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Aaron Burr, de vicepresidente a traidor repudiado

Aaron Burr Jr. fue un héroe de guerra y uno de los mejores abogados de Nueva York, pero también un traidor que se dejó llevar por sus ansias de poder.

Aaron Burr
Aaron Burr Jr. Imagen: Wikimedia Commons

Se dice que el destino es caprichoso y la ambición mala consejera. Aun siendo una certeza (por pura probabilidad) que la historia está plagada de sujetos cuyas vidas respaldan esta afirmación, el caso de Aaron Burr encaja especialmente bien con ella. De buena familia y mejor reputación, fue un héroe de guerra y uno de los políticos más destacados de esos primeros y convulsos años en los que Estados Unidos abría los ojos cada mañana intentando saber quién era y qué debía hacer. Pero esto no impidió que acabara siendo rechazado por sus colegas y considerado un traidor a ojos de sus compatriotas.

 

Aaron Burr, sir

Aaron Burr Jr. nació en Newark, Nueva Jersey, el 6 de febrero de 1756. Su padre era un pastor presbiterano y su madre pertenecía a una familia adinerada de tradición aristocrática por lo que recibió una buena educación desde muy temprana edad e, incluso cuando ambos progenitores murieron, se trasladó a vivir con un tío materno que le ofreció toda clase de lujos y comodidades.

Por supuesto, esto no quiere decir que Burr no tuviera que trabajar y esforzarse para ganarse la vida. Con tan solo 16 años se graduó suma cum laude en el New Jersey College (que más tarde se convertiría en la Universidad de Princeton) y comenzó sus estudios de Derecho, pero estos se vieron interrumpidos con el estallido de la Guerra de Independencia estadounidense. Burr se alistó como voluntario al Ejército continental bajo las órdenes de Benedict Arnold (que más tarde sería acusado de traición por intentar aliarse con los ingleses), combatió en Quebec y ganó cierto renombre al empeñarse en trasladar el cuerpo del fallecido general Richard Montgomery en pleno combate. Esto, sumado a su valor en el frente, hizo que fuese llamado para servir a las órdenes del mismísimo George Washington en 1776. Parece que ambos no terminaron de congeniar y ese mismo año Burr se convirtió en el ayuda de campo de Israel Putnam, bajo cuyo mando llegaría al rango de teniente coronel.

Burr dejó la lucha en 1779 alegando problemas de salud y continuó con sus estudios en Derecho. También se casó con una adinerada viuda, Theodosia Prevost, que había sido esposa de un oficial británico y con quien tuvo una hija. Durante esa década, Aaron Burr se dedicó casi en exclusiva a la abogacía y también logró sumar numerosos éxitos como jurista, pero los recién nacidos Estados Unidos estaban en constante cambio y vio su oportunidad para meterse en política.

 

Del bufete al senado

La primera gran oportunidad de Burr para meter la cabeza en política llegó en 1791. Aprovechando los contactos que había hecho durante sus años como abogado, logró crear una pequeña coalición que le llevó hasta el Senado de los Estados Unidos en lugar del veterano general Phillip Schyler, suegro del entonces secretario del tesoro Alexander Hamilton. Ambos hombres se habían encontrado en el camino en numerosas ocasiones (ambos habían estudiado Derecho, combatido durante la guerra y ejercido como abogados en Nueva York) pero fue este momento el que marcó su enemistad y rivalidad, que se iría agravando con los años. Burr mantuvo su asiento en el senado durante seis años, fracasó estrepitosamente al intentar llegar a la presidencia en 1796 y al año siguiente perdió su puesto como senador contra el mismo Philip Schyler. El huérfano de Newark estaba convencido de que su derrota era culpa de Alexander Hamilton, que le había desprestigiado hasta acabar con su reputación.

El varapalo sufrido no pareció desmotivar a Aaron Burr, que volvió a presentarse como candidato a presidente en las elecciones de 1800. El presidente entonces era John Adams, uno de los padres fundadores que ya había sido vicepresidente con Washington pero que por aquel entonces no gozaba de mucha popularidad, por lo que la decisión parecía estar dividida entre Thomas Jefferson y el propio Aaron Burr.

Antes de 1804, los votantes introducían dos papeletas al votar y la presidencia era para el candidato más votado y la vicepresidencia para el segundo. En el año 1800 hubo un empate técnico y tanto Jefferson como Burr obtuvieron 73 votos electorales, por lo que la decisión final recayó sobre los delegados de la Cámara de Representantes, que dieron la presidencia a Thomas Jefferson. Parece ser que las duras críticas de Alexander Hamilton contra Aaron Burr inclinaron la balanza a favor del autor de la Declaración de Independencia. El nuevo presidente marginó a su segundo al mando y consiguió que los principales políticos del país dieran la espalda a Burr.

Pero la cosa no terminó ahí. Para 1804, cuando su tiempo como vicepresidente estaba a punto de acabar y parecía obvio que no conseguiría repetir el éxito de la última vez, Burr se postuló como candidato para gobernador de Nueva York pero perdió por una amplia diferencia. Puede que con razón o puede que rozando la paranoia, Burr culpó a Alexander Hamilton y sus maquinaciones en la sombra de haber boicoteado su ascenso político. Otra vez.

Duelo Hamilton-Burr
Duelo Hamilton-Burr. Imagen: Wikimedia Commons

 

Duelo, traición, exilio y muerte

Ultrajado y furioso por las constantes zancadillas que Hamilton parecía poner en su camino, Aaron Burr retó al ex-secretario del tesoro a un duelo. El 11 de julio de 1804, ambos se encontraron Weehawken, Nueva Jersey, estado en el que las penas por participar en un duelo (por entonces ilegales) eran menores que en Nueva York. Existen distintas versiones de lo que pasó aquel día y todavía hoy se sigue dudando de si Alexander Hamilton levantó la pistola al cielo para dar por finalizado el duelo o no, pero el caso es que Aaron Burr sí apuntó a su rival y lo hirió de muerte.

La muerte de Alexander Hamilton fue la puntilla para la carrera política de Burr, que se hundió definitivamente entre la indignación y el desprecio de la sociedad estadounidense. Aunque se publicó una orden de captura contra Burr por asesinato, esta nunca llegó a hacerse efectiva y el antiguo vicepresidente huyó de Nueva York para refugiarse en Filadelfia por un tiempo. Sabiendo que estaba acabado, decidió probar un nuevo enfoque para sus ambiciones y pactó en secreto la invasión de México con el general James Wilkinson. El estallido de una guerra entre Estados Unidos y España era casi una certeza y Burr pretendía aprovechar la situación para invadir México y crear un estado independiente en el que gobernar y al que, más tarde, pretendía sumar los estados del oeste promoviendo un movimiento secesionista dentro de la Unión.

Al final, Wilkinson se echó para atrás y delató a Burr, quien fue arrestado y llevado a Richmond (Virginia) para ser juzgado por traición. John Marshall decidió absolverlo y dejarlo libre sin cargos debido a que, según la propia constitución de los Estados Unidos, era necesario que existiera un estado de guerra para poder juzgar cargos de traición.

Aun habiéndose librado por los pelos de su castigo, Burr era consciente de que ya no había sitio para él en los Estados Unidos. Terminó por marcharse a Europa y pasó años viajando por distintos países, intentando promover una revuelta contra España para gobernar en México o alguna de las otras colonias e incluso quiso ganarse el favor de Napoleón Bonaparte y convencerle de que invadiera Florida. Todos estos planes fracasaron y Burr acabó en la ruina, viviendo en la miseria y con las puertas de los grandes palacios del Viejo Continente cerradas. Consiguió viajar hasta Estados Unidos en 1812, volvió a trabajar como abogado y se casó con otra viuda todavía más rica que la anterior, aunque se divorciaron poco después.

Aaron Burr, quien fue uno de los juristas más brillantes y precoces de los Estados Unidos y un héroe de guerra, quien pasó toda su vida intentando hacerse un hueco en política sin llegar a tener el éxito que deseaba, murió en 1836.

Daniel Delgado

Daniel Delgado

Periodista en construcción. Soy de los que puede mantener una conversación solo con frases de ‘Los Simpson’ y de los que recuerda sus viajes por lo que comió en ellos. Es raro no pillarme con un libro o un cómic en la mano. Valhalla or bust.

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