Procopio Antemio, el último emperador romano brillante

Nacido en Constantinopla, asumió el cargo en plena decadencia del Imperio de Occidente, en el siglo V, y demostró ser mucho más capaz de lo que se esperaba.

Imperio Romano

Incluido dentro de los llamados "emperadores a la sombra de Ricimero" –poderoso general bárbaro romanizado que ponía y quitaba césares a su antojo– del Bajo Imperio, en la época de decadencia de Roma (recreada en el cuadro que ilustra este artículo), Procopio Antemio se revelaría sin embargo como un gobernante capaz y con iniciativa, el último de este tipo antes del definitivo colapso del Imperio Romano en el año 476. Él, nacido en Constantinopla hacia 420 en el seno de una importante familia patricia –su abuelo materno había sido senador, pretoriano y cónsul, y su padre, magister militum o generalísimo–, fue coronado emperador de Occidente el 12 de abril de 467 y lo sería hasta su muerte, acaecida el 11 de julio de 472; cinco años largos de reinado en los que Antemio intentó resolver los dos principales desafíos militares a los que se enfrentaban los restos del Imperio Romano de Occidente: los nuevamente pujantes visigodos, comandados ahora por Eurico y cuyo dominio abarcaba ambos lados de los Pirineos, y los invencibles vándalos de Genserico, que controlaban casi todo el norte de África.

Antes de su llegada al trono imperial, la situación se había vuelto prácticamente insostenible: el soberbio Ricimero, tras presuntamente envenenar a su "emperador de paja" Libio Severo, gobernaba desde hacía meses él mismo sin molestarse siquiera en elegir a un nuevo césar nominal; por su parte, en el norte de la Galia gobernaba Egidio como monarca de un Estado independiente, y lo mismo hacía Teodorico II en Hispania. Y por si fuera poco, los vándalos campaban a sus anchas por el Mediterráneo saqueando las costas de Italia, Sicilia y Grecia. Fue en ese contexto desesperado en el que León I el Tracio, emperador de Oriente, designó a Antemio como emperador de Occidente, y este enseguida partió a Roma con un potente ejército y allí fue aclamado augusto y se ganó el apoyo inmediato de muchos generales y de la nobleza senatorial, aterrorizada por el avance visigodo. Para afianzarse aún más, el inteligente Antemio casó a su hija Alipia con el mismísimo Ricimero, y de esta forma su reinado comenzó de forma esperanzadora.

El nuevo emperador parecía haber devuelto cierto prestigio y fuerza al título imperial occidental, al contar con el apoyo de Oriente y con el de Ricimero, y se propuso entonces doblegar a Genserico. Una gran expedición de fuerzas combinadas romano-bizantinas, al mando de los generales Basilisco y Marcelino, atacó en el año 468 a los vándalos, pero tras alguna sorprendente victoria inicial la campaña acabó en desastre: Marcelino murió en Sicilia y la flota de Basilisco fue destruida. Se impuso firmar la paz, tras lo cual Antemio y León I concentraron sus esfuerzos en los visigodos, pero el Imperio Romano volvió a fracasar tras casi dos años de lucha. En el año 471, Antemio enfermó y Ricimero perdió la paciencia con él y con su actitud independiente: reunió un ejército de 6.000 hombres en Milán y con él se lanzó en contra de su suegro, al que acabaría deponiendo, capturando y ejecutando. A partir de entonces, el Imperio Romano de Occidente no volvió a levantar cabeza.

CONTINÚA LEYENDO