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¿Por que a los egipcios les gustaban tanto los gatos?

Se han encontrado tumbas con cientos de miles de estos felinos, venerados en vida y en la muerte

Gatos en Egipto
Mario Sánchez

Es una de las relaciones más longevas y fáciles de identificar. Si pensamos en vikingos y cascos con cuernos o  en romanos y cuadrigas, cuando hablamos de Egipto, una de las primeras cosas que nos viene a la mente es la figura de los gatos. Egipto fue probablemente una de las primeras, sino la primera civilización, que tuvo una relación de mascota con los gatos. Unos 10.000 años atrás era habitual ver gatos vagando por los campos intentando cazar ratones o recibiendo las ocasionales caricias de los agricultores. Así fue cómo los gatos se abrieron paso en la cultura egipcia. Claro que con una ayuda divina: Bastet.

Esta diosa, venerada hace ya 5.000 años, tenía la figura de un gato doméstico o de una mujer con cabeza de gato. Llevaba un ankh (la cruz de la vida egipcia) o un sistro (un instrumento musical similar a las castañuelas en el sentido de que era de percusión indirecta ). A Bastet se la vinculaba al amor, la armonía y la protección. Era una diosa de tendencias pacíficas, protegía los nacimientos y a las embarazadas, pero si no estaba en su mejor momento o algo le disgustaba, su rostro tomaba la forma de un león y podía ser más peligrosa que la violenta diosa Sejmet (una deidad a la que se mencionaba como la más poderosa, la invencible, la terrible o la diosa de la guerra). Sí, tenía muy mala uva y un carácter impredecible…igual que los gatos. De este modo, el vinculo entre Bastet y el animal que la representaba, era muy cercano y al ser esta diosa muy importante en el panteón egipcio, los gatos se convirtieron en animales sagrados. Pero muy sagrados… Tanto que, de acuerdo con los relatos de Polieno (un experto macedonio en tácticas militares), durante la invasión persa a Egipto, los primeros colocaron cientos de gatos al frente de la batalla para que los egipcios no dispararan sus flechas, por temor a ofender a Bastet. Y así perdieron la batalla de Pelusio, 25 siglos atrás.

Aún así, la devoción de los egipcios se remonta mucho tiempo atrás. Los veneraban como si fueran criaturas divinas. A lo largo del embarazo, la cosecha y durante el parto, llevaban cadenas y amuletos con gatos. La muerte accidental de uno de ellos era castigada con el “ojo por ojo”: quien matara a un gato, era ajusticiado. Y si se trataba de una mascota y moría por causas naturales, era costumbre que su dueño se afeitara las cejas en señal de duelo.

Aún así, había una salvedad: estaba permitido el sacrificio de gatos cuando su dueño moría. En estos casos se los momificaba y enterraba junto a los humanos en ataúdes de piedra. Y quien los dañara, era castigado por la profanación.

Se han encontrado tumbas, en Saqqara y Bubastis, con cientos de miles de gatos momificados y los visitantes del Templo de Bast podían adquirir gatos momificados que vendían los sacerdotes del lugar. Quienes compraban esta momias lo hacían con la esperanza de obtener su energía o su bendición.

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