Curiosidades sobre los galos de la mano de ‘Astérix y Obélix’

Los cómics de Goscinny y Uderzo nos introdujeron en el divertido mundo de los galos y su lucha contra las legiones romanas de Julio César

En octubre de 1959, el guionista René Goscinny y el dibujante Albert Uderzo daban a conocer al mundo a un hombrecillo de mente aguda y bigotazo rubio llamado Astérix. Y cómo olvidar a su inseparable compañero, el bonachón forzudo de trenzas pelirrojas conocido como Obélix. Esta divertida pareja nos trasladaba a una idílica aldea gala que, para sorpresa del mundo, era el último reducto de irreductible resistencia contra los invasores romanos de Julio César. Y si bien es cierto que las legiones del águila conquistaron toda la Galia y que no había poción mágica que valga, uno puede extraer ciertas enseñanzas históricas de los cómics de Astérix y Obélix.

Astérix y Obéix
Imagen: Getty Images

 

Por ejemplo, en el mítico comienzo de los cómics: “Estamos en el año 50 antes de Jesucristo. Toda la Galia está ocupada por los romanos… ¿Toda? ¡No! Una aldea poblada por irreductibles galos resiste, todavía y como siempre, al invasor”. Las tropas de Julio César llegaron a la Galia con aires de conquistadores en el año 58 a.C. y no fue hasta el 51 a.C. cuando lograron someter a toda la región al control de Roma. Si lo que vemos en los cómics ocurre en el año 50 a.C., se trataría de un momento en el que toda la Galia estaría bajo influencia romana salvo la aldea de los protagonistas.

El propio Astérix parece ser la personificación misma del perfecto galo. Si nos vamos al De Bello Galico o Comentarios sobre las guerras de la Galia, el extenso ensayo que el propio Julio César escribió relatando sus experiencias durante la campaña y las particularidades de su enemigo, nos encontramos que el divino calvo alababa en varias ocasiones a los galos por su fiereza en combate y su astucia. No sabemos si Goscinny y Uderzo recurrieron a esta fuente a la hora de crear a sus personajes, pero lo cierto es que hicieron que cuadraran bastante bien con lo que el mismísimo César dijo de ellos.

También acertaron al proporcionar a la historia ese carácter local que puede apreciarse desde un primer momento. Los galos eran un pueblo de origen celta cuya sociedad seguía un sistema tribal a pequeña escala, con caudillos o jefes locales (como Abaracúrcix) que gobernaban sobre aldeas, asentamientos o regiones relativamente pequeños. Podían darse casos de reyes o líderes que gobernaban sobre extensiones de terreno más amplias pero en general su alcance era bastante limitado y sus relaciones con otras aldeas podían ser a través del comercio, de alianzas políticas o de la guerra. Esta situación, al igual que pasó en Germania, propició una división en el frente galo y muchos problemas a la hora de congregar grandes ejércitos con los que combatir a las legiones de Julio César.

Astérix y Obélix
Imagen: Wikimedia Commons

 

Otra figura muy importante, tanto en los cómics como en la realidad histórica, era la del druida. Sin el bueno de Panorámix y su pócima mágica, la aldea de Astérix habría caído tiempo atrás bajo las garras de Roma. En el mundo de fuera de las páginas del cómic, los druidas eran grandes sabios que recibían una estricta formación y comprendían aspectos científicos complejos, de forma similar a la figura de los filósofos en la Antigua Grecia. Estos conocimientos les concedían un estatus especial dentro de la sociedad gala, eran respetados y se les situaba muy próximo al poder tanto por su comprensión del mundo como por sus conocimientos y autoridad religiosa. Si bien no llegaban a desempeñar ese papel de brujos que nos ha llegado en muchas ocasiones, los druidas galos sí mantenían cierta relación con el mundo espiritual. Y si hablamos de espíritus y de dioses, no podemos dejar de mencionar a Tutatis, la deidad a la que Astérix y compañía recurrían para mostrar indignación o sorpresa. Podría pensarse que este dios fue un invento de Goscinny y Uderzo pero lo cierto es que Tutatis (o Teutates) era uno de los dioses principales para los galos, deidad masculina de la unidad tribal asociado con las figuras del guardián y el legislador.

La rendición de Vercingetórix
La rendición de Vercingetórix. Imagen: Wikimedia Commons

 

Pero ni toda la ayuda de Tutatis es suficiente para cambiar la historia. Por suerte o por desgracia, no hubo irreductible aldea ni pócima mágica; Julio César completó su objetivo y conquistó la totalidad de la Galia transalpina. El último gran rival al que se enfrentó el romano fue Vercingetórix, un caudillo que, al final de las Guerras de la Galia, consiguió reunir a muchas tribus galas bajo su estandarte para plantar cara a los romanos. A pesar de ser un buen líder militar, fue asediado en Alesia y tuvo que rendir sus armas y entregarse como prisionero para salvar a sus hombres.

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