¿Quiénes fueron los hititas?

Desde el corazón Anatolia, este pueblo guerrero afianzó su poder en Oriente Próximo durante el segundo milenio a.C.

Los hititas se convirtieron en uno de los poderes más fuertes que emergieron en el Próximo Oriente durante la antigüedad. Junto a otras conformaciones políticas de corte imperial como los asirios, los egipcios o los persas, dejaron una huella histórica que todavía hoy sigue siendo objeto de un intenso estudio.

La formación de un imperio

Mapa hititas
El imperio hitita en su momento de máxima expansión. Imagen: Wikicommons

Conocemos como hititas a una civilización anatólica de la antigüedad. Esta población emparentada lingüísticamente con el cepo indoeuropeo emergió como poder político fuerte entre los siglos XVIII y XVII a.C. De todos modos, su presencia en el territorio donde ahora se halla Turquía se atestigua al menos desde la segunda mitad del tercer milenio. Ya entonces, el reino de Hatti repelió con éxito los ataques del mesopotámico Sargón de Acad.

Los hititas demostraron poseer un poder político que utilizaron para expandirse. Consiguieron dominar tanto Anatolia como partes de Siria y del Levante, e incluso llegaron a realizar incursiones militares en Mesopotamia. El monarca hitita Mursili I (1620-1590), por ejemplo, puso en jaque la dinastía babilónica. Igualmente, los hititas se enfrentaron con otros reinos, como Mitanni, y hasta con los poderes del Egipto faraónico. Durante la célebre batalla de Kadesh, que se libró hacia el 1299 a.C., los ejércitos de Ramsés II y Muwatalli II se enfrentaron en las fronteras de Canaán, donde ambas potencias se contendieron el ambicionado territorio de Amurru.

En el sistema de poder hitita, el rey representaba a la divinidad en la tierra y era el responsable de hacer que se obedecieran los designios divinos. El monarca, además, también actuaba como el máximo representante del poder religioso, legal y judicial. Los hititas practicaban el politeísmo, aunque la cúspide del panteón a ocupaba el dios de la tormenta Teshub. La familia, como también sucedía en la vecina Mesopotamia, constituía la unidad básica que estructuraba la sociedad y, como parte de esa idea de familia extensa, en el palacio, el soberano instalaba su harén.

Los hititas basaron su economía en la agricultura y la ganadería. El territorio estaba dividido en unidades administrativas más pequeñas, gestionadas por oficiales dependientes del rey que recaudaban impuestos sobre las cosechas y los rebaños. El reino también mantenía sus arcas a través de los tributos que les debían los estados vasallos y de un próspero comercio. Los hititas mantuvieron relaciones económicas con oriente y occidente tanto por vía terrestre como marítima, a través del Mediterráneo. Se especializaron en la exportación de textiles y metales como el cobre, el bronce, la plata y el estaño. El imperialismo hitita colapsó en los inicios del siglo XII durante la Edad del Bronce final.

Hattusa, la capital hitita

Puerta Esfinges
La Puerta de las Esfinges en Hattusa. Imagen: Wikicommons

La importancia de los hititas en la política internacional del segundo milenio a.C. se demostró con descubrimiento arqueológico de Hattusa (hoy conocida como Bogazkoy), su capital, a finales del siglo XIX. Emplazada en el centro de la península de Anatolia, la ciudad estaba fuertemente fortificada y solo se podía acceder a su interior a través de una serie de puertas dispuestas a lo largo de su perímetro. Una de esas puertas se conoce como la Puerta de los Leones, así denominada por las dos fieras esculpidas en piedra que la flanquean.

Hattusili eligió Hattusa como capital de su imperio en expansión. Aunque los hititas se vieron obligados a mover la capital a lo largo de su historia para poder hacer frente de manera efectiva a los ataques de poderes circundantes como los kaskas, Hattusa permaneció en el imaginario político como la sede del poder real hitita y fue, de hecho, la capital que cerró el período de esplendor del poder imperial de los hititas. Se estima que, en su momento de máximo esplendor, la ciudad debió albergar entre 40000 y 50000 habitantes.

El santuario de Yazilikaya constituye uno de los emplazamientos religiosos más importantes de la ciudad. Este templo rocoso destaca por sus relieves que representan a los dioses del panteón hitita, con Teshub y Hebat a la cabeza, en actitud procesional.

El cuneiforme como sistema de escritura

Santuario Yazilikaya
Representación de divinidades en el santuario de Yazilikaya. Imagen: Wikicommons

Durante las excavaciones en Hattusa, los arqueólogos descubrieron decenas de miles de tabillas escritas en cuneiforme. Los hititas adoptaron el sistema de escritura mesopotámico tanto para comunicarse con los poderes políticos circundantes como para registrar por escrito transacciones, decretos o mensajes oficiales. Muchas de estas tablillas, sin embargo, mostraban una lengua distinta del acadio: se trataba de tablillas en hitita, una lengua indoeuropea.

Los textos hititas proporcionan información sobre aspectos de la vida de las elites, la política y la administración de templos y palacios. También contienen encantamientos y rituales con fines terapéuticos, composiciones de contenido legal e incluso copias de algunos textos de la tradición asiria y babilónica, como mitos y listas lexicales. De hecho, los hititas demostraron una gran capacidad de asimilación de algunos aspectos culturales procedentes de otros reinos y culturas próximo-orientales, desde divinidades como Nergal y Enki, por ejemplo, hasta las esfinges de factura egipcia.

Referencias

Bryce, T. 1998. El reino de los hititas. Traducción de José Luis Rozas López. Madrid: Cátedra.

Imparati, F. 1995. Private Life Among the Hittites, en Sasson, J. (ed.), Civilizations of the Ancient Near East, Volume 1, pp. 571-586. Nueva York: Scribner.

MacQueen, J. G. 1995. The History of Anatolia and of the Hittite Empire: An Overview, en Sasson, J. (ed.), Civilizations of the Ancient Near East, Volume 2, pp. 1085-1105. Nueva York: Scribner.

Erica Couto

Erica Couto

Historiadora y aprendiz de batería. Literatura y cine de terror las 24 horas. Las ruinas me hacen feliz

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