Armas de la historia: Edad Antigua

Repasamos las principales armas y formaciones militares empleadas por dos de las mayores civilizaciones del mundo antiguo: Grecia y Roma.

Aunque para el registro de los acontecimientos y el devenir del ser humano se usa tinta, la historia se escribe con sangre. Desde nuestro propio nacimiento como sociedad, hemos luchado contra los elementos y contra nosotros mismos por intereses tan variados como, en la mayoría de los casos, egoístas. Mucho ha llovido desde que el Homo sapiens diezmara al Homo neanderthalensis y los puñales de piedra de la Prehistoria quedaron atrás para dar paso a nuevas y mucho más sofisticadas formas de combatir. El ser humano ha desarrollado toda clase de herramienta y tácticas militares a lo largo de los siglos y aquí nos proponemos repasar las más importantes.

Comenzamos hablando de la Edad Antigua, concretamente de Grecia y Roma. Las dos grandes culturas occidentales poseían una sociedad desarrollada y compleja que creció en un momento de tensiones bélicas entre las nacientes potencias. En la Grecia Clásica, las distintas ciudades-estado luchaban por motivos económicos y políticos, buscando aumentar su influencia y expandir sus dominios hasta nuevas cuotas. Con excepciones, las guerras solían celebrarse en campo abierto y en ellas participaban solo los soldados, ya que la baja población de las ciudades-estado les hacía valorar la vida humana.

La unidad más común en Grecia era la infantería, concretamente los soldados hoplitas. Con armaduras de cuero y bronce, cascos y grebas, los hoplitas combatían organizándose en filas o muros de escudos y buscando romper la formación rival y ganar terreno. Además de este inmenso escudo, llamado aspis, las tropas de infantería contaban con una lanza de asta larga (unos 2 metros de largo), punta de gran tamaño y aguijón secundario en el otro extremo que utilizaban como arma principal y que colaban entre los escudos cuando se encontraban en formación de falange. Para el combate en distancias cortas o para los casos en los que la lanza se perdiera o acabara rota, los guerreros griegos contaban con espadas como el kopish (un arma contundente similar a una falcata o machete y pensada para cortar) o el xifos (espada larga con hoja recurva que permitía mayor maniobrabilidad).

Si bien es cierto que muchos elementos de la cultura romana derivan o guardan relación con la Antigua Grecia, en el ámbito militar Roma desarrolló unas características que le convirtieron en el imperio más poderoso de su tiempo. En la guerra, Roma basó sus planes en el uso de una infantería pesada dividida en legiones (grupos de 4.200 hombres) que iban equipados con armadura metálica integral, un gran escudo rectangular con el que avanzaban en una formación blindada y una espada recta y corta llamada gladius hispaniensis. Esta arma fue bautizada así debido a que se inspiraba en las hojas hispanas y utilizaba el excelente metal de la península ibérica y su reducido tamaño y forma de punzón la convertían en el objeto perfecto para manejar junto al escudo y en un arma de choque letal.

Como evolución de la gladius, y debido al contacto con los pueblos del norte y centro de Europa, surge la espatha. Se trata de una espada larga que imita la forma de la gladius pero estiliza la hoja y aligera la guarda y el pomo para poder seguir manejándola con una mano. Su uso se popularizó en las unidades de caballería, ya que esta nueva fisonomía permitía atacar desde la montura y hacía de las cargas a caballo ataques devastadores.

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