Teutoburgo, el bosque maldito donde cayeron tres legiones romanas

En el año 9 d.C., numerosas tribus germanas lideradas por un caudillo querusco llamado Arminio emboscaron y masacraron a tres legiones romanas en Teutoburgo.

Batalla de Teutoburgo
Imagen: Getty Images

En el noroeste de Alemania, entre las actuales Baja Sajonia y Renania del Norte-Westfalia, hay un frondoso bosque de inigualable belleza. El verde de los árboles se extiende hasta donde alcanza la vista y el viento corre entre sus ramas llevando y trayendo susurros de los viejos dioses que poblaron el lugar. Allí, en el siglo primero, tres legiones de la imperial y todopoderosa Roma fueron aniquiladas bajo el brutal acero de las tribus germanas a las que intentaban someter. Allí, en el bosque de Teutoburgo, el águila sucumbió a las fauces del lobo.

 

Tensiones en el norte del Imperio

La expansión de Roma por las tierras del norte de Europa, lo que ellos llamaban Germania, comenzó en tiempos de Cayo Julio César. Tanto él como su sucesor, el emperador Augusto, veían en esas tribus de fieros guerreros y gentes salvajes a las que no dudaban en calificar de bárbaros un potencial peligro para sus aspiraciones y para la seguridad de Roma, por lo que optaron por adelantarse a los acontecimientos y llevar sus estandartes hasta allí.

Los ejércitos de Augusto cruzaron el Rin y llegaron hasta el río Elba, que delimitaría la frontera norte del imperio, y lograron someter parcialmente a gran parte de las tribus germánicas. El fuerte sistema tribal y el arraigo de sus tradiciones en la sociedad dificultaba enormemente el proceso de romanización habitual, aquel por el cual se homogeneizaba toda tierra que estuviese dentro de su imperio, por lo que en muchos casos se llegó a una especie de acuerdo o alianza por el que Roma permitía que las tribus siguieran autogobernándose siempre que se le jurara obediencia y se le pagara tributo. La cosa comenzó bien, pero no todos estaban tan dispuestos a arrodillarse ante Roma.

En el año 9 d.C. Roma mandó como gobernador de Germania a Publio Quintilio Varo, un militar de carrera con experiencia como gobernador en otras regiones como el norte de África o Siria. Varo, de quien el historiador Dion Casio dijo que era un hombre “confiado”, malinterpretó la posición y la estabilidad de Roma en aquellas tierras boscosas del norte y decidió ordenar una subida de impuestos, así como más control con respecto al gobierno de las tribus, para impresionar al emperador. La realidad era muy distinta ya que Germania llevaba años inmersa en una escalada de tensión y rechazo hacia los romanos que estallaría con una revuelta a gran escala.

Las tribus germanas tenían la fuerza necesaria. Publi Quintilio Varo les había dado una causa común por la que luchar. Solo necesitaban un líder que los guiara

Arminio
Arminio, líder de los queruscos. Imagen: WIkimedia Commons

 

Traidor en Roma, héroe en Germania

En este punto de la historia aparece Arminio, príncipe de la tribu querusca nacido como un germano pero educado en Roma. Siendo un niño, fue entregado a los romanos como rehén para asegurar la paz con su pueblo y trasladado a la Ciudad Eterna, donde recibió la misma formación que cualquier otro niño romano. Arminio desarrolló su carrera en las armas, se ganó por derecho propio la ciudadanía romana y destacó como un excelente oficial militar hasta el día en que fue llamado para regresar a Germania y ocupar el lugar que le correspondía como líder de los queruscos. Esta era una táctica muy habitual por parte de Roma: tomaban rehenes importantes, los educaban para ser fieles al Imperio y entonces los colocaban en puestos de poder desde los que podrían tener controladas las provincias y asegurar sus intereses.

Arminio había demostrado su compromiso con Roma en numerosas ocasiones y no había ningún motivo para desconfiar de él, pero el caudillo querusco tenía sus propios planes. Sin que Varo ni sus representantes se enteraran, Arminio tejió una discreta red de contactos entre los líderes de las principales tribus germanas y las compañías auxiliares del ejército romano, formadas por mercenarios bárbaros que eran utilizados como vanguardia para las peores situaciones por un sueldo mucho menor al de un legionario regular. Apoyado por su esposa Thusnelda, hija del jefe querusco Segestes, el oficial romano unió a las tribus germanas y preparó la mayor ofensiva que Roma hubiera visto hasta entonces.

 

El bosque maldito

En septiembre del año 9 d.C., acabada la campaña de verano, las tropas romanas se preparaban para hacer el habitual traslado hacia su campamento de invierno. Unos días antes de partir, Arminio informó al gobernador Varo de que unas cuantas tribus germanas habían comenzado una revuelta que podría ser fácilmente sofocada si las legiones se desviaban ligeramente de su rumbo al marchar hacia el campamento de invierno. El planteamiento de Arminio llevaría a los romanos a cruzar el bosque de Teutoburgo, un terreno desconocido y nada favorable para la comitiva. A pesar de estos detalles y de que fueron muchos, incluido el querusco Segestes, quienes desaconsejaron este plan a Varo, el gobernador debió confiar en la trayectoria de Arminio y la superioridad numérica de sus fuerzas, aceptando el plan.

Tres legiones enteras (entre 15 000 y 30 000 hombres) abandonaron su campamento y marcharon a través de caminos amplios y rutas conocidas que les permitían avanzar en formación. Así fue al menos hasta llegar al lugar señalado por Arminio para desviarse: un sendero en mitad del bosque tan denso que ni la luz del sol era capaz de penetrar en él, con un pantano a un lado que dificultaba la retirada y caminos tan estrechos que obligaron a los romanos a romper la formación y avanzar en una larguísima fila (más de un kilómetro de longitud) de dos o tres hombres.

Varo confió a Arminio la exploración del camino y la cobertura de los flancos, por lo que el querusco avanzó hasta la cabeza de la fila acompañado por sus mercenarios germanos. Con la excusa de asegurar el terreno, Arminio y sus hombres se adelantaron hasta perderse de vista, momento en el que se unieron a los miles de germanos que permanecían ocultos en el bosque y dieron la orden de atacar, utilizando barricadas y trampas para provocar el caos entre los romanos y atacando de forma simultánea en varios puntos de la fila. Los germanos (tradicionalmente en inferioridad numérica pero con cifras bastante igualadas según estimaciones modernas), que luchaban sin apenas armadura, cayeron sobre los romanos en una lluvia de fuego y hierro.

Arminio, que comprendía las estrategias y la manera de luchar de los romanos, aprovechó esos conocimientos para eliminar su principal fortaleza: su superioridad numérica y su capacidad para combatir en formación. Al igual que hicieran los espartanos en las Termópilas o Don Pelayo en Covadonga, los germanos forzaron al enemigo a avanzar por una ruta estrecha en la que no podían formar en grandes grupos y donde toda su disciplina y fuerza grupal quedaba diluida, otorgando cierta ventaja a los germanos gracias al elemento sorpresa, a su conocimiento del terreno y a la ligereza y rapidez que les otorgaba el luchar sin armadura. Las tres legiones romanas y sus acompañantes (familiares, esclavos, etc) fueron brutalmente masacradas durante el combate o en los sacrificios posteriores que los victoriosos germanos ofrecieron a sus dioses. Publio Quintilio Varo y otros oficiales, viéndose derrotados, prefirieron quitarse la vida antes que caer en manos del enemigo.

La batalla del bosque de Teutoburgo dejó un reguero de más de 18 000 cadáveres, la aniquilación de tres legiones casi al completo y la primera gran derrota del Imperio Romano.

Germánico
Germanico y sus legiones luchando contra los germanos. Imagen: Getty Images

 

Venganza y nuevas fronteras

La noticia de la estrepitosa derrota en Teutoburgo corrió como la pólvora gracias al testimonio de los pocos supervivientes que pudieron escapar. Los asentamientos romanos se fortificaron lo mejor que pudieron y mandaron mensajeros a la capital para que se tomaran medidas mientras los germanos, enardecidos y confiados al ver que su enemigo no era invencible, se rebelaron de forma generalizada contra el dominio romano.

El historiador Suetonio cuenta que la noticia no fue bien recibida por el emperador Augusto, quien quedó profundamente deprimido por la derrota y pasó meses sin cortarse el pelo ni afeitarse, vagando por sus palacios y hasta golpeándose la cabeza mientras gritaba “¡Quintiio Varo, devuélveme mis legiones!”. Roma había sido humillada y aquella era una afrenta que no podía dejar pasar. Superado el shock, Augusto hizo de la reconquista de Germania una de las prioridades del imperio y para ello mandó a Tiberio Druso César, un excelente militar que pasaría a la historia como Germánico, que sometiera a las tribus y vengara la derrota de Teutoburgo.

Desde el año 14, las huestes de Germánico avanzaron por territorio germano sin piedad y con una política de asalto claramente revanchista en la que no hacían distinciones entre unos u otros; para ellos todos eran bárbaros. Uno de los momentos clave de la campaña fue la llegada al bosque de Teutoburgo donde pudieron enterrar los restos de los miles de soldados caídos, a los cuales los germanos habían dejado tal y como estaban el día de la batalla como un recordatorio de su victoria. También fue importante la captura de Thusnelda, la esposa de Arminio que además estaba embarazada, por lo que el hijo del gran caudillo quedó bajo el poder de Roma. La oportunidad de vengarse llegó en el año 17 d.C., en la batalla de Idistaviso. Allí, las legiones de Germánico se enfrentaron a las huestes germanas lideradas por Arminio en campo abierto y les ocasionaron una más que considerable derrota.

Por suerte o por desgracia, la campaña de reconquista de Germania nunca se llegó a completar. En el año 19 d.C. murieron tanto Augusto como Germánico y el nuevo emperador, Tiberio, que había ganado fama de joven luchando en Germania, comprendió que aquellas tierras no merecían el esfuerzo ni el coste material y humano. En lugar de obcecarse en avanzar, retiró a sus tropas e hizo de río Rin una frontera fortificada desde la que mantener a raya a los germanos.

¿Y qué fue de con Arminio? Su victoria en Teutoburgo le convirtió en un líder respetado no solo por los queruscos sino por las demás tribus. Sin embargo, no pareció ser suficiente para convencer a los demás príncipes de que debían nombrarle rey supremo y unificar las tribus, idea que debió tomar del gobierno centralizado romano y que probablemente fue su gran ambición desde el principio. Tras la pérdida de su esposa y su hijo no nato, Arminio intentó aumentar su poder y se convirtió en un tirano. En el año 21 d.C., sus propios hombres lo asesinaron.

Daniel Delgado

Daniel Delgado

Periodista en construcción. Soy de los que puede mantener una conversación solo con frases de ‘Los Simpson’ y de los que recuerda sus viajes por lo que comió en ellos. Es raro no pillarme con un libro o un cómic en la mano. Valhalla or bust.

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