Así eran las casas en los tiempos de don Quijote

El patio, la cocina, las cuadras, el corral, las letrinas o el estrado de las damas eran algunas de las estancias de estas construcciones del Siglo de Oro.

 

La vida cotidiana de la España del Siglo de Oro ha caracterizado y marcado la impronta del hogar español hasta que las soluciones constructivas han llenado los núcleos urbanos de bloques de pisos. Las casas construidas en los siglos XVI y XVII rompieron algunas de las tradiciones heredadas de los musulmanes, sin abandonar las comodidades que el período de al-Ándalus trajo consigo.

Literatura y fuentes

La literatura, tan excelsa en la época, con autores de la talla de  Cervantes, Quevedo o Lope de Vega, nos ha mostrado ricos pasajes ambientados en las casas que se fueron agolpando en las ciudades. El historiador Francisco Núñez Roldán, aunque se refiera concretamente a Sevilla, nos ilustra y advierte acerca de esta literatura y las ciudades:

“El escenario ideal elegido por aquellas plumas para situar y recrear los episodios y las vidas de muchos de sus personajes de ficción, tan próximos a la realidad. Pero excelsa literatura para ciudad tan universal hizo que se confundieran los límites de la fantasía con los de la existencia vivida, peligroso terreno para el historiador que debe reconstruir con celo la verdad y entregarla limpia y depurada”.

Para ello, los historiadores contamos con un apoyo documental muy valioso: testamentos, inventarios de bienes, cartas, otorgamiento de dotes, memorias, libros de cuentas y demás documentos en los que se escribían acerca de la vida cotidiana o se enumeraban muebles, objetos, ajuares y demás enseres de las casas durante los tiempos de don Quijote.

De casitas a palacios

Las casas apenas cambiaron mucho en su concepción entre los siglos XVI y XVII. Obviamente, sí encontramos variantes morfológicas:

“Las casas son social y materialmente diferentes entre sí, no solo por la calidad social, política y económica de su morador principal, sino porque su jerarquía en la ciudad está también representada en la estructura, en el interior, en las dimensiones y en los compartimentos del edificio en que habita y en la belleza del conjunto y de sus unidades”.

Los materiales utilizados para la construcción fueron el ladrillo, el tapial de adobe y, allí donde había posibilidades, la piedra. La madera de pino, castaño y roble era lo más común en los techos y sus vigas. La cal, el yeso y la arena fueron la argamasa del momento. Para la cubierta, lo usual fue el uso de tejas. El suelo también de ladrillo fue lo más frecuente, siendo algo excepcional los suelos de mármol o materiales igual de caros.

Características modernas

Entre los cambios respecto a la tradición musulmana, tenemos la introducción paulatina de medios de iluminación, ventilación y calefacción. La apertura de ventanas y balcones fue una solución cada vez más extendida en la época. En las casas más ricas no faltaba una chimenea, mientras que en las humildes el fuego de la cocina servía para cocinar y calentar la estancia.

Se pueden distinguir tres tipos de viviendas: la casa familiar, los corrales de vecino y las casas palacios de los más pudientes. Nosotros nos vamos a centrar en la casa familia como ejemplo de estructura y concepción del hogar en el Siglo de Oro español.

La estructura

Por lo general eran construcciones de una planta o, como mucho, dos y, en cualquier caso, de poca altura. Según el cornista Pedro Mexía:

“Para resistir al calor, como el principal remedio es el aire fresco que en ella hace muchas veces en verano, es menester que las casas sean abiertas y no muy altas, pues éstas son más calurosas y malsanas”.

La planta alta se ocupaba con desvanes donde se almacenaba la paja, el trigo y otros productos. En ocasiones, las casas contaron con una entreplanta donde se situaban los aposentos de esclavos y criados, habitáculos muy calurosos en verano. La planta baja era donde se hacía vida y se encontraban las estancias principales.

Lo primero que uno debía cruzar para entrar en la vivienda era la casapuerta, que daba acceso al vestíbulo, denominado zaguán. Este espacio conectaría con el patio, auténtico eje de la casa al que se abrían el resto de piezas. Un elemento esencial del patio era el pozo, de gran utilidad para evitar el tránsito constante de agua desde la fuente más cercana hasta la casa. Entre los más ricos estaba muy cotizado el pozo de nieve, donde se almacenaba el hielo de las montañas, el congelador de la época, para refrescar bebidas y conservar alimentos.

Las estancias

Las casas podían tener una sala amplia, pero el concepto de comedor era algo más bien exclusivo de las clases privilegiadas. Lo común era que el desayuno y el almuerzo se tomaran en la propia cocina, mientras que la cena se limitaba a algo ligero ingerido en el dormitorio. Esto, claro está, para aquellos que podían permitirse tres comidas al día.

Alrededor del patio también se abrían las demás habitaciones, cámaras y recámaras que servían de dormitorios, sala de estar y despensas. Habría que sumar la posibilidad de cuadras y un corral, en el que era común tener árboles frutales y los gallineros para la cría de animales domésticos, así como albergar los servicios sanitarios. Las casas que contaron con letrinas, tenían una silla horadada sobre un baño de cerámica. Los bacines, es decir, las vasijas utilizadas como orinales, permanecían en las letrinas durante el día y se depositaban al pie de la cama durante la noche.

La alcoba del caballero reflejaba claramente dos ámbitos destacados: las armas y las letras. Espadas y dagas se guardaban en la habitación del dueño de la casa y, aquellos que sabían leer y escribir, contaban con el “bufete de fiadores”, un escritorio con los materiales habituales del momento. Cervantes nos contó desde su escritorio uno de los bloqueos habituales en los escritores:

“En suspenso, con el papel delante, la pluma en la oreja, el codo en el bufete y la mano en la mejilla, pensando lo que diría”.

Una de las pervivencias musulmanas fue el estrado de las damas, donde se dedicaban a coser, leer o tocar algún instrumento. Era una zona reservada a las mujeres y los hombres se sentaban en sillas alrededor de este espacio:

“Para aislarse de la humedad se colocaba una tarima de madera o de corcho en invierno y una estera en verano. Sobre la alfombra, con motivos animales, vegetales o mudéjares, había almohadones y cojines para que las mujeres se sentaran a la morisca o se recostaran”.

Referencias:

Lara Martínez, M. 2013. La vivienda en los tiempos de don Quijote. Historia National Geographic 107, 24-27.

Núñez Roldán, F. 2004. La vida cotidiana en la Sevilla del Siglo de Oro. Sílex.

Fran Navarro

Fran Navarro

Historiador y escritor (esto último solo lo digo yo). El destino me reservaba una carrera de ensueño en el mundo académico, pero yo soy más de divulgar, hacer vídeos y contenidos culturales para que mi madre se entere bien de lo que hablo. De entre las cosas menos importantes de la vida, los libros son lo más importante para mí. Y como no hay nada mejor que conocer bien un asunto para disfrutarlo al máximo, hice el máster de Documentos y Libros, Archivos y Bibliotecas. Para esto y todo lo demás tengo Twitter: @FNavarroBenitez.

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