Ana Bolena: ¿víctima de su ambición?

Es una de las reinas con peor fama de toda la historia pero ¿fue una víctima de su padre, de su familia y de su marido o lo fue de su ambición?

Ana Bolena (1501-1536) fue la segunda esposa deEnrique VIII, por tanto reina consorte de Inglaterra. La memoria colectiva nos la trae como una mujer ambiciosa por cuyos encantos Enrique VIII perdió la cabeza hasta tal punto que rompió con Roma y se autoproclamó cabeza de la iglesia de su país, naciendo así el anglicanismo. El motivo de tal ruptura no fue otro que la negativa de Clemente VII a anular el matrimonio del monarca inglés con su esposa, Catalina de Aragón.

Ana Bolena ha sido estudiada con mayor benevolencia en las últimas décadas gracias a haber comprendido muchos historiadores, gracias a sendas biografías, que el ambiente familiar que la rodeó la empujó a comportarse de la manera que ella (y sus familiares) creían correcta. En honor a la verdad si queremos hablar de ambición, deberíamos fijarnos en su padre quien intentó con sus dos hijas ascender socialmente y qué mejor manera que metiéndolas en la cama del rey. De hecho, antes de que surgiera el romance de Ana con el rey, ya había habido una historia entre la otra hermana Bolena, María.

El lector debe recordar que el siglo XVI poseía una mentalidad diferente a la actual, radicalmente opuesta y la mujer era una moneda de cambio, muy especialmente en la corte. El matrimonio era el ascensor social perfecto y el padre de Ana Bolena así lo entendió y llevó a cabo.

¿Cómo era Ana Bolena?

Los orígenes de Ana eran nobles, especialmente por vía materna, Isabel Howard, hija del duque de Norfolk. Tanto ella como su hermana fueron damas de Catalina de Aragón, lo que les hacía estar en contacto estrecho con el monarca por el simple hecho de vivir en la corte. El padre de ambas, Tomás Bolena, era un hombre de confianza del rey, de hecho le llegó a encargar importantes misiones diplomáticas en el extranjero. Su desmedida ambición le hizo cometer errores. El primero de ellos fue que no logró que su hija María pasara de ser más que una amante más del rey, el segundo y más trágico fue el que llevó a su hija Ana y a su hijo Jorge al patíbulo, acusados ambos de haber traicionado al rey por adulterio ella e incesto entre ambos.

Como buena dama de la corte, Ana era una mujer refinada y culta que hablaba francés ya que previamente a su llegada a la corte de los Tudor, había sido dama de honor de Claudia de Francia. Su forma de ser, espontánea, a veces frívola y sobre todo llena de vitalidad llamó enseguida la atención de un rey que empezaba a estar ya cansado de que su esposa no le diera un heredero varón tras casi veinte años de matrimonio. Fue fijarse en ella y empezar a cortejarla pero Ana supo jugar sus cartas muy bien manteniendo a raya la intensa seducción del monarca.

¿Virtuosa o ambiciosa?

Bolena se dejó querer por el rey pero sin permitirle relaciones carnales. Los historiadores no se ponen de acuerdo en si lo hizo por virtud o por ambición. Lo más probable es que fuera por esto último, especialmente de haber vivido en su propia familia los resultados de ser la amante del rey. Cuanto más se negaba a tener relaciones sexuales con Enrique, más él la deseaba. Tanto que finalmente optó por pedirle matrimonio.

Boda y caída en desgracia de Ana Bolena

La negativa del papa Clemente VII a anular el matrimonio del monarca inglés con Catalina de Aragón trajo uno de los mayores cismas de la iglesia y, por supuesto, el matrimonio entre Enrique VIII y Ana Bolena.

Enseguida llegó el primer embarazo y la primera decepción para el rey que seguía obsesionado con la idea del hijo varón. Pero nació una niña, la futura reina Isabel I de Inglaterra. Hubo más embarazos y, algo muy común en la época, abortos y nacimientos prematuros cuya consecuencia era la muerte del bebé. Ana enseguida comprendió que no darle un niño al rey ponía en peligro sus garantías y derechos como reina consorte. Lo que probablemente jamás se imaginó es que terminaría siendo ejecutada.

Con la misma intensidad que se encaprichó de ella, Enrique VIII se “desencaprichó” y siendo un monarca absoluto con plenos poderes (a pesar incluso del Parlamento), pronto ideó deshacerse de ella pero esta vez sin escándalos de nulidades. Ana fue acusada de adulterio que en sí mismo no llevaba implícito la pena capital pero al ser adulterio al rey implicaba traición que sí significaba ser ejecutada. También fue acusada de brujería. Con el tiempo se ha demostrado que todo fue una burda mentira del rey para deshacerse de ella porque no le daba un hijo varón.

Y así fue. Ana Bolena fue juzgada y condenada a muerte. Su marido ni siquiera presenció la ejecución aunque sí pidió para ella un experto en cortar cabezas, todo un detalle para no hacerla sufrir demasiado. Además, solicitó que se la cortaran con una espada en lugar de con un hacha para asegurarse de que el corte fuese más preciso, más rápido. Bolena murió el 19 de mayo de 1536 en la Torre de Londres dejando una niña pequeña huérfana de madre. Al día siguiente de su muerte Enrique VIII anunció su compromiso con la que sería su tercera esposa, Jane Seymour, la única que le dio un hijo varón pero que falleció joven. Curiosamente la historia se encargaría de vengar la memoria de Bolena y su hija sí llegó a ser reina, la reina Isabel I, una de las más longevas, con permiso de Isabel II, que ha tenido Inglaterra.

 

 

 

 

 

Continúa leyendo