amigo Valenti, cardenal y nuncio en España, que pudo interceder para convencer al papa Benedicto XIV que excluyera a los gitanos de este derecho. Con el permiso concedido del papa, los gitanos quedaron definitivamente vulnerables a partir de 1748. 

Al año siguiente, Ensenada realizó los preparativos pertinentes para llevar a cabo su plan de “extinción de los gitanos”. Sabedor de la difícil estrategia que pretendía, pues desgraciadamente los gitanos cuentan con siglos de experiencia en huir de persecuciones injustas, Ensenada mandó que: 

“La prisión ha de ser en un mismo día y a una misma hora. Antes se han de reconocer los puntos de retirada para apostarse en ellos tropa. Los oficiales que manden las partidas han de ser escogidos por la confianza y el secreto”. 

La Gran Redada tuvo lugar a las doce de la noche del 30 de julio de 1749. Unos 9000 gitanos de todas las edades, sexo y condición fueron apresados y encerrados en distintos centros, unos destinados a hombres y otros a mujeres. 

La injusticia que nunca acaba

Muchos presos murieron por el largo camino que realizaron en duras condiciones desde el lugar donde vivían hasta los centros repartidos por el territorio español. Unas 650 gitanas fueron llevadas desde Málaga a la Real Casa de la Misericordia de Zaragoza. En Cádiz, las autoridades pidieron que se detuviera el envío de más presos, puesto que ya estaban desbordados y apenas podían alimentarlos. En estas condiciones, más de mil hombres se revelaron e iniciaron un motín apenas un mes después de ser apresados. 

El calvario para el pueblo gitano no acabó hasta la sustitución del marqués de Ensenada como ministro principal en 1754. Con anterioridad ya se habían liberado muchos apresados, puesto que eran personas integradas y con un oficio con el que contribuían en sus pueblos, por lo que sus vecinos e incluso alcaldes lucharon por liberarlos. 

Los que peor suerte corrieron estuvieron encarcelado hasta 1765, cuando el rey Carlos III les concedió un indulto que llegaba 16 años después de haber sido detenidos y encarcelados sin juicio alguno. En 1783, el primer ministro de entonces, el conde de Floridablanca, promulgó una pragmática que acabó con la persecución y afirmaba que: 

“Los gitanos no provenían de raíz infecta alguna”. 

Con todo, las reticencias hacia el modo de vida nómada, algunas de sus costumbres y su lengua continuaron y continúan hasta nuestros días. Según Diego Fernández, director del Instituto de Cultura Gitana: 

“Ya no hay leyes perversas, pero se nos intenta invisibilizar. La integración va más allá de aplicar programas asistenciales. Hay que reconocer al pueblo gitano porque España también es gitana”.

Referencias:

Jiménez, J. 2019. La gran redada de los 9.000 gitanos. elmundo.es.

Martínez Martínez, M. 2017. La redada general de gitanos de 1749. Andalucía en la Historia 55, 12-15.

Serrato, F. 2020. Cuando España intentó exterminar al pueblo gitano. elpais.com.

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Fran Navarro

Fran Navarro

Historiador y escritor (esto último solo lo digo yo). El destino me reservaba una carrera de ensueño en el mundo académico, pero yo soy más de divulgar, hacer vídeos y contenidos culturales para que mi madre se entere bien de lo que hablo. De entre las cosas menos importantes de la vida, los libros son lo más importante para mí. Y como no hay nada mejor que conocer bien un asunto para disfrutarlo al máximo, hice el máster de Documentos y Libros, Archivos y Bibliotecas. Para esto y todo lo demás tengo Twitter: @FNavarroBenitez.

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