¿Había realmente un laberinto en Creta?

El laberinto de Creta fue el lugar donde Teseo mató al minotauro y donde Dédalo e Ícaro fueron encerrados. ¿Existió realmente?

La mitología es mucho más que un conjunto de explicaciones fantásticas de aquellos fenómenos cuyo origen escapaba al conocimiento de las sociedades pasadas. Son esas historias de aventura y romance en las que los héroes superan su condición humana y alcanzan la gloria en un mundo hostil y plagado de monstruos. La mitología es la fuerza de Hércules al superar sus doce trabajos, el ingenio de Odiseo para engañar a la muerte y poder regresar a Ítaca y el valor de Teseo al adentrarse en un laberinto del que nadie había logrado salir. Pero lo que muchos se preguntan es dónde acaba el mito y empieza la realidad.

Teseo y el minotauro
Teseo matando al minotauro. Imagen: iStock Photo.

 

El mito

La historia del laberinto de Creta comienza con una promesa. Minos, rey de la isla y probablemente el soberano más importante de la cultura minoica, prometió a Poseidón que sacrificaría al primer animal que saliera del mar para intentar ganarse su favor. El dios de los océanos hizo que el elegido fuese un hermoso toro, animal como ningún otro tanto por su belleza como por su fuerza. Minos quedó tan impresionado que decidió incorporar al toro a su rebaño en lugar de sacrificarlo y esto no gustó nada a Poseidón. El dios hechizó a Pasífae, esposa de Minos, e hizo que se enamorara del animal y tuviera relaciones con él escondida en una vaca de madera. De esta unión nació el minotauro, una criatura mitad hombre y mitad toro con un voraz apetito por la carne humana.

Para asegurarse de que no ocurriría una tragedia, Minos ordenó al brillante Dédalo que construyera un laberinto tan intrincado que nadie pudiera salir de él y encerró en su interior al minotauro. Queriendo saciar el hambre de la bestia el rey de Creta ordenó que Atenas, ciudad a la que había sometido durante la guerra, le entregaría cada año siete doncellas y siete varones para que el animal los devorara y así no diera problemas durante un tiempo. El rey Egeo de Atenas no tuvo más remedio que aceptar y cada año despedía a catorce jóvenes condenados hasta que Teseo, su hijo, se ofreció voluntario para viajar a Creta y matar al minotauro.

Al llegar a la isla el héroe ateniense se enamoró de Ariadna, hija de Minos y medio hermana del minotauro, quien le prometió ser su esposa si acababa con el monstruo. Para asegurar su supervivencia idearon un sencillo pero efectivo plan: Teseo entraría en el laberinto con un hilo cuyo otro extremo sujetaría Ariadna desde fuera. Así, el héroe se adentró en aquel acertijo de pasadizos y callejones sin salida hasta que encontró al minotauro al que derrotó a puñetazo limpio y luego mató con su espada. Teseo fue recogiendo el hilo y recorrió el camino de vuelta hasta llegar a la salida y a los brazos de su amada Ariadna.

Palacio de Cnosos
Palacio de Cnosos. Imagen: Wikimedia Commons.

 

La realidad

Al igual que la ciudad de Troya, el Arca de la Alianza u otros objetos legendarios, el laberinto de Creta ha sido una obsesión para muchos historiadores y arqueólogos que habrían visto un sueño cumplido al demostrar que ese lugar del que tantas veces se ha leído en las historias ha sido hallado en el mundo real. La teoría más extendida y defendida por los expertos era que el laberinto de Creta se correspondía con el palacio minoico de Cnosos, una impresionante mansión con más de un millar de habitaciones erigida alrededor del año 1900 a.C. en la que se han encontrado cadáveres de niños entregados para rituales de sacrificio y representaciones de toros en las paredes. Sin embargo, un estudio publicado en 2018 lo desmiente y afirma que el mítico laberinto de Creta no existió.

La investigación fue realizada por Antonis Kotsonas y se publicó en el American Journal of Archaeology y en ella el autor se basaba en fuentes arqueológicas y literarias para localizar el origen del laberinto y su posible localización. Si se tiene en cuenta que las primeras versiones de la historia del minotauro no están vinculadas al laberinto, que algunos autores que sí hacen esa referencia habían conocido laberintos reales como el construido por Amenemhet III en Egipto y que el palacio de Cnosos no contiene ninguna referencia u homenaje a la hazaña supuestamente realizada por Teseo, Kotsonas concluye que el mítico laberinto de Creta no solo no es el palacio de Cnosos sino que nunca existió. La aparición de este lugar la leyenda de Teseo o a la historia de Dédalo e Ícaro podría ser un añadido metafórico que representara la difícil situación a la que hicieron frente o una “memoria abstracta” heredada de otro tiempo pero sin base material.

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