¿Cuál fue la primera invasión bárbara de Roma?

Las invasiones bárbaras de los siglos III y IV cambiaron el panorama europeo, hasta entonces bajo el yugo del Imperio Romano.

La guerra de los cimbrios

Varios siglos antes, en el II a.C., una tribu germánica procedente de la península de Jutlandia (actual Dinamarca), la de los cimbrios –a la que se unieron otras tribus: los teutones y los ambrones–, decidió buscar tierras en zonas del sur y puso en serios aprietos a la por entonces invicta Roma.

Los antecedentes de esta invasión se basan en el posible cambio climático que sufrió el norte de la Europa actual durante los años 120-115 a.C.

Así, los cimbrios abandonaron sus tierras natales del mar Báltico, que comprendían la península de Jutlandia y el sur de Escandinavia.

Estos pueblos se desplazaron hacia el sureste, uniéndose pronto sus vecinos de origen teutón. Juntos lucharon contra los escordiscos y boyenses, muchos de los cuales acabaron uniéndose a ellos.

Así, en 113 a.C. los cimbrios y sus aliados invadieron la provincia romana de Nórico (entre las actuales Austria, Baviera y Eslovenia).

El cónsul Gneus Papirius Carbo, político sin experiencia en la guerra, se propuso aniquilar completamente a las tribus invasoras.

Pese a que había pactado con los cimbrios que abandonaran la zona, engañó a su jefe, Boirix, y los atacó en la retirada.

La venganza fue tremenda: las legiones de Carbo fueron totalmente exterminadas en la batalla de Noreia.

Los cimbrios y sus aliados, en lugar de marchar al sur sobre la península Itálica, decidieron partir rumbo a las Galias.

Estas tribus no querían sólo el botín, sino también un hogar.

La contienda de estos pueblos protogermánicas de cimbrios y teutones contra el Imperio Romano no terminó hasta el año 101 a.C.

Viajaban con sus familias y buscaban una zona para asentarse y quedarse. Lo peor todavía estaba por llegar...

La guerra cimbria puso en serios aprietos a la República de Roma, algo que no sucedía desde la Segunda Guerra Púnica (218 a.C.).

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