Las momias del Tarim (resuelto el misterio de su origen)

Las enigmáticas momias descubiertas en la cuenca del Tarim (China), llevan décadas suponiendo un gran reto para los arqueólogos: ¿cuál es su origen? Ahora, el ADN ofrece una respuesta.

La inhóspita cuenca del río Tarim fue parte de la Ruta de la Seda. Situada en la Región Autónoma Uigur de Xinjiang, al oeste de China, es un lugar que esconde grandes secretos. A comienzos del siglo XX, la exploración de la zona sacó a la luz varios cementerios con restos humanos en muy buen estado de conservación.

Al pie de largos postes de madera y remos, que señalaban las tumbas, aparecieron ataúdes con forma de bote, cubiertos con pieles de animales. Contenían cuerpos momificados de forma natural, aún vestidos, y diversos objetos, productos de cestería, máscaras y otras piezas funerarias.

Desde el descubrimiento de los enterramientos, distintas excavaciones han ido exhumando cadáveres, para sorpresa de los científicos, que no sabían cómo interpretar la historia de quienes poblaron la zona.

Los cuerpos, que se cuentan por cientos, fueron datados en una antigüedad que abarca de los 1.800 a los 4.000 años.

Pero lo más llamativo fue su "aspecto europeo". La poca humedad del entorno desértico y salado, ha mantenido los restos tan bien conservados que sus rasgos faciales aún son visibles, miles de años después.

Tienen una apariencia física occidental, cabellos castaños, pelirrojos y hasta rubios oscuros, y portan ropajes de lana tejida. Además, su estatura es mayor de la esperada. Los expertos estaban desconcertados. ¿Quiénes fueron las personas que se convirtieron en las momias del Tarim?

 

¿Occidentales en Asia?


Salta a la vista que las momias son peculiares. Con esos rasgos, parecía lógico pensar que tenían que venir de lejos. Pero, ¿qué pintaban los occidentales en Asia?

El estudio de los restos ha permitido saber que pastoreaban ganado vacuno y ovino, y cultivaban trigo, cebada y mijo. Hasta elaboraban kéfir. La confluencia, en esta zona geográfica, de las culturas oriental y occidental, llevó a los antropólogos e historiadores a conjeturar varias hipótesis.

La hipótesis más aceptada fue que su origen no era local. Hasta ahora se pensaba que los habitantes de la cuenca del Tarim provenían, tal vez, de las estepas de la región de Altai-Sayan (próxima a la unión de las actuales Rusia, China, Mongolia y Kazajstán).

En esas estepas habitaban, desde finales del Calcolítico, unas poblaciones indoeuropeas denominadas afanásievos. Tales grupos, según pensaban algunos investigadores, habrían descendido por la cuenca de Zungaria (hoy, entre China y Kazajistán), para establecer su propia sociedad agropastoril en el valle del Tarim.

Pero el ADN nos cuenta otra historia: "los Tarim" no eran foráneos, sino indígenas locales que habitaron la región durante la Edad del Bronce.

 

Hipótesis descartadas, gracias al estudio genético


Un equipo internacional de investigación, coordinado por la Universidad de Jilin, ha analizado el genoma de 13 momias de la cuenca del Tarim y 5 momias de la cuenca vecina de Zungaria, estas últimas datadas en unos 5.000 años de antigüedad.

La comparación del ADN ha permitido descartar las hipótesis anteriores. Según la investigación, publicada en Nature, las momias del Tarim no son inmigrantes indoeuropeos que bajaron de las estepas, sino descendientes directos de poblaciones locales que habitaban el lugar desde la última Edad de Hielo.

Las momias del Tarim tienen un acervo genético aislado (no muestran evidencia de mezcla genética con otros grupos de la región), que se remonta al Holoceno temprano, hace unos 12.000 años.

Sin embargo, a pesar del aislamiento genético, los pueblos que habitaron la cuenca del Tarim no estaban culturalmente aislados. La investigación del ADN muestra que hubo abundantes intercambios culturales y comerciales entre los pueblos, pero sin que mezclaran su sangre. Una cosa era la familia y otra, los negocios.

Puede decirse que los Tarim fueron bastante cosmopolitas. Los análisis del proteoma (el repertorio de proteínas que producen las células de un organismo) de su sarro, confirman que la población explotaba lecherías de ganado vacuno, ovino y caprino, y además conocía y utilizaba las tecnologías empleadas por sus vecinos.

Tomaron el trigo como su sustento cotidiano; elaboraron diversos productos lácteos, como era típico del oeste de Asia; conocían el mijo, costumbre muy arraigada en el este de Asia y hacían uso de plantas como la efedra, abundante en Asia central, con fines tal vez medicinales o rituales.

 

Antiguos euroasiáticos del norte


El equipo de investigadores, coordinado por Fan Zhang, Chao Ning y Ashley Scott, descubrió que las momias del Tarim forman parte de un gran grupo humano llamado "antiguos euroasiáticos del norte" (Ancient North Eurasian, ANE, en inglés).

Los antiguos euroasiáticos del norte fueron una población muy extendida durante el Pleistoceno. De hecho, casi todos los europeos actuales tenemos, junto a otros ancestros presentes en mayor proporción, a estos euroasiáticos del norte en nuestro árbol genealógico. Eso explica por qué los rasgos de las momias nos recordaban a los indoeuropeos, de quienes parece que no descienden directamente.

El estudio del genoma nos ha brindado, de nuevo, la oportunidad de conocer mucho más sobre los humanos de épocas lejanas. Las momias del Tarim son, pues, una pieza clave para seguir avanzando en la compresión de la migración humana en las estepas euroasiáticas.

Y, por suerte o por desgracia, siguen guardando valiosos secretos. Todavía nos queda mucho por saber sobre cómo vivían estas gentes o qué lengua hablaban. A veces, los misterios tienen su propio encanto.

 

 

 

Referencias:

Mair, V. H. (1995) 'Mummies of the Tarim basin. Archaeology', 48(2), 28-35.

Thornton, C. P. (2004) 'Genes, language, and culture: An example from the Tarim Basin', Oxford Journal of Archaeology, 23(1), 83-106.

Zhang, F. et al. (2021) 'The genomic origins of the Bronze Age Tarim Basin mummies', Nature, 599(7884), 256-261. DOI: 10.1038/s41586-021-04052-7

Luis Cortés Briñol

Luis Cortés Briñol

Formado en filosofía y antropología, con un barniz en biología, neuropsicología y bioestadística. Soy escritor, guionista y documentalista. Intento introducir la filosofía allá donde voy, aunque no hace falta (pues está en todas partes). Vivo en una biblioteca.

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