Mitología mesopotámica: Enki, el dios de la magia

Enki es la divinidad sumeria de las aguas y la magia, el creador del ser humano con un apetito sexual insaciable.

En la religión sumeria, Enki se consideraba el dios principal de la ciudad lacustre de Eridu, en el sur mesopotámico. Era hijo de An, el dios del cielo, y de Namma, diosa oceánica. Se identificó como la divinidad de las aguas subterráneas, de la magia y el conocimiento. En relieves y cilindro-sellos se le representado barbado, con la corona que identificaba a las divinidades sobre la cabeza y rodeado de corrientes de agua en las que nadan peces. De hecho, Enki habita en el abzu, una masa de aguas subterráneas que se posiciona entre la tierra que pueblan los humanos y los infiernos donde moran los fantasmas de los difuntos.

Enki asegura la vida y la fertilidad tanto en los campos como en los establos gracias al agua fresca que emergía del subsuelo. Guardián de los ríos, también era gracias a él que los peces procreaban en las corrientes. La relevancia del dios deriva, en gran medida, de la importancia crucial que tenía la gestión del agua en la Mesopotamia antigua.

En un territorio de planicies y desiertos con escasas precipitaciones anuales, la irrigación hacía posible practicar la agricultura a través de un intrincado sistema de canales que conducía el agua desde los ríos hasta los campos. Según se relata en el mito de Enki y Ninhursaga, el propio Enki habría excavado la red de canales con su propio pene para luego llenarlos con sus fluidos: el agua que fecunda la tierra, por tanto, se la atribuye al dios.

Pantanos Iraq
Imagen: Wikicommons

También era una divinidad algo embustera y embaucadora, muy dado a los engaños. En esta vertiente de su carácter, se acerca al dios Loki de la mitología nórdica, muy próxima a la figura del trickster tan habitual en el folclore. El término trickster, por lo general, hace referencia a una divinidad o personaje mítico que, a través de artimañas de todo tipo, consigue saltarse las normas y conseguir lo que se propone. Según se cuenta en el relato de Enki y Ninhursaga, para lograr satisfacer sus apetitos sexuales con la diosa Uttu, Enki se hizo pasar por jardinero.

Según se cuenta en la composición Enki y el orden del mundo, Enki fue el responsable de ordenar la creación y de atribuir a cada divinidad sus poderes y capacidades, desde artesanías como la joyería hasta saberes como la escritura y la agrimensura. Como parte de esa organización del mundo, Enki también llenó los ríos de carpas y creó los campos agrícolas, el sistema de arado, los corrales y las cuadras.

Le debemos, además, la creación del ser humano. Por invitación de su madre Namma y junto a la diosa Ninmah crea, en el mito sumerio Enki y Ninmah,  al ser humano para que sustituya a los dioses en el duro trabajo de los campos. Antes de la creación de la humanidad, las divinidades tenían que trabajar para sustentarse, pero a partir de ahora, los humanos serán sus sustitutos. Una vez decidido el plan, Enki y Ninmah se ponen manos a la obra y utilizan barro para dar forma a su criatura. Sin embargo, Enki y Ninmah han bebido demasiada cerveza y los primeros tentativos resultan fallidos. Las criaturas que salen de las manos de las dos divinidades presentan imperfecciones: unas son ciegas, otras paralíticas o infértiles. De todos modos, cada una de estas criaturas recibe un destino, lo que demuestra que, desde la perspectiva cultural mesopotámica, cada individuo tiene su función en el universo.

Estatuilla Ea
Imagen: Wikicommons

El protagonismo de Enki en la creación de la humanidad también aparece en la composición acadia de Atrahasis, el poema babilónico del diluvio. En este caso, Enki y Ninmah, ya perfectamente sobrios, dan forma al ser humano a partir del barro y lo dotan de la capacidad de multiplicarse. La población humana crece sin control y el ruido ensordecedor impide que los dioses puedan dormir. Es entonces que, como castigo, se envía el diluvio para acabar con la humanidad.

Su nombre se invoca con frecuencia en los encantamientos, donde Enki se presenta como el transmisor que le ha dado a la humanidad los mecanismos para vencer enfermedades y males de variado tipo. En los conjuros y recitaciones suele aparecer con su hijo Asalluhi, más tarde identificado con Marduk, otra poderosa divinidad capaz de sanar, quien le pide consejo sobre cómo intervenir para dispersar el mal. En estos casos, Enki siempre se presenta como el padre sabio que inicia a su hijo en los mecanismos de la magia y la sanación.

Referencias

Black, J.; Green, A. 1998. Gods, Demons and Symbols of Ancient Mesopotamia. Londres: The British Museum Press.

Dickson, E. 2007. Enki and Ninhursag: The Trickster in Paradise. Journal of Near Eastern Studies, 66(1): 1-32. DOI: https://doi.org/10.1086/512211

Galter, H. D. 2015. The Mesopotamian God Enki/Ea. Religion Compass, 9(3): 66-76. DOI: https://doi.org/10.1111/rec3.12146

 

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Historiadora y aprendiz de batería. Literatura y cine de terror las 24 horas. Las ruinas me hacen feliz

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