Seres fantásticos y animales míticos, el sueño de la razón

Las criaturas mitológicas llevan siglos acompañándonos y ejerciendo funciones diversas: advertir de peligros, explicar fenómenos de la naturaleza, ayudarnos a vencer nuestros miedos...

Sueño de una noche de verano
Imagen: Wikimedia Commons.

Cuentan que los viajeros de la Antigüedad llevaban siempre consigo un gallo para mantenerse a salvo de un ser maligno que era capaz de matar con la mirada. Solo dos cosas podían acabar con él: el olor de la comadreja y el canto del gallo. Plinio El Viejo habló de esa maléfica criatura describiéndola como una serpiente con cresta que había nacido de un huevo sin yema puesto por una gallina vieja e incubado por una serpiente. Aclaró que su nombre, basilisco, procedía del griego basilískos –diminutivo de rey–, por lo que era considerado el monarca de las serpientes. Y no solo tenía el poder de asesinar dirigiendo únicamente la mirada hacia su víctima. También era capaz de marchitar cosechas y resquebrajar piedras con su aliento fétido, lo que explicaba años desgraciados en el campo o derrumbes que habían acabado con la vida de seres queridos. Como esta criatura mitológica, los seres fantásticos llevan siglos acompañándonos y ejerciendo distintas funciones: advertir de peligros, explicar fenómenos aparentemente incomprensibles, ayudar a vencer ciertos miedos... Sin ellos, el mundo resultaba aún más difícil de entender, y al mismo tiempo su presencia ayudaba a inculcar valores y sentar ciertas reglas fomentando la creación de historias llenas de fantasía. Porque, como dijo el filólogo e historiador francés Georges Dumézil, “un país sin leyendas se moriría de frío; un pueblo sin mitos estaría muerto”.

 

Gigantes y criaturas del mar

Dicen que lo que no ha ocurrido jamás no envejece nunca, y quizá por eso los monstruosos seres fantásticos siguen tan vivos entre nosotros, aunque haga siglos que vieron la luz. Gigantes de un solo ojo y enormes criaturas marinas de las que solo algunos juraban haber podido escapar aparecen en gran parte de los mitos y leyendas más antiguos que conocemos. Hesíodo, Homero, Eurípides y Virgilio, entre otros, escribieron sobre esos gigantes con un solo ojo en mitad de la frente que en la mitología griega eran conocidos como cíclopes. Uno de los más populares fue Polifemo, hijo de Poseidón. Se cuenta que los hombres de Odiseo llegaron a la remota isla de los cíclopes y se adentraron en una cueva, que no era otra que la del temido Polifemo. Este los encerró y comenzó a comerse a la tripulación hasta que Odiseo urdió un plan: cegar al cíclope clavándole una lanza en el ojo, tras emborracharlo con vino, y salir a la mañana siguiente de la cueva agarrándose al vientre de las cabras y ovejas del gigante, al amparo de su ceguera. Así, aunque Polifemo palpó los lomos del ganado al dejarlo salir para asegurarse de que los marineros no se escapaban subidos en él, Odiseo logró con su ingenio liberar a su tripulación.

El Coloso de Goya
Imagen: Wikimedia Commons

 

No es la única leyenda en la que la razón vence a la fuerza de un ser fantástico. Ocurre también en el mito de la Hidra de Lerna, un monstruo acuático con la apariencia de una serpiente de nueve cabezas que habitaba en una entrada al inframundo. Tenía el poder de que sus cabezas se regeneraban aunque las cortaran una y otra vez, pero Heracles contaba con la ayuda de su sobrino Yolao, que quemó con un trapo ardiendo los cuellos de las cabezas que su tío cortaba, de forma que el monstruo murió al perder todas ellas. Después, Heracles mojó las puntas de sus flechas en la sangre de la hidra para que el potente veneno pudiera acabar con sus enemigos.

Otros fantásticos seres monstruosos que personificaban el mal y explicaban desgracias como los naufragios fueron el Kraken –una especie de pulpo gigante de la mitología escandinava, que atacaba barcos y devoraba a los marineros– y la Fastitocalón, que se menciona en distintos bestiarios: una inmensa ballena que los navegantes confundían con una isla. Cuando desembarcaban en ella, la ballena se sumergía y los ahogaba. Sin embargo, no todas las grandes criaturas fantásticas encarnan el mal. En la literatura mitológica también encontramos titanes como Prometeo, que robó el fuego para los mortales. Fue castigado por Zeus, pero eso no impidió que fuera venerado como protector de la humanidad, ganando una gran gloria.

Sirena
Imagen: Wikimedia Commons.

 

Mitad animales, mitad humanos

Aunque todos los protagonistas de mitos y leyendas están impregnados de fantasía, hay un tipo de personajes que consiguen disparar aún más nuestra imaginación por su condición de híbridos fabulosos. Son aquellos seres mitad animales, mitad humanos que escriben historias llenas de magia. Entre ellos están las sirenas, unas espléndidas criaturas hipnóticas que aparecieron por primera vez en una isla de Italia. Griegos y egipcios las imaginaron con rostro y torso de mujer y cuerpo de ave, pero pasarían a nuestro imaginario con cola de pez en lugar de cuerpo de ave, tal como empezaron a describirlas los primeros textos escritos donde aparecen, como la Odisea de Homero, donde se advierte de los peligros del seductor canto de estas criaturas que se encuentran entre dos mundos. Su tarea es embelesar a los marineros para que naufraguen, pero sus malas intenciones no son lo primero que asociamos a ellas, gracias a la protagonista del cuento de Andersen La sirenita, que hace precisamente lo contrario: salvar a su amado príncipe de un naufragio.

 

Son memorables centauros como Folo (amigo de Heracles) y Quirón (maestro de Aquiles y Ajax)

arpía
Imagen: Wikimedia Commons.

 

También con bello rostro de mujer y cuerpo de ave dibujaba Hesíodo a las arpías, que se valían de su capacidad de volar para robar comida. Sin embargo, en versiones posteriores se transformarían en criaturas maléficas con horrendo rostro femenino y afiladas garras que traían consigo toda clase de males, como pestes y otras enfermedades. En el lado de los “mitad hombres, mitad animales” con carácter, pero de buen corazón, encontramos a algunos de los míticos centauros, con rostro y tronco humanos sobre patas de caballo. Aunque muchos de ellos eran considerados salvajes e indisciplinados, han pasado a la historia literaria algunos como Folo o Quirón: el primero, un amable amigo de Heracles que fue considerado un gran sabio; el segundo, maestro de héroes como Aquiles, Ajax o Teseo, entre otros, que además de buen preceptor sería un excelente médico.

 

Pequeños seres de los bosques

Si los mares, las puertas del inframundo y las islas recónditas son terreno fértil para la presencia de criaturas fantásticas, los misteriosos bosques también están llenos de seres mágicos. Allí habitan los gnomos, prácticamente desconocidos en España hasta que llegó a nuestras pantallas la serie David el gnomo pero muy populares en la mitología nórdica y centroeuropea desde hace siglos. El alquimista Paracelso los describía en el siglo XVI como seres fantásticos que podían desplazarse por el interior de la tierra y eran buenos conocedores de sus secretos, siendo los guardianes del oro y la plata. Tanto por su aspecto como por su labor, son muy distintos de los elfos de la mitología germánica y escandinava, quienes viven cientos de años en los bosques, fuentes o cuevas, tienen poderes sobrenaturales y resultan inconfundibles gracias a sus largas orejas puntiagudas.

Muy parecidos a ellos, los duendes comparten con los elfos la característica forma de la oreja. Su labor es cuidar de la naturaleza y del bosque, aunque se los asocia con frecuencia a las casas, y de hecho se cree que están relacionados con los dioses domésticos menores del Imperio romano, los genium loci, cuya misión era proteger el hogar. Un tipo de duende que en el norte de España se ha hecho muy popular son los traviesos trasgos, que disfrutan con bromas como cambiar las cosas de lugar. Y también relacionados con los elfos, ya que se cree que son descendientes de ellos, en los mundos fantásticos encontramos con frecuencia a los drows, unas criaturas subterráneas que cuando tuvieron la opción de elegir entre el bien y el mal se decantaron por lo segundo y fueron expulsadas a las cuevas del subsuelo. Uno de sus poderes es la visión infrarroja, ya que la luz blanca les ciega por vivir en tinieblas.

Gnomo
Imagen: Wikimedia Commons.

 

Hadas, ninfas y xanas

Entre las criaturas mágicas que suelen causar admiración entre los seguidores de los mundos fantásticos, las hadas ocupan un lugar destacado e inspiran historias fabulosas. Presentes en decenas de poemas, en un principio se las imaginó con proporciones humanas. Pero, desde que Shakespearehabló de ellas como criaturas diminutas y etéreas, esa es la imagen que quedó grabada en el imaginario colectivo. Sin embargo, el resto de sus atributos se mantuvo: caras angelicales, alas de mariposa y siempre rodeadas de naturaleza, a la que en teoría protegen.

La creencia en hadas llegó a ser tal, que hay cientos de investigaciones sobre estos seres mágicos. Entre ellas, la que inició Arthur Conan Doyle, creador de Sherlock Holmes, cuando llegaron a sus manos unas fotografías en las que una adolescente británica, Frances Griffiths, aparecía en un bosque de Cottingley junto a cuatro hadas en una imagen tomada por su prima, Elsie Wright. Después, las primas tomarían más fotografías como aquella, intentando con ello probar que dichas criaturas fantásticas existían. Aquella historia acabó siendo la base del ensayo El misterio de las hadas, en el que Conan Doyle advertía: “Es posible que los hechos que vamos a contar en este libro saquen a la luz la estafa más fabulosa jamás hecha al público, pero tal vez el futuro, por el contrario, muestre que estos hechos constituyen un hito de la historia de la humanidad”. Décadas después, las primas confesaron que las fotografías estaban trucadas.

Hada
Imagen: Wikimedia Commons.

 

En la mitología griega, las ninfas, similares a las hadas, eran espíritus divinos felices que actuaban a menudo como ayudantes de distintos dioses y habitaban en la naturaleza. Su lugar de residencia marcaba su nombre, ya que dependiendo de dónde vivieran se referían a ellas de una u otra forma. Así, existían las nereidas, que se creía que vivían en el mar; las oréades, que habitaban grutas y montañas; las néyades, cuya casa eran las aguas dulces... En la mitología celta, estas últimas serían similares a las xanas, que habitan en aguas cristalinas como las de cascadas, arroyos o riberas de los ríos y cuentan con poderes que usan principalmente para hacer el bien.

Amazonas
Imagen: Wikimedia Commons.

 

Valientes amazonas y valquirias

No todas las figuras femeninas fantásticas que resultan atractivas son descritas como seres angelicales de rasgos delicados. Las eróticas amazonas y las valquirias son admiradas precisamente por lo contrario: un lado salvaje que, unido a su determinación, fascina a gran parte de la gente.

Historiadores como Heródoto o Plutarco describieron un pueblo habitado y gobernado por mujeres guerreras (las amazonas), similar a una isla que a la que aludió Marco Polo en su libro de viajes por Asia. Entre sus peculiaridades se encontraba una extraordinaria habilidad para cabalgar mientras usaban con destreza el arco y la flecha. Según la leyenda, era tan importante para ellas esta última tarea que se cortaban o quemaban el seno derecho para que no se interpusiera a la hora de apuntar con el arco.

En cuanto a las valquirias, que veneraban al dios Odín según las mitologías nórdica y germánica, eran también expertas jinetes cuya labor consistía en escoger a los más heroicos de los caídos en batalla. Los llevaban después al Valhalla, donde los cuidaban hasta conseguir que renacieran para que pudieran luchar junto a Odín en la batalla del fin del mundo, conocida como Ragnarök. Todo un honor que daba cierto sentido a caer en la guerra.

Valquirias
Imagen: Wikimedia Commons.