Emerita Augusta y la huella de Roma

Fundada en 25 a.C., llegó a ser la capital de Hispania y una de las ciudades más destacadas del Imperio Romano. Su vida floreciente y su clase social pudiente y culta hicieron de ella un importante centro político, económico y artístico de la Antigua Roma.

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La que hoy conocemos como Mérida, capital de Extremadura, fue durante varios siglos un auténtico epicentro administrativo y cultural para la que fuera la Hispania del Imperio Romano. Fundada en un enclave estratégico, geográficamente hablando, gracias a que fue asentada en un lugar favorable del paso del río Guadiana, la entonces Emerita conectó a partir del año 25 a.C. las tierras de la Bética con las del noroeste peninsular, tierras estas últimas que eran absolutamente vitales para el erario público romano. Y no solo eso. Con su fundación, Emerita se convirtió en un importante nudo de comunicaciones de todo el occidente peninsular, que iría adquiriendo más y más importancia con el paso del tiempo. Ya en el siglo I, cuando la ciudad se extendía con una superficie de 20.000 kilómetros cuadrados, Emerita fue ganando importancia dentro de la Península y del vasto territorio del Imperio gracias a que llegaron gentes de diferentes lugares de Lusitania y de otras provincias hispanas, así como de otras zonas del Mediterráneo, como la Galia, Italia o la parte grecoparlante.

Eso sí, Emerita no tenía todavía un elevado peso en la administración del Imperio, ya que en este siglo la dirigieron gobernadores de segunda fila dentro del contexto de la política romana. Después, durante la época Flavia, Emerita vivió por fin el inicio de su merecido esplendor, que continuaría con el período antoniano. Fue entonces cuando se llevó a cabo una reactivación monumental, impulsada por Trajano y Adriano, que dio lugar a construcciones faraónicas y espléndidas de diversos complejos de tipo religioso, como el Templo de Marte o el santuario consagrado a las divinidades orientales que se emplazó en el cerro de San Albín. La reactivación monumental tuvo su efecto en otras artes escénicas. La vida floreciente y la clase social pudiente de Emerita propiciaron que la urbe aglutinase muchos talleres de escultura y una fuerte producción pictórica.

 

Emérita, capital de Hispania

Todo ello hizo que Emerita siguiera ganando importancia y pudiera convertirse en una de las urbes más preclaras de su tiempo. Ya con Diocleciano en el poder, Emerita fue el lugar de residencia de la máxima autoridad política del Imperio Romano en la Península. Su peso en el Imperio era entonces de tal envergadura que la ciudad se convirtió en la capital de Hispania y de parte del Norte de África, y también en sede de un centro administrativo y jurídico de primer orden. Fue entonces cuando se dio una fortísima eclosión urbana mediante la que se crearon nuevas zonas, ubicadas por lo general a lo largo de las calzadas que salían de la urbe y que ocuparon antiguas áreas de necrópolis. Ese buen momento vivido por Emerita también se constata con la reconstrucción de diversos edificios públicos como el teatro y el circo, y con la edificación de numerosas mansiones: Casa del Anfiteatro, Huerta de Otero, Alcazaba o Suárez Somonte, que con sus magníficas decoraciones muestran en todo su esplendor la bondad de aquellos tiempos. Todo propició, además, un importante florecimiento cultural, motivado por la presencia de un buen número de intelectuales.

Pese a todas aquellas construcciones, las investigaciones sobre su urbanismo constituyen hoy, por las incógnitas que se plantean al encontrarse la ciudad actual superpuesta a la antigua, una de las empresas más atrayentes que tiene ante sí cualquier arqueólogo. De las distintas teorías al respecto, hay una que tiene mayor número de adeptos, y es la que considera que la ciudad romana se trazó de una vez dejando dentro del recinto amurallado espacios vacíos que, con el tiempo, se ocuparían a medida que las necesidades derivadas del auge de la ciudad lo precisaran. De lo que no hay duda es de que Emerita fue construida como todas las ciudades de Roma: con el sentido utilitario de los romanos.

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Sentido utilitario romano

Este se puso de manifiesto en la actual Mérida, a raíz de la fundación de la urbe, con la planificación de hasta tres conducciones hidráulicas, cuyas ruinas son actualmente bien expresivas. Su estructura revela la perfección y el dominio que los ingenieros romanos llegaron a alcanzar en la solución de este tipo de obras. De hecho, es posible que el trazado emeritense de las calles se  fijase con ocasión de los trabajos de la nueva acometida de aguas y servicios higiénicos. Servicios que llegaron a sumar catorce alcantarillas que se orientaban perpendicularmente al río, y nueve más que eran paralelas a la corriente de agua. De ahí se deduce que la ciudad romana, al parecer, estaba estructurada en cuadrículas más o menos regulares, que delimitaban manzanas de entre 100 y 110 metros de longitud por 50-60 metros de anchura.

 

La vida en torno al foro

Si no se sabe a ciencia cierta cómo se dispuso el trazado urbanístico de Emerita, obviamente tampoco es posible saber con exactitud dónde se ubicaba el foro, aunque diversas excavaciones han hecho pensar que este estaba entre las actuales calles de San José y de Los Maestros, por un lado, y el Templo de Diana y la calle de Viñeros, por otro. Lo que no se cuestiona en ningún caso es que su estructura respondía a un esquema muy repetido en las ciudades romanas de Occidente durante la primera época imperial. Dicho espacio contaba con un templo, el de Diana, claramente dedicado al culto imperial; una basílica, probablemente situada frente al templo; unas posibles termas y un pórtico. Esos serían los edificios conocidos, aunque es muy posible que el foro también acogiera otros escenarios, tales como la curia y demás dependencias de la administración ciudadana.

 

El templo de Diana

Lo más significativo del conjunto lo constituyen las ruinas del Templo de Diana y el referido pórtico. El templo, cuyo espacio fue ocupado en el siglo XVI por una singular mansión, la denominada Casa de los Milagros, se ha conservado en excelente estado. Es períptero y hexástilo, con orientación aproximada de norte a sur. Su planta rectangular es de 40,75 metros en los lados mayores y 21,90 metros en los frentes, y fue construido en su totalidad en piedra de granito procedente de las canteras de Proserpina. En cuanto a la fecha, los rasgos de su arquitectura invitan a situarla a comienzos del período tiberiano. El pórtico, por su parte, descubierto a principios del siglo XIX, es una prueba más de la monumentalidad con la que fue concebida Augusta Emerita.

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Teatro, anfiteatro y circo

Se dotó probablemente a Emerita de otro foro, uno provincial, gracias a su monumentalidad. La existencia de dos o más era algo normal en las grandes ciudades del Imperio y en las capitales de provincia. Existiera o no ese foro, no hay duda de que la urbe vio elevarse distintos edificios destinados a los espectáculos, como el teatro y el anfiteatro. Ambos fueron contemplados dentro del plan general de urbanismo y ubicados en las faldas de una suave colina que sirvió para asentar en talud sus graderíos. El teatro, según indica una inscripción, fue construido en los años 16-15 a.C., y su donante fue Marco Vipsanio Agripa. El edificio, durante varios siglos, sufrió remodelaciones, las más importantes en el período final de los Flavios y en época de Trajano. A la edificación primitiva corresponderían todo el graderío dividido en tres sectores, con un aforo de 5.500 espectadores, y el pórtico situado detrás de la escena; y a la segunda fase, la monumental fachada de la escena. Separada del graderío por un cancel de mármol se encontraba la orchestra, semicircular, con pavimento hecho en mármol.

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El anfiteatro, por su parte, fue inaugurado en el año 8 a.C., y a él se podía acceder por medio de tres entradas principales y otras secundarias. Era capaz de albergar 15.000 espectadores, a salvo de las posibles acometidas de las _ eras por un elevado pódium. En el eje principal del monumento, de 55 metros de longitud, existían dos grandes arcos que marcaban el comienzo de largos corredores abovedados, por donde salían los participantes en el espectáculo. Ya en las afueras de la ciudad, en la calzada que unía Emerita con Toletum, se construyó el circo unos años más tarde, probablemente en época de Tiberio, con sus grandes dimensiones de más de 400 metros de longitud y 100 de anchura. Aquí el aforo era de 30.000 espectadores.

 

Otros edificios

También contaba con necrópolis estructuradas en diferentes áreas y disposiciones. Las hay que presentan sepulturas con cámaras abovedadas y planta rectangular y también otras con mausoleos a cielo abierto, conocidos como columbarios de incineración. Emerita fue, sin lugar a dudas, todo un ejemplo de orden y de pragmatismo en la Hispania del Imperio Romano.

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