El origen de la primavera y el mito de Perséfone

Los griegos explicaban el cambio de las estaciones y las épocas de cosecha con la historia de Perséfone, Deméter y Hades.

El conocimiento científico nos permite explicar numerosos fenómenos naturales con los que nuestra sociedad ha convivido durante siglos. Ahora sabemos de dónde vienen los rayos y los truenos que se producen en una tormenta eléctrica pero, para los vikingos, estos eran obra del todopoderoso dios Thor. También comprendemos que la sucesión de las estaciones a lo largo del año se debe a las posiciones que ocupa la Tierra respecto al Sol pero, en el mundo clásico, los griegos explicaban esta situación con el mito de la bella Perséfone.

Perséfone (también conocida como Kore y llamada Prosepina por los romanos) era la hija de Zeus y Deméter, ambos engendrados por Cronos y Rea. Deméter era la diosa de la agricultura y la cosecha y, como tal, a Perséfone le tocó ser la responsable de la germinación de las plantas, de los frutos de los árboles y de la maduración del cereal. Se cree que su nombre viene de Persephatta (la que aventa el grano) o de pherein phonom (la que trae la muerte). La joven creció apartada del Olimpo, viviendo con su madre y las ninfas, y se convirtió en una bellísima muchacha de la que dioses como Apolo, Hefesto o Hermes se enamoraron pero Deméter los rechazó a todos.

Un día, en uno de los escasos viajes al mundo de los vivos que realizaba, Hades vio a Perséfone y se enamoró de ella. Comenzó a observarla desde la distancia y, obsesionado como estaba, decidió raptarla. Perséfone se encontraba recogiendo flores con sus amigas y protectoras las ninfas cuando, aprovechando un momento en el que la joven quedó sola, Hades abrió una grieta en el suelo y se la llevó en su carro hasta el Inframundo, donde la hizo su reina. Las ninfas, que no habían impedido aquella tragedia, fueron convertidas en sirenas (por entonces híbridos de mujer y pájaro, no pez) para ayudar en la búsqueda de Perséfone o como castigo, según la versión. Deméter estaba desolada y acabó por abandonar sus tareas y responsabilidades como diosa de la cosecha para dedicar todos sus esfuerzos a buscar a su hija.

Perséfone
Perséfone se reencuentra Deméter. Imagen: Wikimedia Commons.

 

Pasó el tiempo y Deméter decidió acudir a Helios, el dios sol que todo lo veía, para preguntarle dónde estaba su hija. Cuando se enteró de lo que había pasado y de que su hija era prisionera de Hades, Deméter se enfadó tanto que prohibió a las cosechas y las plantas volver a crecer o dar frutos hasta que Perséfone estuviera de regreso. La situación llegó al límite y Zeus, acosado por las reclamaciones de los humanos que morían de hambre y los llantos de Deméter, decidió intervenir mandando a Hermes (dios del ingenio) a negociar con Hades. No fue tarea sencilla pero el dios alado consiguió convencer a Hades de que renunciara a Perséfone y la devolviera con su madre con la condición de que la joven no comiera nada hasta haber salido de su reino. Los dioses sellaron el pacto pero el señor del Inframundo tenía un as bajo la manga: no avisó a su prisionera de esta condición y, antes de que se marchara, le ofreció unas semillas de granada para el camino.

Al reencontrarse con Deméter se descubrió la trampa de Hades. El trato no se había cumplido por lo que Perséfone tendría que permanecer la mitad del año con Hades como reina del Inframundo y la otra mitad con su madre en la Tierra. No hubo más remedio que aceptar la situación pero, durante los meses en que Perséfone estaba en el inframundo, Deméter estaba tan triste que la naturaleza moría y no crecía nada (otoño e invierno). Por su parte, la salida de la joven del mundo de los muertos simbolizaba el renacer de las plantas y las cosechas (primavera y verano).

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