Así era el primer coche a vapor

Amédée Bollée causó sensación cuando se paseó por París con su nuevo invento.

 

En octubre de 1875 los parisinos vieron pasar por las calles de su ciudad una diligencia que se movía sin caballos que tiraran de ella. Amédée Bollée conducía su propio invento: el primer vehículo propulsado por un motor.

Hijo de la Revolución Industrial

Amédée-Ernest Bollée (1884-1917) heredó el trabajo de su padre: fundidor de campanas. Afincado en Le Mans, donde actualmente se celebra una de las pruebas más prestigiosas del mundo del automóvil, Bollée era un apasionado de las máquinas, por lo que, además de campanas, pasó buena parte de su vida fabricando vehículos propulsados a motor.

Concretamente con motores de vapor, el invento protagonista de la Revolución Industrial que llevó a los países occidentales a una aceleración del desarrollo económico. Desde el siglo XVIII se venía usando la máquina de vapor y diferentes personajes a lo largo del mundo se dedicaron a experimentar y buscar nuevas y mejores aplicaciones para esta revolución mecánica.

Así fue como en 1875, Bollée presentó al mundo su coche de vapor. Recorrió los 230 kilómetros que separan Le Mans de París en 18 horas. Todo un hito. Sin embargo, Bollée no fue el primero en crear un automóvil propulsado por vapor.

En 1821 Julius Griffith realizó unos ensayos para crear un coche que se desplazara por la acción de un motor de vapor, pero la caldera resultó insuficiente para el peso de su invento. Con todo, su experimento sirvió de inspiración y fue reinventado por Amédée Bollée unos años más tarde. En 1824 hubo otro intento destacado por parte de Timoteo Burstall y John Hill. De igual forma, la diligencia de vapor que propusieron no fue capaz de lograr los resultados deseados. El mismo año, David Gordon, ante el problema de hacer eficaz el motor de vapor, añadió seis patas de empuje para ayudar a las ruedas a avanzar. Pero tampoco tuvo un rendimiento óptimo. Una década más tarde, John Scott Rusell vio truncadas sus expectativas con una empresa de transporte por carretera al explotar la caldera de uno de sus vehículos a vapor, con un saldo de cinco personas muertas en el accidente.

La diligencia sin caballos

No sería hasta 1873 cuando Bollée pudo mostrar al mundo un vehículo de vapor eficaz. Presentado en sociedad en 1875, el primer automóvil que circuló por las calles de París parecía una extraña mezcla entre una diligencia y un barco de vapor. Físicamente tenía la apariencia de un carro, pero sin estar tirado por caballos y en la zona trasera se elevaba una chimenea. Tenía capacidad para 12 personas y llegó a rodar a una velocidad de hasta 40 kilómetros por horas. La eficacia del aparato inventado por Bollée le permitía ascender por pendientes de hasta un 12 por ciento de inclinación. Un acontecimiento asombroso dado los 4800 kilos que pesaba el vehículo. Pero ello no le impedía tener una gran maniobrabilidad, característica que le dio nombre: L’Obéissante (El Obediente). Contaba con tracción trasera, en la que cada rueda tenía un motor de vapor, suspensión independiente en las cuatro ruedas y una caldera en la parte posterior que era alimentada por el chauffeur. En francés, chauffer significa “calor”, por lo que el encargado de generar el calor para que el motor de vapor hiciera su trabajo se llamó chauffeur, de donde hemos heredado nuestra palabra “chófer”.

Además de estar considerado el primer vehículo de tracción mecánica que funcionó realmente para el transporte de pasajeros por carretera, L’Obéissante era veloz y silencioso comparado con los inventos precursores. El diario Le Figaro escribió sobre la sensación causada por el primer automóvil privado que circuló por París y destacaba precisamente lo silencioso que resultaba su paso, puesto que los caballos de los coches que circulaban por su lado no se asustaban.

Aunque para muchos el invento causó furor, parece que otros tantos no estaban a favor del novedoso vehículo. Bollée recibió varias denuncias y acumuló infracciones al transitar con un tipo de vehículo que no tenía código de circulación. Pero el prefecto de policía fue invitado a montar en L’Obéissante y la fascinante experiencia fue suficiente para no tener en cuenta las faltas.

Amédée Bollée había creado una genialidad. Su trabajo fue felicitado por el mundo científico. Un logro que pasaría a la historia y por ello estamos aquí dedicándole este espacio. Pues no vendió ninguno. El único ejemplar creado está expuesto actualmente en el Museo de Artes y Oficios de París.

El primer coche a vapor
El primer coche a vapor

Modelos mejorados

Bollée creyó que el fracaso se debió al peso excesivo de su coche a vapor. Así que en 1878 diseñó un automóvil más compacto y grácil con “solo” 2750 kilos (el peso medio de los coches actuales es de 1800 kilos). Este coche más ligero y para menos pasajeros fue llamado La Mancelle, considerado el primer coche del mundo producido en serie, con una fabricación de unos 50 ejemplares.

El inventor francés no cejó en su empeño por inventar más máquinas eficaces. La Nouvelle fue la versión mejorada de La Mancelle, y La Rapide fue un vehículo de seis plazas que podía alcanzar casi 60 kilómetros por hora. A este modelo le añadió una campana, la precursora del claxon actual. Además, Bollée creó La Marie-Anne, un tren de carretera de 20 toneladas capaz de tirar de 100 toneladas en superficie llana.

En 1885 Karl Benz patentó el motor de explosión interna y con él nacía el automóvil moderno. Fue entonces cuando Bollée dejó de fabricar modelos de vehículos a vapor y acabó sus días dedicado únicamente a la fundición de campanas. Pero su pasión no cayó en saco roto, y su progenie se vio contagiada por los inventos de su padre. Amédée Bollée dejó una familia de inventores que seguirían experimentando con las nuevas tecnologías.

Referencias:

Nichols, J. R. 2014. Amédée Bollée: Pioneer of Mechanical Road Locomotion. Transactions of the Newcomen Society, 20:1, 93-112. DOI: 10.1179/tns.1939.008

 

Fran Navarro

Fran Navarro

Historiador y escritor (esto último solo lo digo yo). El destino me reservaba una carrera de ensueño en el mundo académico, pero yo soy más de divulgar, hacer vídeos y contenidos culturales para que mi madre se entere bien de lo que hablo. De entre las cosas menos importantes de la vida, los libros son lo más importante para mí. Y como no hay nada mejor que conocer bien un asunto para disfrutarlo al máximo, hice el máster de Documentos y Libros, Archivos y Bibliotecas. Para esto y todo lo demás tengo Twitter: @FNavarroBenitez.

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