Qin Shi Huangdi, el emperador del ejército de terracota

Qin Shi Huangdi unificó China, reformó la burocracia y se hizo enterrar en una ciudad-mausoleo.

El fin de los Reinos combatientes y la unificación de China

Qin Shi Huangdi nació en el año 259 a.C. y fue el primero en casi todo. Fundó la dinastía de los Qin, se alzó como el primer emperador en unificar China y transformó por completo la administración territorial. A lo largo de una serie de campañas militares que se prolongaron entre los años 247 y 221 a.C., puso fin al período de los Reinos combatientes que, durante más de dos siglos, había presencia el enfrentamiento entre las distintas dinastías que detentaban con celo sus respectivos poderes regionales. Qin Shi Huangdi logró así anexionar los territorios de Hunan, Guangdong y el meandro de Ordos, entre otros, se impuso a los grupos nómadas y gobernó un territorio cada vez más extenso con mano dura.

Como primera medida imperial, Qin Shi Huangdi se propuso homogeneizar la administración y la burocracia, para lo que dividió el territorio de forma jerárquica en varias comandancias. Creó un sistema estandarizado de escritura, unificó los sistemas de pesos y medidas, y estableció una moneda común. También quemó libros y ejecutó a intelectuales disidentes que, desde su punto de vista, podían obstaculizar el proceso de unificación. Entre ellos, se dice que condenó a muerte a los sabios que no consiguieron asegurarle la vida eterna que tanto ansiaba.

Entre las medidas geopolíticas que adoptó para proteger el territorio, ordenó la construcción de una colosal muralla que aunase en una única red los sistemas de protección territorial previos, cuyo alcance local resultaba debilitador. Para protegerse de las incursiones de las tribus Xiognu, estableció que se alzase una muralla a lo largo de la frontera norte. En esta construcción se identifica el origen de la que se conocerá posteriormente como la Gran Muralla China.

Un ejército de terracota para proteger al emperador

Ejército terracota
Imagen: Wikicommons

En la actualidad, Qin Shi Huangdi se recuerda, sobre todo, como el emperador del ejército de terracota. En vida, el gobernante mandó construir un gigantesco mausoleo en el monte Li que, situado en el distrito de Lintong, gozaba de fama por sus minas de jade y oro. Era una auténtica ciudad fúnebre, cuyo perímetro se extendía a lo largo de varios quilómetros. Se considera la tumba más grande jamás construida, con una extensión estimada de 98 quilómetros cuadrados, y un reflejo de la grandeza del emperador, que debía conducir una vida de esplendor y magnificencia también en el más allá. Las construcciones se extendieron durante casi cuarenta años. Comenzaron al poco de la ascensión al trono del emperador y emplearon a cientos de trabajadores.

Según dejó registrado el historiador Sima Qian en su obra Memorias históricas (109-91 a.C.), en la ciudad fúnebre había establos, parques, palacios y altas torres panorámicas. Murallas de tierra protegían el perímetro de la urbe. En el interior de los edificios abundaban las estancias repletas de tesoros y objetos deslumbrantes que un intricado sistema de protección lleno de trampas mantenía a salvo de los ladrones de tumbas. Siam Qian también afirma que tanto los constructores y artesanos que habían construido la ciudad-mausoleo como las concubinas del emperador lo acompañaron en su viaje al más allá: murieron y se enterraron en la urbe fúnebre de Qin Shi Huangdi. Investigadores y arqueólogos de la Universidad Normal de Beijing han confirmado la existencia bajo tierra de un palacio de más de 30 metros de altura, así como de ríos y lagos de mercurio que imitaban los principales cursos fluviales del China.

El famoso ejército de terracota, hoy conservado en el emplazamiento original, protegía la última morada del emperador. Emplazados en la parte externa de la ciudad, los 8000 soldados descubiertos en el año 1974 se realizaron a tamaño natural. Representan a miembros de los cuerpos de infantería y caballería, a aurigas, lanceros y arqueros. Los artesanos pusieron cuidado en mostrar el rango de cada soldado mediante la inclusión de elementos distintivos en las armaduras y uniformes. Es, a todos los efectos, un ejército tan complejo como los de carne y hueso. Además, las estatuas estaban armadas con piezas reales entre las que se contaban espadas, hachas de combate y escudos. Entre los soldados de barro, además, se encontraron restos de una potente ballesta que podría haber sido la responsable de la eficiencia militar del ejército que condujo a Shi Huangdi a la victoria.

Erica Couto

Erica Couto

Historiadora y aprendiz de batería. Literatura y cine de terror las 24 horas. Las ruinas me hacen feliz

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