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Tiresias, el vidente transexual de la mitología griega

Este varón tebano fue convertido en mujer y de nuevo en hombre, cegado y premiado con el don de la clarividencia, que lo convirtió en el vidente más importante de la Hélade

Tiresias hablando con Ulises
'Tiresias aparece ante Odiseo durante el sacrificio', de Heinrich Füssli. Imagen: Wikimedia Commons

Si nos atenemos a los relatos que nos han llegado de esa época, la Grecia Clásica debía ser un lugar bastante curioso. Una tierra de mortales serviles, dioses caprichosos, semidioses divinos, leones de piel impenetrable y dragones de cien cabezas en la que el consejo de un vidente podía resultar muy útil. El oráculo de Delfos es conocido en todo el mundo como uno de los lugares de peregrinación para el mundo heleno, ese lugar de Fócida al que cientos de miles de personas acudían para escuchar las predicciones de la pitia y recibir la bendición de Apolo. Sin embargo, había en Grecia ciertos personajes que, sin tanta pomposidad como la de Delfos, se dedicaban a vagar por la Hélade haciendo predicciones y aventurando el destino de los afortunados y de los desdichados. El más famoso de todos ellos era Tiresias, quien nació hombre, fue convertido en mujer y terminó sus días como hombre de nuevo.

 

El tebano que odiaba a las serpientes

La historia de Tiresias cuenta con muchas versiones distintas, recopiladas por autores varios a lo largo de la Antigüedad y siendo una de las más conocidas la narrada por Ovidio en su Metamorfosis. Todas las versiones parecen coincidir en que Tiresias era hijo del mortal Everes y de la ninfa Cariclo y nació en la ciudad de Tebas.

Tiresias llegó al mundo como un mortal más, sin poder de clarividencia pero sí con la promesa de una vida muy larga gracias a que su madre era una ninfa. Se cuenta que, siendo todavía joven, salió a pasear por los campos que rodeaban Tebas y encontró a dos serpientes copulando. Tal vez por decoro, tal vez por envidia, aquel acto sexual enfureció a Tiresias y separó a las serpientes golpeándolas con su bastón y matando a la hembra. Como castigo por este acto, algún dios decidió convertir a Tiresias en una mujer y así pasó muchos años. Pero los hados, tan caprichosos como los dioses del Olimpo y con un peculiar sentido del humor, volvieron a poner en su camino a dos serpientes copulando. Tiresias no había aprendido la lección y volvió a separarlas con su bastón, matando en esta ocasión al macho y convirtiéndose así en hombre de nuevo.

Tiresias había vivido de forma plena como ambos sexos, por lo que poseía una comprensión inédita sobre la sexualidad y la dualidad hombre-mujer y podía ofrecer un punto de vista único en determinados asuntos.

 

Ciego, pero vidente

A pesar de ser hijo de una ninfa, Tiresias no nació con la virtud de la clarividencia y solo podía interpretar los augurios de los dioses como cualquier otro mortal. La historia de cómo obtuvo sus poderes y perdió la vista cuenta con muchas versiones distintas pero hay dos que son las más conocidas. Una de ellas dice que fue la diosa Atenea quien le arrebató la vista ya que Tiresias había visto a la diosa desnuda mientras se bañaba. Para paliar un poco las consecuencias de su castigo, también le concedió el don de la clarividencia.

La otra versión tiene como protagonistas a Zeus y a Hera. Se dice que, para justificar sus constantes infidelidades ante su esposa y contener sus enfados y pequeñas venganzas, el señor del Olimpo argumentó que los hombres disfrutan mucho menos del sexo que las mujeres y, por lo tanto, deben practicarlo más a menudo. Hera rechazaba esta premisa y, para poner fin a la discusión, los dioses llamaron a Tiresias. El tebano había sido hombre y mujer y había yacido con ambos sexos, por lo que parecía ser el juez más imparcial que los dioses podrían encontrar. Basándose en su experiencia, Tiresias afirmó que los hombres disfrutan diez veces menos del sexo, por lo que Zeus tenía razón. Enfurecida, Hera castigó al mortal por llevarle la contraria cegándole y Zeus Crónida le dio el don de la clarividencia para compensarlo.

Desde ese momento, el buen Tiresias ganó fama en todo el mundo griego, pues ningún vidente ni adivino se acercaba a la precisión con la que él realizaba sus profecías. Con la ayuda de un lazarillo, utilizaba el vuelo de los pájaros para conocer la voluntad de los dioses y así auguró las impresionantes hazañas que Hércules llevaría a cabo o el terrible destino de Edipo. Sus servicios siguieron siendo requeridos incluso después de muerto ya que, en el Canto XI de la Odisea, Homero nos cuenta cómo Ulises viaja al Hades para consultar a Tiresias. Aconsejado por Circe, el héroe de Ítaca viaja hasta el Inframundo con su tribulación y allí ofrece sacrificios y libaciones a los muertos, degollando un carnero y vertiendo su sangre en un foso. Esto atrae a las ánimas que residen en el reino de Hades, a quienes Ulises repele para que Tiresias sea el primero que bebe la sangre de la ofrenda. Entonces, el adivino tebano contó a Ulises la razón por la que Poseidón estaba en su contra, todos los incidentes que aún le quedaban por vivir y cómo lograría llegar a Ítaca solo y vencer sobre los pretendientes que querían arrebatarle a su esposa.

El personaje de Tiresias es uno de los más interesantes de la mitología griega. Aunque pueda parecer secundario en comparación con otros, encarnaba una triple dualidad: su androgenia lo vinculaba con hombres y mujeres por igual, su clarividencia lo convertía en un intermediario entre dioses y mortales y su larga vida le permitía comprender tanto a los jóvenes como a los ancianos.

Daniel Delgado

Daniel Delgado

Periodista en construcción. Soy de los que puede mantener una conversación solo con frases de ‘Los Simpson’ y de los que recuerda sus viajes por lo que comió en ellos. Es raro no pillarme con un libro o un cómic en la mano. Valhalla or bust.

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